Adif derriba las casetas ferroviarias de Ariza para evitar la llegada de indigentes

J. SANZVALLADOLID.
La televisión, con TDT, en la chabola de los 'okupas'. ::                             R. O./
La televisión, con TDT, en la chabola de los 'okupas'. :: R. O.

La historia de Diego Jiménez y Hermelinda Gabarri, los eternos 'okupas' de la antigua azucarera Santa Victoria -actual parque de Las Norias-, va camino de convertirse en el guión de una película algo más que dramática.

La pareja llevaba unos meses asentada en las destartaladas casetas ferroviarias situadas entre la estación de Ariza y el citado parque. Y allí seguirían de no ser porque Adif, el gestor ferroviario de la antigua Renfe -dueño de los terrenos- decidió hace quince días solventar la situación con pico y pala. Primero les denunciaron por ocupar ilegalmente las viviendas y después enviaron las máquinas para demoler una a una las cubiertas de los cobertizos. Problema solucionado. La compañía ponía así fin a más de una década de presencia continua de indigentes en unos edificios sin aparente valor histórico.

¿Qué fue de Diego y Hermelinda? Los voluntariosos 'okupas' gallegos pusieron pies en polvorosa antes de la llegada de los operarios rumbo a un chalé abandonado en la urbanización Panorama de Simancas. Pero «aquello no era vida» y enseguida decidieron regresar en un su cochambrosa Nissan Vanette. Su destino, por supuesto, el parque de Las Norias. Allí, frente a las ruinas de su último hogar, decidieron levantar esta vez unas chabolas en el patio de las antiguas oficinas de Ebro tapiadas hace dos años.

«Cuando volvimos de Simancas ya habían tirado todo a mala leche», recuerda Diego en alusión a la decisión de demoler sólo los tejados sin recoger siquiera los escombros. «Allí ya no podíamos estar y levantamos unas chabolas en este patio», explica mientras muestra orgulloso el resultado de su trabajo: una caseta de tela de saco acoplada a un muro sobre el suelo de hormigón.

Con televisión y lavadora

Dentro, eso sí, no le falta de nada. La luz de un generador les permite tener una televisión, con su TDT, un frigorífico repleto de pollo e, incluso, una lavadora. Lo malo es que no tienen agua corriente y para que este último electrodoméstico funcione se ven obligados a verter el líquido con garrafas por un tubo. «Pero mira cómo funciona», aclara Hermelinda. Y en efecto, funciona.

Con ellos viven ahora, en otra chabola mucho más rudimentaria, un hijo de Hermelinda y su compañera. Los dos tuvieron que marcharse también de las demolidas casetas que un día ocuparon los trabajadores de Renfe para acabar regresando a las oficinas de Ebro.

«Nunca hemos hecho daño a nadie y lo peor que hacemos es limpiar las casas abandonadas y medio en ruina que nos encontramos», destaca Diego, quien lamenta que sus propietarios son «peor que verdugos». Pero es su sino y así, de casa en casa y de chabola en chabola, llevan una década, la transcurrida desde que llegaron a la ciudad desde su Galicia natal. Y siempre con el mismo sueño: «Conseguir una casita maja».

La pareja asegura que este anhelo esta cerca. «Nos han concedido una ayudita de 215 euros para poder pagar un alquiler y estamos pendientes de un pisito en la calle Rosario Pereda», en La Farola. Con ese dinero y los 420 euros de la pensión de Diego confían en poder salir adelante. «Los muebles estamos mirando a ver si los podemos conseguir de Reto porque aquí no tenemos nada de valor más que las cosas que encontramos por los contenedores que luego vendemos en el mercadillo -como la TDT-», relata el 'okupa'.

Hasta que ese día llegue, si es que llega, confían en seguir siendo los últimos inquilinos de Santa Victoria con el permiso, claro, de los propietarios de estos terrenos pendientes de la construcción de viviendas en un lejano futuro.

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