Encerrados en casa

El ministro británico de Justicia está empeñado en que los reos con condenas leves las cumplan en sus propios domicilios. «La cárcel no sirve para nada»

Un funcionario de prisiones hace la ronda por una galería de la cárcel de Maghaberry, en Irlanda del Norte./Efe
Un funcionario de prisiones hace la ronda por una galería de la cárcel de Maghaberry, en Irlanda del Norte. / Efe
IRMA CUESTA

Decidido a cambiar el concepto de rehabilitación de los delincuentes, David Gauke, flamante secretario de Estado –cargo equiparable al de ministro– de Justicia y Lord Canciller de Gran Bretaña, ha levantado en armas a buena parte de sus compatriotas, que no ven con buenos ojos sus revolucionarias propuestas. Hace solo unos días, reavivando un debate que lleva décadas abierto, Gauke ha defendido que las penas cortas de prisión no funcionan y que la solución está en sustituirlas por encierros domiciliarios y trabajos comunitarios.

En contra de lo que ha sido hasta ahora la línea de actuación defendida por el Partido Conservador británico, el Lord Canciller aboga por un régimen de orden comunitario sólido como respuesta a un sistema penal que hace aguas. Lo hace después de destacar que Gran Bretaña ha sentenciado en los últimos años muchos más encarcelamientos que el resto de países europeos y que los condenados a períodos cortos en prisión, lejos de convertirse en ciudadanos ejemplares al salir de la cárcel, tienen altísimas tasas de reincidencia. «En los últimos cinco años se ha dictado más de un cuarto de millón de penas de prisión de seis meses o menos, y más de 300.000 sentencias fueron por 12 meses o menos. Pues bien, casi dos tercios de esos delincuentes cometen un nuevo crimen dentro del año posterior a su liberación», asegura. Y se pregunta por qué se gasta el dinero de los contribuyentes en algo que todo el mundo sabe que no funciona.

El plan Gauke

Cárcel y mujeres.
Las mujeres británicas, si sigue adelante el plan Gauke, solo irán a prisión si cometen delitos graves. El secretario de Estado de Justicia ha explicado que la idea es proteger a quienes considera más vulnerables del sistema de justicia penal a través de la provisión de apoyo adaptado, después de constatar que, de todas las mujeres que están en cárceles de Inglaterra y Gales, menos de 40 habían cometido delitos violentos.
93.000
A finales de 2017, la población carcelaria total del Reino Unido ascendía a 93.000 reclusos. Demasiados, en opinión de su secretario de Estado. Supone 148,3 reclusos por cada cien mil habitantes, ligeramente por encima de la española, de 137,9.

Empeñado en convencer a los británicos de que ha llegado el momento de pensárselo dos veces antes de meter a alguien entre rejas un par de meses, Gauke apuesta por estudiar alternativas que para algunos delincuentes podría significar un castigo efectivo. «El toque de queda en casa, las prohibiciones de conducir, de consumir alcohol y de viajar al extranjero son solo algunas de las opciones que ya existen y que podrían desempeñar un papel más importante del que vienen jugando hasta ahora», afirma el político. En el caso de las mujeres va incluso más allá y propone que solo vayan a la cárcel las condenadas por delitos graves. Cuenta con el respaldo del responsable de Prisiones, Rory Stewart, que hace tiempo que reclama una reforma del código penal. Stewart sostiene que las condenas cortas son «lo suficientemente largas para dañarte pero no lo bastante para curarte».

Prisiones sin barrotes

Como él, otros muchos británicos aplauden la idea de cambiar, para un batallón de condenados, unos meses a la sombra por un tiempo en casa bajo rigurosa vigilancia. Casi tantos como los que están convencidos de que Gauke se ha vuelto loco, incluido su compañero de filas en el Parlamento Philip Davies, que ha calficado sus propuestas como «sencillamente idiotas».

También el experto en prisiones y lucha antiterrorista Ian Acheson, célebre por sus éxitos al frente de diversas operaciones policiales y por la resolución de graves incidentes surgidos en cárceles británicas, se ha llevado las manos en la cabeza. Acheson ha tirado de estadísticas para destacar que en Dinamarca, en 2017, la duración promedio de las penas fue de 31 a 60 días; que en Finlandia, en 2016, el 40% de los presos condenados habían permanecido entre rejas un máximo de tres meses, y que el tiempo de prisión en Noruega es de solo ocho meses de promedio. «¿Por qué no podemos aquí enviar a delincuentes a la cárcel por condenas breves sin empeorarles?», se pregunta el experto, que –eso sí– reconoce que los citados países escandinavos tienen sistemas judiciales mucho menos punitivos que el británico. «Aún así, logran que la custodia a corto plazo sea una respuesta útil a un comportamiento inaceptable, como lo demuestran sus tasas mucho más bajas de reincidencia», sentencia Acheson.

En España, las condenas cortas no suponen cárcel

En España, donde las penas inferiores a los dos años de cárcel no suelen conllevar el ingreso en prisión si no existen antecedentes penales, el tiempo medio de permanencia entre rejas es por esta razón sensiblemente superior al de los delincuentes británicos. Un informe del Consejo de Europa publicado el año pasado señala que la estancia media en prisión en España es de 21,9 meses, más del doble que los 9,8 meses que cumplen de media en los 47 países que han remitido sus estadísticas a este organismo. De hecho, solo en Portugal, Rumanía y Azerbaiyán la privación de libertad es más larga. Aún así, en 2017, 21.081 personas realizaron en España trabajos comunitarios, 3.000 más que el año anterior, según la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.

Pese a estas voces críticas, Gauke está decidido a poner en marcha un plan que supondrá una profunda renovación del sistema carcelario británico. Empezando por la típica imagen del recluso asomado a los barrotes de su celda, que pronto pasará a la historia. El Ministerio de Justicia ha decidido que no habrá rejas en las nuevas prisiones que se construyan. En su lugar habrá ventanas de vidrio templado. También celdas individuales, jardines, ordenadores a disposición de los reos... Será la cara más amable de un sistema penitenciario que lleva años colapsado y pidiendo a gritos una reconversión integral.

Actualmente, en Inglaterra y Gales, las demarcaciones del Reino Unido sobre cuyos sistemas penitenciarios tiene competencia directa el Gobierno de Londres –las prisiones de Escocia e Irlanda del Norte son gestionadas por sus propios Ejecutivos–, hay 123 cárceles, pero la idea es construir al menos cinco nuevas en zonas como Manchester, Kent o Rochester. Espacios, dicen, «modernos y seguros», y, naturalmente, sin barrotes.