Editorial: Reloj sin cambios

La propuesta de Bruselas para eliminar los ajustes horarios reabre el debate sobre los hábitos laborales y sociales en España

Editorial: Reloj sin cambios
Bryan Snider / Reuters
El Norte
EL NORTEValladolid

La Comisión Europea ha lanzado un guiño a la participación popular en las decisiones de la UE con la consulta abierta en Internet sobre la conveniencia de mantener o abolir los dos cambios de hora que se registran cada año. Aunque la votación no era vinculante, Bruselas se ha comprometido a plasmar sus contundentes resultados en una propuesta para reformar la directiva que regula esta cuestión con el objetivo de optimizar el aprovechamiento de la luz diurna y reducir el consumo de energía.

Los europeos dejarán de adelantar y atrasar el reloj según la época del año cuando la nueva normativa entre en vigor, como ha apoyado el 84% de los intervinientes en un proceso que acerca las instituciones comunitarias a los ciudadanos. El sentido de la responsabilidad y el buen funcionamiento del mercado interior aconsejan una armonización lo más amplia posible entre países, de forma que la libertad de la que dispondrá cada uno para optar entre el horario de verano y el de invierno no derive en un caos que altere radicalmente la situación actual, sobre todo entre vecinos.

Resulta llamativo que el propio Ejecutivo comunitario, a la vista de estudios científicos recientes, cuestione los supuestos beneficios de una medida que aplica desde nada menos que 1981. La rectificación es obligada e incluso llega tarde si, como sostiene la opinión ahora preponderante, el ahorro que genera el cambio horario es tan modesto que no compensa los desajustes que causa en los biorritmos de los ciudadanos hasta que se acostumbran a él y sus nocivos efectos en la salud de una parte de la población.

El ahorro que genera el cambio horario es tan modesto que no compensa los desajustes que causa en los biorritmos de los ciudadanos

La iniciativa debería propiciar un debate sobre la racionalización de horarios en España para hacerlos más acordes al resto de la UE y favorecer la conciliación entre la vida familiar y laboral. Un reto de largo alcance, que supondría un profundo cambio de hábitos sociales –tendría que afectar al 'primer time' de la televisión o a los horarios del fútbol para ser realmente efectivo– y en el que habrían de implicarse tanto las instituciones públicas como las empresas.

La propuesta de la Comisión Europea desempolva la histórica controversia sobre una posible modificación del huso horario de España para acomodarlo a su situación geográfica. El hipotético ajuste para hacer coincidir la hora con la de otros países del meridiano de Greenwich, como Gran Bretaña y Portugal –y no con la de Alemania como sucede desde 1940– requiere un pormenorizado estudio que evalúe sus ventajas e inconvenientes antes de adoptar una decisión. El Gobierno ha prometido actuar con la obligable cautela en una asunto que exige el máximo nivel de consenso político y social.

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