Viaje al infierno del sueño dorado

El hallazgo de oro en un río de Canadá desató una fiebre que afectó a decenas de miles de personas

Como hormigas. Los buscadores ascienden con sus fardos por los peldaños helados de la Escalera Dorada, en el paso Chilkoot./R. C.
Como hormigas. Los buscadores ascienden con sus fardos por los peldaños helados de la Escalera Dorada, en el paso Chilkoot. / R. C.
JAVIER GUILLENEA

Skookum Jim Mason, Kate Carmack y Dawson Charlie viajaban el 16 de agosto de 1896 por la cuenca del río Klondike, en el territorio canadiense del Yukón, cuando hicieron un alto en el camino. Se pararon junto a un pequeño arroyo al que los buscadores de oro que habían comenzado a llegar a la zona desde 1874 habían bautizado como Rabbit Creek y, absortos, miraron al agua. Algo brillaba en el fondo del arroyo, era un destello metálico que resultó ser una pepita de oro.

A la mañana siguiente reclamaron como suya aquella porción de arroyo y comenzaron a remover el agua mientras la noticia del hallazgo se extendía entre los cerca de 1.500 buscadores que desde hacía años soñaban con hacer fortuna en el Yukón. La gran mayoría se apresuró a viajar al Rabbit, que pronto pasó a llamarse Bonanza Creek, para pedir lotes de terreno.

Pasó un año antes de que las noticias llegaran al exterior desde aquel lugar donde las temperaturas podían desplomarse en invierno hasta los 50 bajo cero. El metal precioso que se extrajo en la primera campaña y los mineros que lo habían encontrado arribaron en junio de 1897 a San Miguel, en la desembocadura del río Yukón, desde donde partieron en dos barcos hacia SanFrancisco y Seattle. Entre ambos transportaban un millón y medio de dólares en oro.

EL 'GOLD RUSH' DEL YUKÓN, CANADÁ 1896

El escritor.
A los 21 años, Jack London recorrió entre 1897 y 1898 más de 2.300 kilómetros para llegar a Dawson City. Regresó a casa al no encontrar oro, pero su experiencia le sirvió para escribir libros como 'Colmillo blanco' o 'La llamada de lo salvaje'.
Nativos.
La población nativa del territorio del Yukón fue víctima de nuevas enfermedades importadas por los buscadores, como la viruela.

En un país que atravesaba una crisis económica, los rumores sobre las grandes riquezas que aguardaban en un lugar llamado Klondike se magnificaron y desataron las ambiciones de decenas de miles de hombres. Enfebrecidos por quienes aseguraban que en el lecho del Bonanza Creek se podían coger pepitas de oro con la mano, cerca de 100.000 personas se convirtieron en buscadores de la noche a la mañana y emprendieron un viaje de miles de kilómetros hacia Dawson City, una ciudad improvisada que habían levantado los primeros mineros. Menos de la mitad llegaron y de los que lo hicieron, casi todos regresaron más pobres que antes.

Un grupo de hombres excava una ladera en un lote de terreno.
Un grupo de hombres excava una ladera en un lote de terreno. / R. C.

Un viaje peligroso

Cada tercer lunes de agosto se conmemora en el Klondike aquella locura colectiva que llevó a todos aquellos seres a atravesar parajes inexplorados, montañas nevadas y ríos congelados para reclamar un pedazo de terreno. Primero franquearon con sus monturas el White Pass, un paso estrecho y resbaladizo en el que se calcula que murieron unos 3.000 animales, lo que le valió el apodo de 'El sendero del caballo muerto'.

Tras este obstáculo les aguardaba el sendero Chilkoot, un camino empinado y con nieve que incluía 1.500 escalones tallados en el hielo, conocidos como La Escalera Dorada, por los que no podían ascender los animales. Como la Policía Montada exigía a cada buscador que llevara consigo una tonelada de suministros, lo suficiente para resistir un año, todos ellos tuvieron que recorrer aquel paso hasta 40 veces con la carga sobre sus hombros.

En tres años se extrajeron 29 millones de dólares en oro

Más allá del Chilkoot les esperaban cientos de kilómetros de rápidos por las aguas del Yukón, la última barrera antes de alcanzar su destino y de comprobar que los informes sobre el oro eran un tanto exagerados. Solo unos 30.000 buscadores llegaron a Dawson City, donde descubrieron una ciudad repleta de salas de baile y juegos de azar, bares, burdeles, restaurantes, bancos y tiendas de suministros. Muchos de sus propietarios hicieron fortunas gracias a los escasos mineros que se habían vuelto millonarios y que no sabían cómo gastar su dinero.

En tres años se extrajeron 29 millones de dólares en oro en los alrededores de Dawson City, aunque pronto se corrió la voz de que la fuente estaba a punto de secarse. Miles de hombres regresaron abatidos y sin blanca a sus hogares, pero no tardaron en recaer. Cuando en 1899 se descubrió oro en Alaska, volvieron a partir en busca de fortuna. Pocos la encontraron.