Un puñado de medidas para evitar una extinción masiva de especies

Una manada de elefantes del Parque Nacional de Hwange (Zimbabue)./REUTERS
Una manada de elefantes del Parque Nacional de Hwange (Zimbabue). / REUTERS

Comienza la Conferencia Mundial de Vida Silvestre con el objetivo de salvar animales en peligro, como reptiles y grandes mamíferos

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Los esfuerzos internacionales lucen insuficientes para evitar una extinción masiva de especies en plena era digital. El comercio por internet ha ampliado las laberínticas artimañas del tráfico ilegal de animales y plantas. Bajo el amparo de las normas internacionales de la Convención Mundial de Vida Silvestre (Cites), que cada tres años reúne a 183 gobiernos incluidos España y la Unión Europea, están protegidas 35.000 especies de flora y fauna. Pero hay un millón de especies en peligro, según la Plataforma de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (Ipbes). Estamos ante la «sexta crisis de la extinción», asegura Ivonne Higuero, secretaria general de la Cites, antes de inaugurar la primera jornada de esta reunión intergubernamental que se celebra en Suiza. Antes de su intervención, Higuero pidió un minuto de silencio por las víctimas del acto terrorista sucedido hace unos meses en Sri Lanka, donde se celebraría este congreso, pero que se fijó después en Ginebra, para garantizar las medidas de seguridad.

Según se aprecia en el pliego de medidas que ha trascendido antes de la inauguración, los Gobiernos darán preferencia a los animales que, por una parte, son más conocidos, como el elefante, el rinoceronte o la jirafa y, por otra, crean riqueza a sus comunidades, como la vicuña o el cocodrilo. «La conferencia de este año se centrará en reforzar las normas y estándares existentes al tiempo que se amplían los beneficios a nuevas plantas y animales amenazadas por la actividad antropogénica», sostuvo Higuero en los preliminares de la convención. El boom del comercio electrónico de reptiles destaca entre esas acciones humanas.

El marfil de los elefantes puede destinarse a mercados responsables, sostiene una propuesta

La mayor nueva amenaza identificada, y que presenta un inusual reto, es el tráfico de especies en peligro que ha alcanzado una distribución masiva gracias al comercio electrónico. Sucede sobre todo con los reptiles que son considerados exóticos en los mercados. Un ejemplo que gozará de la atención de la Cites es el geokos leopardo ('Goniurosaurus spp'), una especie recién registrada y endémica de China y Vietnam. Aunque su hábitat se restringe a un área protegida, ya se ofertan en tiendas de animales de compañía en Europa, y en plazas turísticas de sus países de origen. Está también en plataformas digitales como Facebook o Zalo. Alcanzan precios entre los 20 y los 200 euros, desde donde se envía a compradores de Tailandia y otros países asiáticos por unos 100 euros por individuo. «Un estudio de mercado realizado en marzo de 2018 confirmó que el comercio de especímenes de 'Goniurosaurus' tiene lugar principalmente en línea, así como en ferias internacionales de reptiles en Europa», asegura un informe de la Cites.

Un elefante en el jardín

Cuando un elefante muere por causas naturales, o es sacrificado por las autoridades, su marfil se recolecta, se registra y se guarda en bóvedas. Así ha sido hasta ahora. «Este marfil, producido en su totalidad a través de la gestión ordinaria de la conservación, puede destinarse a mercados responsables», dice una propuesta de enmienda a las normativa de la Cites. Aunque hay unas 50 especies bajo la lupa de los expertos, el caso del elefante es quizás el que más expone la controversia de la sostenibilidad. Así, el futuro de estos animales se enfrenta al posible levantamiento de sanciones para la comercialización de ejemplares vivos o transformados en trofeos de caza o piezas al por menor, como pieles o colmillos.

Para que sobrevivan a largo plazo «es esencial que se permita la libre circulación de elefantes dentro y fuera de las áreas protegidas y del hábitat de la vida silvestre a las tierras vecinas y a los países vecinos», sostiene la propuesta. «Los elefantes deberían no sólo generar costos de conservación sino también contribuir a la economía rural». En los años 80 se cazaban unos 100.000 ejemplares al año. Hoy sólo quedan 415.000 en todo el mundo. Las mayores manadas están en Angola, Botsuana, Namibia, Zambia y Zimbabue, cuyos «parques naturales no pueden absorber ni un ejemplar más». Al tiempo que aumenta la población de paquidermos lo hace la humana. El conflicto está asegurado y los Gobiernos reunidos en Ginebra intentarán llegar a un punto de equilibrio. «Seguir como antes no es una opción», sentenció Higuero.