«Las nuevas tecnologías han empobrecido el lenguaje»

Participó el en coloquio 'Diálogo con la lengua', organizado, celebrado ayer en la Fundación Díaz Caneja

ASUN GARCÍAPALENCIA.
Urdaci posa en la Fundación Díaz Caneja, antes de su intervención en el coloquio / Merche de la Fuente/
Urdaci posa en la Fundación Díaz Caneja, antes de su intervención en el coloquio / Merche de la Fuente

Alfredo Urdaci inició su actividad profesional en el desaparecido Diario 16. Fue corresponsal de Radio Nacional de España en Roma y dirigió los servicios informativos de RTVE. Actualmente colabora en tertulias de televisión y es jefe de prensa del promotor inmobiliario Francisco Hernando, conocido como el Pocero. Urdaci intervino ayer como invitado en el coloquio 'Diálogo con la lengua', organizado por la Fundación del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, que se celebró en la Fundación Díaz Caneja. Junto a él intervino Jesús Bustamante, del instituto de la lengua

-¿Es correcto el diálogo de los periodistas con la lengua?

-Soy optimista y pesimista a la vez. En general, creo que la tratamos bastante bien, seguimos cuidando el lenguaje. No obstante, la lengua es un organismo vivo, y quizá evoluciona con más rapidez que esa real academia que dice que limpia, fija y da esplendor.

-¿Cómo han influido las nuevas tecnologías en el lenguaje?

-Desde luego, el tuiteo y los SMS han influido en el lenguaje. Hay una generación que escribe textos cortos, y con un código propio que en sí mismo empobrece mucho, porque se limita a abreviaturas, símbolos y contiene muchas faltas de ortografía. Sirve para comunicar algo inmediato, pero no para expresar pensamientos más elaborados, más ricos y estructurados.

Pagar por los contenidos

-¿Cuál cree que ha sido la influencia en los medios de comunicación, en concreto de Internet?

-Cuando yo empecé en el periodismo, la unidad básica de trabajo era el folio. Ahora te dicen que si alguien tiene que leer algo en Internet, todo los que suponga subir o bajar por la pantalla se rechaza, de forma que te obliga a la síntesis. Es una comunicación empobrecida, de flashes, de titulares. Se profundiza poco. Luego, creo que se tiende a igualar por abajo, y opino que tiene que haber una consideración jerárquica para las personas que se han trabajado más un reportaje, una información, que han investigado y que lo presentan con corrección. Y digo lo mismo de la literatura.

-¿Qué futuro augura a la prensa?

-El periodismo escrito sigue teniendo validez y vigor. Crecimos con la prensa como valor, con el criterio de «lo que vale es lo que está en el papel». Ese mundo se está moviendo en un gran desconcierto, porque ve disminuir sus ingresos y porque cuesta mucho inculcar una mentalidad de que se pague por algo que se puede obtener gratis por otras vías. Tenemos una cultura de pirateo y de descargas gratis. La clave está en encontrar la fórmula para que el público pague por los contenidos. Hay ejemplos, como el de The Economist, que se mantienen, pese al varapalo de Internet.

-¿Qué opina de los nuevos formatos de televisión?

-Las televisiones viven también un momento crítico. Creíamos que con la TDT íbamos a tener doscientos canales y que iba a haber pluralidad. Pero ha resultado que en casi todos hay prácticamente lo mismo, y te encuentras con seis u ocho tertulias a modo de carrusel, con los mismos tertulianos rotando de una cadena a otra. Este formato ha tenido su momento, porque somos un país al que le gusta discutir y ver cómo se insulta la gente, pero va muriendo por higiene del espectador. Sigue manteniéndose el formato informativo como el gran valor, pero eso es caro y solo está al alcance de las grandes cadenas. Las otras buscan su sitio, pero con pocos medios se quedan en algo pobre y de copia.

El inquietante 15-M

-¿Hasta qué punto cree que la repercusión del movimiento 15-M ha tenido que ver con la precariedad de contratos en las empresas periodísticas?

-Creo que la precariedad laboral ha suscitado la enorme simpatía que ha generado ese movimiento. Opino que la movilización surgió por dos causas: el divorcio de la clase política y el pueblo, y por la falta de iniciativa privada. Somos una sociedad que lo espera todo del estado. No hay una iniciativa social que resuelva de manera eficaz las reivindicaciones y que busque soluciones. Votamos cada cuatro años y luego los políticos piensan que pueden hacer lo que les dé la gana, y no hay iniciativa para cambiar las cosas. El movimiento ha sido muy heterogéneo y le ha fallado una dirección clara y concreción. Ahora ha derivado y lo queda está capitalizado por las redes antisistema. Desde luego, el grupo que ha quedado y los últimos incidentes que han protagonizado son inquietantes.

-Respecto a su actual actividad, ¿se ha entendido que sea jefe de prensa de el pocero?

-He encontrado buena recepción en los compañeros. Cuando explicas las cosas, la visión es diferente. Los temas de cerca se ven menos gordos, con más matices.

-Ha hecho ya varias incursiones en la literatura, ¿tiene algo en proyecto en ese sentido?

-Estoy escribiendo una biografía -y no es de la princesa Letizia-. Es sobre Francisco Hernando. El Pocero es un personaje que concentra la historia de los últimos cincuenta años, de la generación de nuestros padres, desde el periodo de hambre posterior a la Guerra Civil, hasta la creación de su empresa y la crisis.