El doble objetivo de la curiosidad
La exposición de Borja Santos, con 42 fotografías, desde su Valladolid natal a sus viajes con la ONU a Etiopía o Sri Lanka, ahonda en el deseo de aprender, de experimentar algo nuevo
Detrás del título de la exposición 'The Invisible Thread of Curiosity', inaugurada este miércoles en el Creativity Center de IE University en la Real Casa de la Moneda de Segovia, está la doble tarea de Borja Santos, que combina su faceta docente como Associate Dean de IE School of Politics, Economics & Global Affairs, con su pasión por los viajes, la cooperación internacional y la fotografía artística. Trata de presentar a sus alumnos la curiosidad que él abrazó con una cámara, captando vida en entornos tan distintos como una procesión castellana y un campo de refugiados de Etiopía, para que ellos descubran dónde está la suya. Este vallisoletano habla de la eudaimonia, el término que usaba Aristóteles para definir la universidad. «Ese estado de felicidad al que uno llega cuando desarrolla su máximo potencial. Es a lo que viene un estudiante. Eso es estimular su curiosidad para hacerse preguntas».
Son 42 fotografías, con 16 textos explicativos, que desarrollan qué es la curiosidad, cómo se estimula y por qué es tan importante para la educación y el conocimiento. «Uso la fotografía como vehículo». Un ingeniero de telecomunicaciones que trabajó más de una década en la ONU y otros organismos multilaterales con políticas públicas o ayuda al desarrollo. Aprovechó sus estudios en fotografía para hacer fotorreportajes durante sus viajes que publicó en medios como El País y otros internacionales. «Me ayudó a conectar, a conocer personas que no hubiera conocido de otra manera». Cuando visitaba un campo de refugiados no se limitaba a una reunión con la agencia de turno, sino que descubría las condiciones de vida reales. «Lo hacía con mucho respeto y profesionalidad. No llevaba la cámara para hacer las típicas fotos que hoy hacemos con el móvil. Sin ser periodista, podía conocer historias muy interesantes».
Cinco tipos de curiosidad
Aunque hay fotos de todo el mundo, la muestra está dividida en cinco tipos de curiosidad, cada cual con sus fotorreportajes. La primera, por las personas, recoge a emprendedores, músicos o artistas que conoció en Etiopía y suma un reportaje de un barrio de Boston que recorrió mientras estudiaba en Harvard. La segunda curiosidad, por el mundo, es más estética. «Cuando queremos descubrir toda esa belleza que el mundo tiene». Destaca el desierto del Danakil, la depresión más baja que existe en África, con un volcán activo. «Un lugar bastante inhóspito, pero muy interesante a nivel de exploración». La tercera, por el trabajo y el propósito, expone el campo de refugiados de Dollo Ado en el vértice entre Somalia, Etiopía y Kenia. La cuarta, sobre el más allá, combina la procesión de su Valladolid natal con ceremonias religiosas africanas. La última, que aspira a «saber quién eres», habla sobre su abuela.
Su cámara tiene un objetivo distinto. Para alguien que ha pasado tanto tiempo fuera de casa, la procesión de Valladolid despertó preguntas. Frente a los «típicos fotógrafos que sacan la belleza de las esculturas», él captó a una mujer sin techo que increpó de madrugada a una cofradía: «Yo debería ser vuestra virgen, no tengo trabajo ni dinero». Una escena ambivalente que lleva precisamente a eso, a hacerse preguntas, el día a día de su labor docente. «La curiosidad es el deseo de aprender, de experimentar algo nuevo. Para mí, debería ser la raíz del conocimiento». Por eso pide cambiar el ecosistema de la universidad. «Menos transmitir conocimiento para que la gente lo memorice y más enseñar al alumno a hacerse preguntas».
Una tarea con obstáculos. El primero es la atención, esa constante distracción digital que amenaza sobre todo a los jóvenes. El segundo factor es el espacio. «Antes no vivíamos en una sociedad en la que cada minuto tiene que ser aprovechado. No hay lugar para ser curioso». Y esa fijación por el resultado. «Curiosear es una experimentación a largo plazo, muchas veces va a llevar a callejones sin salida». Todo ello se combate diariamente a través de la pedagogía. Clases con la filosofía socrática de enseñar a través de preguntas para hacer participar a los estudiantes. «Antes de transmitirles el conocimiento, que el alumno se enfrente a sus estereotipos y prejuicios». Una causa a la que ayuda la actividad estudiantil a través de los clubes «para que se organicen sus propios eventos, formaciones, debatan, que sean ellos mismos los que creen una vida comunitaria en la universidad, que no solo venga de las clases». Otro complemento son viajes de estudio y simulaciones fuera del aula, en empresas o instituciones internacionales. «Que viaje y conozca otros contextos. Que se les abra la mente para estimularles la curiosidad». Y encontrar su objetivo, con o sin cámara.