Los cotilleos, el pecado original de los peluqueros

Representantes de los peluqueros italianos saludan al Papa en el Vaticano./Vatican news
Representantes de los peluqueros italianos saludan al Papa en el Vaticano. / Vatican news

El Papa pide a barberos y esteticistas que no caigan en la tentación de los chismorreos, habituales en su entorno de trabajo

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

No podía estar más nervioso el coordinador del Comité San Martín de Porres en la audiencia que unos 230 miembros de esta asociación de peluqueros y esteticistas italianos mantuvieron ayer en el Vaticano con el Papa. Mientras esperaba a que llegara el Pontífice, repetía una y otra vez por el micrófono a sus compañeros que no se podían hacer fotos con Bergoglio y que se olvidaran de arrodillarse o besarle la mano. Pretendía así evitar un nueva polémica como la que se montó el mes pasado cuando Francisco les 'hizo la cobra' a varios feligreses durante un besamanos en el santuario de Loreto.

Sus ruegos tuvieron éxito y la atención se centró en esta ocasión en las palabras que el Papa les dijo a los peluqueros. Les pidió que desempeñen su trabajo con «estilo cristiano» y sin caer en la tentación de los «cotilleos», tan habituales en su entorno de trabajo. «Todos los sabemos», dijo el líder católico, que improvisó sobre el texto que tenía preparado para sacar a colación el pecado original de muchos peluqueros y esteticistas. También invitó a estos trabajadores a que traten a sus clientes «con amabilidad y cortesía» porque pueden contribuir así «al bien común de la sociedad».

La advertencia de Francisco a estos profesionales para que no cedan «a la tentación del chismorreo que fácilmente sucede en vuestro contexto laboral» supone uno más de sus llamamientos contra los cotilleos. En sus seis años de pontificado, Bergoglio ha dejado bien claro que no le gustan para nada y que los considera un peligro tanto para la Iglesia como para la sociedad. «Los cotilleos destruyen la comunión por ser inoportunos o por su falta de delicadeza. Es más, los chismes matan. Los chismosos y las chismosas son gente que mata a los demás, porque la lengua mata, es como un cuchillo. Tened cuidado, el chismoso y la chismosa es un terrorista, tira la bomba a los demás y se va tranquilo», les dijo a los alrededor de 11.000 fieles que siguieron en la plaza de San Pedro la audiencia general del 14 de noviembre.

También se ocupó Francisco del poder destructivo de las habladurías maliciosas en febrero de 2016 durante la clausura del Año de la Vida Consagrada. En un discurso improvisado de más de una hora subrayó sobre cuál es, en su opinión, el mayor peligro para las comunidades religiosas: el terrorismo de los chismes. «Si tengo ganas de decir algo contra un hermano o una hermana, de tirar una bomba de cotilleos, hay que morderse fuerte la lengua. No al terrorismo en las comunidades. Si hay algo que corregir, le dices a la persona: 'Tienes esta actitud que a mí me fastidia o no está bien o no es conveniente'. Lo dices a la persona que puede resolver el problema y a nadie más. Los chismorreos no sirven para nada».

En su discurso de ayer, Francisco aprovechó para explicar por qué San Martín de Porres es el patrón de los peluqueros. Fue una decisión de Pablo VI en 1966 para recordar que este santo mestizo peruano que vivió a caballo entre los siglos XVI y XVII trabajó en su juventud con un peluquero. «Vivió su existencia con la máxima humildad. Se dedicó con abnegación a los pobres y a los enfermos, dedicándoles curas sanitarias gracias a las nociones que aprendió primero en una farmacia y luego como aprendiz de un barbero-cirujano, según la costumbre de aquel tiempo», dijo el Papa, destacando que su ejemplo debe ser un «estímulo» para los peluqueros, barberos y esteticistas de hoy.