Limpieza con clase

Sammy, de seis años, limpia su escuela con una aspiradora./BBC
Sammy, de seis años, limpia su escuela con una aspiradora. / BBC

Un colegio de Reino Unido toma ejemplo de la enseñanza nipona e involucra a sus alumnos en la puesta a punto de sus aulas

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Con la compra de diez aspiradoras y el esfuerzo de decenas de estudiantes. Así ha decidido un colegio británico implicar a sus chavales en la puesta a punto de sus aulas. Consciente de que el celador del centro tenía cada vez más carga de trabajo, la directora de la escuela The Grove, Hillary Priest, puso en marcha esta iniciativa después de asistir a un programa de televisión que abordaba cómo funciona el sistema educativo en Japón. Lo que allí vio, la dejó entusiasmada.

Como es lógico, cada colegio nipón cuenta con su personal de mantenimiento. Pero éste se ocupa sólo de las tareas más pesadas. Resulta que entre las tradiciones que albergan las escuelas japonesas está el llamado 'o-soji', una práctica que realizan los alumnos de cada centro y que consiste en dedicar al menos veinte minutos del día –suele ser después del almuerzo– a limpiar no solo la clase, sino también algunos espacios comunes. Para evitar el rechazo, la actividad se acompaña de juegos y música.

¿El resultado? La escuela está más limpia y los alumnos ponen mucho más esmero en el desempeño de sus tareas. Al fin y al cabo, si ensucian algo, tendrán la obligación de limpiarlo después.

A juicio de la responsable de esta escuela ubicada en Totnes, una localidad de 10.000 habitantes en Devon –al suroeste del Reino Unido–, las ventajas están claras. «Creemos que es una buena forma de hacer que todos, incluso los niños, respeten nuestra escuela y el ambiente», explica en una entrevista ofrecida a la BBC.

Cada una de las diez aulas tiene su propia aspiradora y los alumnos se van turnando en la limpieza. Sólo hay un lugar que esté libre de dicha actividad, la recepción, que es muy pequeña. Por si fuera poco, explica Priest, la labor también ayuda a reducir el presupuesto que invierte la escuela en su mantenimiento: «No necesitamos aumentar la carga horaria del conserje. De hecho, no ha tenido mucho trabajo en la limpieza de las aulas desde que los niños comenzaron a aspirar el polvo hace unos tres meses».

Lo cierto es que estas actividades calan entre los chavales. Cabe recordar que en el Mundial de Rusia de este mismo año, los hinchas japoneses, junto a los senegaleses, fueron noticia porque, en lugar de celebrar sus respectivos triunfos, se quedaron limpiando las gradas al término del partido. Nada podrá superar, sin embargo, la idea que en 2015 tuvo la alcaldesa de Madrid, que quizá fue demasiado lejos. Quién sabe si contagiada por el espíritu navideño, a Manuela Carmena se le pasó por la cabeza organizar un concurso infantil de recogida de basura por las calles de la ciudad. El objetivo era conseguir que los más pequeños se involucraran en la campaña de limpieza y premiar a quienes más colillas de cigarros y papeles hubieran recopilado. Afortunadamente, aquel esbozo se quedó precisamente en eso.

 

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