El 'brexit' durmió al eurófobo atildado

Jacob Rees-Mogg, dormido plácidamente en la bancada delantera del Parlamento británico./AFP
Jacob Rees-Mogg, dormido plácidamente en la bancada delantera del Parlamento británico. / AFP

Jacob Rees-Mogg, el 'tory' que se echó la siesta durante el debate, es uno de los diputados más excéntricos y controvertidos del Parlamento

FERNANDO MIÑANA

A Jacob Rees-Mogg, el portavoz del Partido Conservador en la Cámara de los Comunes, lo habitual era verlo tieso como una columna dórica. De pie, con su aire aristocrático, o sentado muy formal. Por eso, y porque el inquietante futuro del Reino Unido estaba cociéndose en el Parlamento, sorprendió encontrárselo repantingado en una de las bancadas delanteras de Westminster. Ahí, extendido sobre tres escaños verdes, estaba pegando una cabezadita, tan a gusto, cuando algún laboralista indignado elevó el tono para acabar con ese sueño bochornoso. Rees-Mogg abrió los ojos sorprendido, hizo un leve gesto y se ajustó sus gafas sin montura sin aparente sonrojo.

La fotografía y el vídeo de la anécdota dieron la vuelta al mundo a la velocidad fulgurante de las redes sociales. Y el sueño debió convertirse en una pesadilla en vista de la indignación que causó, por su simbolismo, esa siesta clandestina en el santuario de la política británica.

El caso es que el 'brexit' amodorró a este eurófobo confeso, defensor de una ruptura radical con Europa. Una postura que algunos sospechan interesada: Rees-Mogg es uno de los cofundadores y accionista principal de Somerset Capital, una compañía especializada en inversiones en mercados emergentes con cerca de 10.000 millones de dólares de fondos. Y, según 'London Economics', «las medidas para crear barreras al comercio con la UE obligarán a las empresas británicas a cerrar acuerdos en otros lugares, beneficiando directamente a las empresas que respaldan los mercados emergentes».

Cierto o no, el diputado 'tory' siempre fue un zorro de las finanzas. Hay una foto en blanco y negro muy reveladora que muestra al niño Jacob sentado mientras lee el 'Financial Times', con una máquina de escribir al lado y un par de osos de peluche detrás. Esa mezcla infantil y adulta también se daba en su vida real. A aquel chiquillo le gustaba el críquet y era fan del Somerset County Cricket Club, pero al mismo tiempo que sus compañeros pateaban un balón él jugaba en el mercado de valores con 12 años. No mucho antes había augurado que a los 20 ya sería millonario. Multimillonario a los 40. Su tercera predicción le proyectaba como primer ministro a los 70.

Una caricatura

A los 50, no ha derrumbado su pronóstico. Amasa una fortuna y prospera en la política -sonó como relevo de Theresa May-, ahora como lugarteniente de Boris Johnson, quien lo ascendió en julio. Y lo ha hecho todo sin perder ese toque 'nerd' de la foto del niño que leía el 'Financial Times' y que le pidió prestadas 50 libras a un primo lejano para que su padre los invirtiera en su nombre. Su progenitor, Lord William Rees-Mogg, quien con 39 años ya era editor del 'Times' -lo dejó 14 años después, cuando Rupert Murdoch compró el periódico en 1981-, vio que tenía ojo y fue cediéndole algunas acciones. Murió en 2012 y su hijo lo recuerda con admiración. «Mi padre, con quien discutí todos los aspectos de la política y las finanzas, fue la mayor influencia en mi vida profesional».

De él también heredó su fe católica. Jacob, el cuarto de cinco hermanos, también formó una familia numerosa: tiene seis hijos (ninguno con menos de tres nombres). Aunque antes le pidió la mano a la hija de la exmarquesa de Bristol, que atesora una fortuna de 45 millones de libras, junto a uno de los seis cuadros con la firma de Van Dyck que posee la familia en su despampanante mansión en Kent. La boda se celebró en la catedral de Canterbury.

El personaje

50 años.
Jacob Rees-Mogg nació el 24 de mayo de 1969 en Hammersmith, al oeste de Londres. Su padre fue 14 años editor de 'The Times'.
Empresario y político.
Además de portavoz del Partido Conservador es cofundador y máximo accionista de una empresa especializada en mercados emergentes, con un capital de 10.000 millones de dólares.
Familia.
Está casado con la única heredera de la exmarquesa de Bristol, tiene seis hijos y presume de no haber cambiado un pañal en su vida.

Su educación privilegiada y esa riqueza tan temprana le colocaron en una posición que, lejos de disimular, acentuó con ese aspecto de inglés de otro siglo con sus trajes cruzados de Savile Row y su dicción eduardiana. Es un inglés tan prototípico que a veces hasta parece una caricatura, y el diario 'The Economist' le describió como «una cabina telefónica roja hecha carne». Un tipo peculiar que nunca, con siesta o sin ella, pasa desapercibido.

En uno de sus discursos logró un curioso récord, al pronunciar 'floccinaucinihilipilification', la palabra, con sus 29 letras, más larga jamás utilizada en el Parlamento. Menos anecdóticos han sido algunos de sus posicionamientos a lo largo de su carrera política. No solo por su rotundo apoyo a la versión más dura del Brexit, que muchos solo entienden en alguien que vive entre un adosado en Myfair y una mansión en Somerset. Sino por su oposición al aborto, incluidos los de las víctimas de una violación, o su rechazo a los matrimonios homosexuales. Un parlamentario conservador gay, indignado, le contestó con una columna en el 'Times': «Sus modales están perfumados pero sus opiniones son envenenadas». Y añadió: «Para un Partido Conservador del siglo XXI, Jacob Rees-Mogg sería pura cicuta».

El diputado 'tory' simpatiza con Donald Trump y se expresa con sorna en el debate sobre el calentamiento global, asegurando en un discurso que entiende «los mercados emergentes que comprensiblemente ponen a las personas antes que a los osos polares». Por si no fuera suficiente, últimamente se ha subido al caballo de las redes sociales, las mismas que mostraron su siesta al mundo.