¿Es posible aparcar la crisis en un año y medio?

Zapatero afronta un panorama económico sombrío de aquí a las elecciones generales, debido al elevado paro y al débil crecimiento

MANU ÁLVAREZ

El prestigioso semanario 'The Economist' se pregunta si aún pueden irle peor las cosas a la economía española y, con ello, a José Luis Rodríguez Zapatero. La conclusión a la que llega, y que coincide con lo que piensan muchos expertos en España, es que no es fácil que la coyuntura pueda empeorar, pero tampoco que estemos ante el escenario de un cambio drástico.

El objetivo del presidente de darle la vuelta a las encuestas en apenas año y medio, antes de las elecciones generales de marzo de 2012, puede chocar por tanto con algo tan inmanejable como el Producto Interior Bruto (PIB); o, lo que es peor, con la vertiente más dolorosa de la crisis: la alta tasa de paro.

«Para intuir lo que puede suceder en 2011 es importante ver lo que sucede en la recta final de 2010», opina Luis de Guindos, ex secretario de Estado de Economía con el PP y hoy ligado a la firma PricewaterhouseCoopers. «Los últimos datos que tenemos no son buenos y apuntan a una desaceleración. Por ello, la previsión realizada por el Gobierno, que estima un crecimiento del PIB del 1,3% para el próximo año, resulta muy difícil de alcanzar», considera.

El panorama económico no solo se presenta muy sombrío para Zapatero en el horizonte de las elecciones generales, sino también a corto plazo. La vicepresidenta económica, Elena Salgado, ya ha admitido que si en los próximos meses las cosas no marchan por la senda esperada, habrá que aplicar un nuevo recorte de gastos. Un tijeretazo que se sumaría al ajuste de 55.000 millones de euros anunciado a finales del pasado mes de mayo. «Y eso -advierte De Guindos- es una pescadilla que se muerde la cola. Si la actividad no crece, habrá más déficit, ello obligaría a un recorte del gasto y a corto plazo eso también influye en un menor crecimiento de la economía».

Incluso las cifras esbozadas por el Gobierno en sus Presupuestos para 2011, aunque optimistas, distan mucho de respaldar la convicción del presidente de que hay tiempo para darle la vuelta a la economía. El escenario que ha dibujado el Ejecutivo prevé cerrar 2011 con casi 4,5 millones de parados, apenas 100.000 menos de los que habrá al finalizar el actual ejercicio.

Muy lento

¿Puede un país tener la sensación de que las cosas comienzan a ir bien cuando su tasa de paro supera el 19%? Solo Zapatero parece confiar en ello. Milagros García Crespo, ex consejera de Economía del Gobierno vasco con el PSE y catedrática emérita de la UPV, no lo cree. «Es previsible que la economía esté algo mejor que ahora, pero me parece más sensato aceptar la idea de que vamos a tener que convivir con un crecimiento muy lento», opina. «Esta situación de crecimiento débil se va a mantener mucho tiempo, quizá seis o siete años. Existe, además, en las crisis un periodo en el que, a pesar de que se registra una pequeña recuperación de la actividad, eso no se traduce en un aumento del empleo». «Ahora bien, si se recupera la demanda, el descenso del paro no tardará en llegar», aclara esta experta.

La trayectoria de aquí a las elecciones generales está llena de peligros. Parece claro que la previsión de recuperación modesta puede quedarse en 'ultramodesta'. Además, sobre la mesa del remodelado Ejecutivo socialista esperan ya algunas patatas calientes. La más delicada es la reforma de las pensiones, que ya le ha costado al presidente francés, Nicolas Sarkozy, que su pueblo rememore las protestas del Mayo del 68. Zapatero garantiza que se hará por consenso; pero ya intentó una maniobra parecida con la nueva regulación del mercado de trabajo, que derivó en la rebelión de los sindicatos y la primera huelga general de su mandato.

De Guindos cree, sin embargo, que «España no es Francia, aquí incluso ha fracasado la huelga general», y que Zapatero superará la prueba si la aborda con sensatez.

Pero incluso aunque todo eso lo resuelva Zapatero, apenas habrá avanzado unos pocos pasos en el largo camino de salida del túnel. La fotografía de España en esta crisis, tras más de una década de crecimiento acelerado, es la de un corredor de fondo exhausto, con síntomas de desnutrición y afecciones serias en órganos vitales. La explosión de la burbuja inmobiliaria ha dejado maltrecha la capacidad de endeudamiento del país, ha disparado el paro y extendido la desconfianza entre la población, que ha decidido refugiarse en el ahorro.

Así las cosas, los expertos creen que Zapatero (y España) dependen ahora de lo que suceda en Europa. En especial, en Francia y Alemania, nuestros principales clientes. Pero esos países tienen también sus problemas y van a aplicar recortes de gasto público en el año 2011. Depender del sector exterior no es algo que ahora genere mucha confianza.

Felipe González fue capaz de ganar unas elecciones en 1993 con una tasa de paro que rozaba el 24%, pero está catalogado como un golpe de suerte. «No se lo creía ni él», recuerda García Crespo.

Hoy, sin embargo, el deterioro de la imagen de Zapatero parece más vinculado a su errática singladura que a la crisis, que es un problema generalizado en medio mundo. Y eso pasa factura.

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