La Ciencia sigue en busca de la felicidad

La Ciencia sigue en busca de la felicidad

Estudios y teorías de diversos ámbitos difieren sobre el componente científico del bienestar emocional, aunque muchos de ellos coinciden en señalar la preminencia del factor genético

JOSÉ MANUEL ANDRÉSMadrid

El 20 de marzo está marcado en el calendario desde hace seis años como el Día Internacional de la Felicidad por una iniciativa del Reino de Bután, un reducto de belleza hipnótica ubicado en plena cordillera del Himalaya que considera la Felicidad Nacional Bruta en lugar del Producto Interior Bruto. Hoy por hoy la búsqueda del bienestar emocional sigue siendo el motor principal de la existencia humana, pero qué dice la Ciencia respecto a ella.

Los caprichos de la genética condicionan gran parte de nuestra peripecia vital y lo hacen también con el gran objetivo de alcanzar esa sensación imposible de explicar con palabras. Ésta es al menos una conclusión generalizada entre los numerosos estudios y teorías publicados hasta ahora sobre la no siempre bien avenida relación entre Ciencia y felicidad. Sonja Lyubomirsky, doctora en psicología e investigadora en el campo de la felicidad, establece en su libro 'La ciencia de la felicidad' en un 50% la influencia genética en nuestra capacidad para ser felices. Asimismo determina en un 10% la importancia de los factores ambientales y culturales. Más allá de ello, el 40% que resta para completar esta particular ecuación de la felicidad se refiere a todo aquello que se hace y se piensa, algo que depende de uno mismo.

Enriquecimiento, realización profesional o fama suelen ser las variables a las que los jóvenes aluden recurrentemente como condicionantes de la felicidad. Sin embargo, los vínculos afectivos con familiares y amigos parecen guardar la clave del éxito. Según un estudio de la Universidad de Harvard -Harvard Study of Adult Development- que desde 1938 ha seguido y examinado de cerca la vida de más de 700 personas, las relaciones con los amigos y principalmente con la pareja resultan fundamentales. «Una y otra vez en estos 75 años nuestro estudio ha demostrado que la gente a la que le va mejor es aquella que se apoya en las relaciones con su familia, amigos y con la comunidad», señala Robert Waldinger, actual director del proyecto de investigación, que reconoce no obstante que la investigación muestra una correlación y no necesariamente una causa, ya que es más fácil que la gente que desde un inicio es más saludable y feliz mantenga y cree relaciones, mientras que los más enfermos poco a poco se aíslan socialmente o terminan envueltos en relaciones adversas.

«Una y otra vez en estos 75 años nuestro estudio ha demostrado que la gente a la que le va mejor es aquella que se apoya en las relaciones con su familia, amigos y con la comunidad» Robert Waldinger

Necesidades humanas

En este sentido, la Psicología señala que el subconsciente alimenta el estado de ánimo, por lo que admitir los límites de la personalidad facilitará la capacidad de no derrochar recursos en aquello que es incontrolable, mientras que tratar de condicionar el entorno al propio deseo sólo impedirá que se consiga atisbar lo que es el flujo que lleva al estado de ánimo feliz. Así, según la teoría hedonista, conforme una persona aumenta su nivel económico, sus deseos y aspiraciones suben en paralelo, lo que da como resultado la neutralización de las ganancias en materia de felicidad. De esta manera, los cambios positivos -encontrar un trabajo o enamorarse- tienen unos efectos emocionales pasajeros y dejan paso a un regreso progesivo al estado de felicidad genéticamente marcado.

Respecto a la influencia de las aspiraciones y deseos en el desarrollo personal, la pirámide de Maslow, propuesta por el psicólogo estadounidense Abraham Maslow, establece una jerarquía de necesidades humanas que van desde la fisiología a la autorrealización pasando por la seguridad, la afiliación social y el reconocimiento. Una teoría que ha sido posteriormente criticada y revisada por su profunda jerarquización social.

Los cambios positivos -encontrar un trabajo o enamorarse- tienen unos efectos emocionales pasajeros y dejan paso a un regreso progesivo al estado de felicidad genéticamente marcado

Una cuestión de resiliencia

El profesor e investigador de Psicología de la Universidad de Harvard Dan Gilbert va un paso más allá en sus postulados, se centra en la adversidad y la incertidumbre y compara las defensas de la mente con las del organismo ante la enfermedad. «Los seres humanos infravaloran su propia resiliencia: no se dan cuenta de lo fácil que será cambiar su visión del mundo si ocurre algo malo. Constantemente sobredimensionan lo infelices que serán ante la adversidad», señala Gilbert, que invita a renunciar a la expectativa y la planificación y alude a la importancia de toparse con la felicidad en lugar de buscarla de manera consciente o lo que es lo mismo, a valorar el viaje por encima del destino.

«Los seres humanos sobredimensionan lo infelices que serán ante la adversidad» Dan Gilbert

Neurotransmisores y hormonas de la felicidad

También la Biología ha abordado el inmenso ámbito de la felicidad humana desde una óptica puramente química y ha determinado los neurotransmisores y hormonas que determinan los estados de ánimo y las sensaciones de bienestar y placer: la serotonina, las endorfinas, la dopamina, la feniletilamina y la oxitocina. Las variaciones en los niveles de estas sustancias afectan positiva o negativamente a un bienestar psicológico que también se ve condicionado por los cambios de la edad.

Serotonina, endorfinas, dopamina, feniletilamina y oxitocina son neurotransmisores y hormonas que determinan los estados de ánimo y las sensaciones de bienestar y placer

En 2012, un grupo de neurocientíficos alemanes concluyeron mediante escáneres cerebrales y técnicas para medir la actividad emocional que las personas sanas de edad avanzada tienden a sentirse menos infelices con las cosas que no pueden cambiar que las personas jóvenes. Un estudio que refuerza la teoría de que las personas mayores se sienten más cómodas frente a la incertidumbre que aquellos que se encuentran en las primeras etapas de la vida.

No obstante, el secreto de la felicidad sigue siendo hoy por hoy un enigma para el análisis científico, efectivo en la generalidad pero aún errático en la abrumadora particularidad del individuo concreto. A la espera de una respuesta que quizás nunca llegue, este concepto que persigue al ser humano desde sus inicios y que evoluciona con el transcurrir de los tiempos seguirá copando debates, artículos y estudios científicos.

 

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