Penitencia

JESÚS CIFUENTES
Penitencia

Se abre la veda tras la manifestación a favor de la huelga general, de las cifras que son o de las que pudieron ser y no fueron, o de las que deberían haber sido acerca de la convocatoria de este extraño momento histórico, caracterizado por la sordera y la ceguera mutua entre las partes convocantes, el Gobierno y la patronal.

Eso sí. La estatua de Colón sigue siendo al paso de los años un lugar de reencuentro de viejos conocidos bregados en estas lides. Quizá una especie en extinción, entre las que me encuentro.

En la memoria histórica de cada uno de nosotros, esos que casi siempre hemos sido los mismos, están las imágenes de nuestros desencuentros alzados de puños vehementes con la realidad que nos han marcado la existencia. Y ahí seguimos. Y ahí seguiremos.

Pero resulta un tanto agridulce ver cómo vamos siendo, sin lugar a dudas, cada vez menos en esta maquinaria de la vida que nos lleva por delante, porque entre la sordera general, la ceguera particular y el cansancio acumulado, cada vez las fuerzas se van replegando más en casita, y la condescendencia que se hace de los planteamientos de cada uno mismo va ampliando el camino de la siesta, de la mansedumbre y del acomodo particular y colectivo por el que sale mucho más rentable dejar las cosas como están, dejar la historia correr, y que se estampe donde le venga bien, que yo ya me he apeado de esa historia. Que no cuenten conmigo ni con mi cansancio. Que ya estoy, en fin, hasta los mismísimos huevos de desengaño.

Esa, sin duda, es la baza con la que juegan ellos. Los hacedores de hilos especializados en el manejo de marionetas saben que las más rebeldes ya están cansadas o desengañadas, y que su rebeldía ahora tiene el espectro más local de su vida, su casa y su familia, que ya es bastante. Es este el momento de dar el hachazo, y de hecho lo están dando, ahora que está haciendo efecto el efecto narcótico de la era digital que te trae a casa lo que quieras a un golpe de clic, siempre que tengas dinero, por supuesto.

Cuando vengo a escribir esto, en el refugio que tengo para tales episodios, llamado 'el caseto', oigo el sonido lejano pero bien presente de la peña que ensaya en el Cerro de las Contiendas, aquí al lado del barrio Girón, para las procesiones de Semana Santa. Han empezado a ensayar hoy, el día de la huelga. Y así seguirán todo el otoño y parte del invierno, helándose en la penitencia de esa tradición más inamovible que el Conde Ansúrez, y dando una turra que sin ser molesta por la lejanía, es ciertamente inquietante.

Camaradas compañeros. Penitencia es lo que se nos viene encima.

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