Picasso en la cocina

Pablo Picasso en 1912 (Wikimedia CC PD) y plato con raspa de pescado, 1957./Museu Picasso
Pablo Picasso en 1912 (Wikimedia CC PD) y plato con raspa de pescado, 1957. / Museu Picasso

El Museu Picasso de Barcelona muestra este verano la influencia de la gastronomía en la obra del pintor malagueño, de quien se conocen varias recetas

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Pablo Ruiz Picasso (1881-1973) tuvo un desaforado apetito por la vida, el arte y las mujeres, pero lo que igual no saben ustedes es que en cuestión alimenticia fue bastante sobrio y seguidor de una estricta dieta durante muchos años. Comensal parco y frugal, el pintor dedicó sin embargo gran parte de su obra a elementos relacionados con la comida como bodegones, cerámicas o esculturas hechas con utensilios de cocina. A esa vertiente más culinaria del artista malagueño dedica ahora el Museu Picasso de Barcelona una exposición: 'La cocina de Picasso', un repaso a la impronta que dejó la alimentación en su obra. Pintura, grabado, escultura, cerámica, poesía… en todo metió mano Picasso y en todo ello incluyó la temática culinaria. Protagonistas de sus cuadros fueron herramientas de cocina ('La cafetera' de 1944, o 'Botella, vaso y tenedor' en 1912), gente comiendo ('La comida frugal' o 'El gourmet', de 1901) o elementos como platos, copas o cazos, pasando por toda clase de alimentos: pan, morcillas, alcachofas, frutas y pescados salpican sus bodegones y lienzos como 'Niño con langosta' (1941).

Cliente habitual durante su juventud de la taberna Quatre Gats en Barcelona y asiduo más tarde de los restaurantes y cabarets parisinos, decoró menús y pintó escenas como 'La taberna' (1914) o 'La cocina' (1948), dando relieve artístico a la manduca ya estviera en su período azul o en su etapa cubista. Pero ¿qué le gustaba comer? Practicante de la dieta mediterránea, casi no comía carne y tuvo algunas manías culinarias relatadas por su amiga Alice B. Toklas en su famoso libro de cocina: «durante muchos años Picasso había seguido una dieta estricta. Comenzó a llevarla no sé por qué razones y continuó con ella durante la guerra mundial y la ocupación, y algo muy característico en él, sólo la relajó un poco tras la liberación». Tenía prohibida la carne roja, no le gustaba el pollo y apreciaba los platos simples artísticamente decorados. El recetario 'European cookbook for American homes' (libro de cocina europea para hogares americanos) de 1936, explica que en los años 20 Picasso y Picabia pusieron de moda en París la cocina moderna y las ensaladas cubistas «con triángulos de callos, conos de pepino y rombos geométricos de gambas, sólo para conseguir efecto estético».

La cocina dadaísta fue pasajera y las recetas compartidas por Picasso son sencillas, una mezcla de gastronomía española y francesa muy a tono con su biografía. Aunque él no cocinaba (lo hicieron por él sus sucesivas esposas y amantes), conocemos varias fórmulas que le gustaban gracias a entrevistas en las que le preguntaron acerca de su alimentación o gustos culinarios. En 1964, por ejemplo, la revista Vogue publicó —dentro de una serie dedicada a la faceta gastronómica de diversas celebridades— un artículo sobre el jamar picassiano. En él Jacqueline Picasso explicaba que su marido era frugal como una cabra y que a veces en vez de comer lo que ella preparaba terminaba por pintarlo. Pablo y ella compartieron con los lectores dos de sus recetas preferidas, guiso de anguilas y tortilla al estilo de Niza con tomate, pimiento y cebolla. Otros platos habituales en la dieta del pintor aparecieron posteriormente en libros como 'En la mesa de Picasso' (Ermine Escher, 1996) o 'The modern art cookbook' (Mary Ann Caws, 2013), gracias a los cuales podemos replicar en casa su tortilla de patata (con cebolla), la tarta de chocolate que le gustaba o recetas de familiares y amigos como el cocido de Fernande, una de sus primeras parejas sentimentales, o el jamón preparado por su marchante Berthe Weill.

Por haber, hay hasta una receta de «pollo Picasso» bastante popular en Estados Unidos cuya autoría se atribuye al malagueño. Él, que no era amante de las aves más que para plasmarlas en los cuadros, seguramente se reiría.

El restaurante, Pablo Picasso, 1914. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte.
El restaurante, Pablo Picasso, 1914. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte. / Museu Picasso

 

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