La estafa del billete de 50 euros y otros cuatro timos con el coche

La estafa del billete de 50 euros y otros cuatro timos con el coche
Kai Pfaffenbach / REUTERS

Los delincuentes emplean diversos métodos para robar vehículos, tanto nuevos como comunes año tras año

CARLOS BALBOA

La Policía y la Guardia Civil emplean sus cuentas de redes sociales para alertar a los ciudadanos de las estafas más recurrentes, tanto las que se ponen de moda como las que perduran con los años. En estos últimos, ha surgido una nueva artimaña que no ha pasado desapercibida por parte de las autoridades.

Entras en el coche, arrancas, te percatas de que hay algo en el parabrisas y sales a cogerlo. Es un billete de 50 euros, falso. La advertencia de los cuerpos de seguridad es claro: «no lo cojan».

Según informa Ideal, este mecanismo lo utilizan las bandas organizadas dedicadas al robo de vehículos. La web de Gentside señala que en el momento en el que el usuario baja a cogerlo, los ladrones aprovechan para meterse en el coche y apoderarse de él. No obstante, esta no es la única técnica que utilizan los cacos:

1. Cuidado con el retrovisor

Los estafadores, de origen extranjero, chocan con el coche de la víctima, normalmente una persona de avanzada edad. Cuando se bajan, logran convencer al conductor de que el accidente ha sido su culpa.

En ese momento, dicen que están a punto de regresar a su país y que , por tanto, es necesario tramitar el accidente con su compañia de seguros. Al otro lado del teléfono contesta el complice del estafador, que revela a la víctima que debe de pagar entre 1.200 y 1.500 euros en efectivo.

2. Matrícula caída

El usuario circula por la vía y otro coche se pone a su altura. Entonces el copiloto, por la ventanilla, muestra una placa de matrícula calcada a la suya. Ante el susto, el engañado se baja y los ladrones aprovechan para tomar el vehículo y robarlo.

3. Tapón de la gasolina

Las bandas organizadas roban la tapa del depósito para hacer una copia de la llave.

4. Estafa nigeriana

La víctima pone su coche a la venta en un portal de Internet y el caco actúa como un comprador muy interesado. Este insiste en que está muy interesado y que lo quiere pagar ya. No obstante, señala que su banco le pide una comisión por hacer la tranferencia. Aprovecha para sugerir que cada uno pague la mitad del importe, entorno a 1.000 euros. Pero nada más lejos de la realidad: no hay comprador y, menos aún, va a abonar su parte.

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