Editorial: Yo también

#MeToo es un emplazamiento a la sociedad y a las instituciones que no permite excusas y exige acabar con la permisividad ante los abusos

Una mujer protesta contra el acoso sexual./AFP
Una mujer protesta contra el acoso sexual. / AFP
El Norte
EL NORTEValladolid

El movimiento #MeToo surgió hace un año en Estados Unidos en torno a los testimonios personales de mujeres con proyección pública que, una tras otra, se declararon víctimas de agresión, abuso o acoso sexual, hasta advertir de la existencia de situaciones de desigualdad y machismo en toda actividad profesional jerarquizada. Esos testimonios no solo ponían nombre y apellidos a las afectadas por tan extrema injusticia, sino que en muchas ocasiones acusaron también con nombre y apellidos a quienes la habían perpetrado. Las redes sociales convirtieron el fenómeno en una verdadera rebelión, que fue extendiéndose de la industria audiovisual hacia otros sectores y de Hollywood hacia el resto del mundo. Afloró aparentemente de improviso, pero fue la eclosión de una rabia contenida durante generaciones. La expresión de una toma de conciencia creciente frente a la posesión machista y sus múltiples manifestaciones. #MeToo puso nombres y apellidos, y calificó sin ambages los hechos y las situaciones denunciadas. 'Yo también' es una invitación a que las mujeres que hayan sido objeto de la depredación o del acoso laboral por parte de quienes se creían tan superiores respecto a ellas que estaban seguros de que guardarían silencio recuperen su dignidad mediante su testimonio. Es un emplazamiento, a la sociedad en su conjunto y a las instituciones en especial, para que desaparezca la permisividad ante la injusticia, nadie pueda mirar hacia otro lado y tampoco nadie pueda desentenderse de aquello que esté en su mano para cambiar las cosas. #MeToo es un llamamiento dirigido también a las mujeres en tanto que, sea cual sea su posición en la jerarquía social, son las primeras interesadas en abrir espacios a la igualdad. Un llamamiento a que la actitud de aquellas que ocupan puestos de liderazgo o notoriedad no pueda servir de coartada para la perpetuación de la ignominia. Un año ha sido suficiente para que las cosas se pusieran en su sitio en cuanto a la identificación de infinidad de situaciones indignantes, ante las que ningún poder del Estado y ninguna organización económica o social pueden ya llamarse a engaño. Aunque un año no basta para evaluar los efectos reales del movimiento 'Yo también' a nivel global y en cada uno de los países. Su decaimiento es el principal riesgo que corre #MeToo, junto a las disquisiciones sobre qué es o no es verdaderamente feminista. Su decaimiento es lo que esperan los sectores más desconcertados ante un movimiento que acaba denunciando la misoginia como última reserva de la mayor desigualdad que padece la humanidad.

 

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