Descubierta una nueva protección frente a los efectos secundarios de la radioterapia

Nabil Djouder, jefe del Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del CNIO, y Almudena Chaves-Pérez, investigadora.

Investigadores del CNIO comprueban en ratones que niveles altos de la proteína URI son fundamentales para evitar el síndrome gastrointestinal

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

 La radioterapia es una de las herramientas fundamentales para tratar los tumores en la cavidad gastrointestinal (cáncer de hígado, páncreas, colon o próstata). Se usa de forma frecuente en la mitad de los pacientes. Pero la radiación intensiva no distingue entre las células tumorales y las sanas, pudiendo provocar una toxicidad en el intestino en un 60% de los pacientes sometidos a ella. Aunque es reversible cuando la radioterapia finaliza, un 10% de los pacientes que reciben el tratamiento tienen daños irreversibles y desarrollan el síndrome gastrointestinal, una patología que se caracteriza por la muerte de las células intestinales, lo que conlleva la destrucción del intestino y el fallecimiento de estos pacientes.

Un daño que provoca, a veces, que se tenga que interrumpir el tratamiento. Pero, ahora se abre una puerta para evitar esta medida tan drástica. Científicos del Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) publican en la revista 'Science' una forma de proteger a las células sanas, que pasa por la proteína URI. En ratones modificados genéticamente, el grupo liderado por Nabil Djouder ha observado que niveles de expresión anormales de esta proteína protegían a los roedores de los daños intestinales. «No conocemos todas las funciones precisas de URI. Hay muy pocos laboratorios trabajando en ellos. No se comprenden todas sus funciones todavía», explica Djouder.

Los investigadores crearon tres modelos de ratón modificados genéticamente, los primeros modelos experimentales diseñados para estudiar específicamente el papel de URI y los efectos de la radiación en el intestino: uno de ellos de control para rastrear dónde se expresa exactamente esta proteína en el intestino, otro con niveles altos de URI en este órgano y un tercero en el que eliminaron el gen para disminuir los niveles de URI en el epitelio intestinal.

Los ratones control revelaron que, para proteger y reparar este órgano, URI se expresa en una población específica de células madre durmientes localizadas en unas oquedades intestinales llamadas criptas de Lieberkühn. URI protege a estas células de la toxicidad inducida por niveles altos de radiación. «Hemos descubierto que, una vez finalizada la radioterapia, son estas células las encargadas de regenerar el intestino», explica Almudena Chaves-Pérez, primera firmante del trabajo. «Hasta ahora, había mucho debate sobre cuál era la población de células madre encargadas de esta tarea».

Supervivencia

Después de ser sometidos a radiación, los ratones diseñados para expresar altos niveles de URI sobrevivieron al síndrome gastrointestinal en un 100% de los casos, cuando, en condiciones normales, fallece hasta un 70% de ellos. En cambio, los ratones sin el gen fallecieron en su totalidad por el síndrome.

«Lo que diferencia a esta población específica de células madre de otras es que en estado normal (cuando fabrican URI) son quiescentes, es decir, no proliferan. Esto hace que no se vean sometidas a los daños causados por la radiación, que solo afectan a las células que proliferan. Por otro lado, cuando estas células madre no fabrican URI, se sobreactiva la expresión de c-MYC, un conocido oncogén, lo que hace que proliferen y mueran debido a los daños causados por la radiación. Esto impide que el intestino se regenere, lo que hace que deje de ser funcional y el ratón fallezca», explica la investigadora.

Aunque necesita ser confirmado en próximos estudios, Djouder cree que los inhibidores de c-MYC podrían ser de utilidad para paliar el síndrome gastrointestinal inducido por la radiación en pacientes. «Este estudio propone nuevos tratamientos mediante inhibición o eliminación de c-MYC, que podrían disminuir los efectos secundarios letales de la radioterapia y permitirían aumentar las dosis de radiación para combatir de manera más eficaz los tumores gastrointestinales», explica Djouder. El investigador añade que «además de proteger frente a los efectos secundarios, los inhibidores contra c-MYC se usan también para el tratamiento del cáncer, por lo que podríamos tener una eficacia doble».