La hora de la discordia

La hora de la discordia

La Eurocámara debate la posible supresión del cambio de hora tras una consulta relámpago en internet

El Norte
EL NORTEValladolid

Es la hora bailarina. Menguante o creciente, es la más controvertida de las 8.760 horas que tiene un año completo -8.784 si es bisiesto-. Esa hora fantasma que adelantamos o retrasamos en el reloj cada primavera y cada otoño por un supuesto y más que cuestionado ahorro energético que castiga los biorritmos, los ciclos circadianos y las pautas de sueño de cientos de millones de seres humanos. Tras mucha controversia, la Comisión Europea ha tomado por los cuernos la maldita 'hora tobogán' y discute si procede acabar con el baile horario y dejar en paz esos 3.600 volátiles segundos de la discordia que se esfuman y se duplican cada marzo y cada octubre en los veintiocho países miembros de la UE.

Para fijar un punto de partida sobre la discusión, sus euroseñorías han pulsado la opinión de los afectados con un plebiscito tan contestado como la propia hora móvil y han consultado sobre la posible supresión o mantenimiento del cambio horario a los europeos y han respondido 4,6 millones de ciudadanos. Más del 80% de los participantes en una consulta digital relámpago dijeron que basta ya de mareos horarios, según los resultados que adelantó el miércoles el diario alemán 'Westfalenpost'. El rotativo precisó, con todo, que tres de los casi cinco millones de las personas que se pronunciaron sobre el desbarajuste horario eran alemanes, lo que quizá reste peso al resultado sobre un cambio que afecta de manera muy diferente a la soleada Europa del Sur y la nubosa del Norte.

Aun así, el Ejecutivo comunitario lo tomará como «principio orientativo», aunque haya reiterado que la consulta no es vinculante y que su no acabará automáticamente con aquello de que «a las tres serán las dos», y viceversa. Ese machacón mensaje que cada ultimo domingo de marzo y de octubre reiteran radios, televisiones y diarios recordándonos el 'robo' o el 'regalo' de una hora de sueño.

El melón horario se abrió en febrero, cuando una resolución de la Eurocámara instó a la Comisión a «reevaluar» las consecuencias del cambio horario en la salud de los europeos «para valorar su posible supresión». Una evaluación que debe plasmarse en un informe con «la distribución de las respuestas por país» y «por cada grupo de interés y área de actividad» en un gran contienente con tres husos horarios.

El Parlamento Europeo dispone de «indicios» que apuntan al «pernicioso» efecto de un sistema armonizado en toda la UE desde 2001, aunque reconoce no tener «pruebas científicas concluyentes». El argumento clásico y cada vez más cuestionado para mantener el baile horario es un ahorro energético que sería marginal, entre el 0,5 y el 2,5% según estudios que maneja la Comisión Europea. También se cuestiona el presunto aumento de la seguridad vial, se apunta el creciente cansancio y la falta de concentración que genera en los ciudadanos la alteración de sus hábitos. Pero se cita como ventaja el aumento de las horas de luz y de ocio y la equiparación de horarios entre países vecinos y socios comerciales.

Para que haya acuerdo será necesario el consenso del Parlamento y de los Estados miembros, que tendrán la última palabra. Si el cambo horario deja de ser obligatorio, cada país elegiría su zona horaria, aunque Bruselas apuesta por un marco común. El 'horario de verano' se implantó tras la crisis del petróleo de 1973. Italia y Malta fueron los pioneros de un sistema que llegó a España en 1977 y que Bruselas armonizó en 1996 e hizo obligatorio en 2001 mediante una directiva.

La UE funciona hoy con tres husos horarios al margen de los de sus regiones ultraperiféricas. Con una hora menos que en España vive la Europa Occidental: Irlanda, Portugal y Reino Unido. España comparte el horario de Europa Central con 16 naciones: Austria, Bélgica, Croacia, República Checa, Dinamarca, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Luxemburgo, Malta, Holanda, Polonia, Eslovaquia, Esloveniay Suecia. Una hora más que los relojes españoles marcan los de Europa Oriental, que pautan el ritmo vital en Bulgaria, Chipre, Estonia, Finlandia, Grecia, Letonia, Lituania y Rumanía.

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