Apocalipsis zombi con 'State of Decay 2'

Apocalipsis zombi con 'State of Decay 2'

Esta secuela apuesta por angustiar al jugador en la gestión de su grupo

EDUARDO M. ESPALLARGAS

A las puertas del E3, la feria de videojuegos más mediática del mundo en la que las compañías presentan sus novedades para los próximos meses y años, los usuarios siguen recibiendo videojuegos de peso. El último de ellos ha sido la esperada secuela del título de supervivencia 'State of Decay', exclusiva para Xbox One y Windows 10, que apuesta por el 'más y mejor' y engrandece la grata experiencia que supuso la primera entrega. Si bien los zombis no están tan de moda como cuando se lanzó el original, el componente survival y su ambientación post-apocalíptica, con gráficos mejorados, hacen de este 'State of Decay 2' una secuela a la altura de las circunstancias. Resulta alentador además el énfasis que se hace en aspectos clave de cualquier experiencia zombi: la creación de refugios, gestión de recursos y relaciones humanas.

Si por algo destacó 'The Walking Dead', la eterna serie de cómics creada por Robert Kirkman y después adaptada en forma de serie de TV, es en el punto en el que situó el foco de la trama. Pese a presentar a un grupo de supervivientes que debían enfrentarse a hordas de muertos vivientes, el quid no eran tanto los enfrentamientos y la lucha sino el propio ser humano y sus diferentes formas de enfrentarse al fin de la civilización. No importaba tanto el origen de la infección o si los ejércitos serían capaces de controlar la situación, sino qué hacer para reconstruir y no volverse loco en el intento. Algo así como una reflexión continua sobre la locución latina 'homo homini lupus' (el hombre es un lobo para el hombre).

Pues bien, de este mismo punto de partida parte 'State of Decay 2', que sitúa a los jugadores en una región de EEUU en la que hordas de zombis campan a sus anchas y la muerte ha tomado el control. A partir de aquí solo queda la opción de hacer frente a la situación y para ello 'State of Decay 2' apuesta por formar comunidad. Este es uno de los puntos en los que el videojuego hace más énfasis, y es que unidos es más fácil enfrentarse a peligros. Así, tras completar el tutorial, el título invita al usuario a seleccionar a su pareja protagonista, dos personas con algún tipo de relación entre ellas marcada por su historia de supervivencia. Según los elegidos, la aventura comienza en un punto u otro del mapa y es el jugador el que debe ir construyendo la trama con sus acciones.

Por el camino aparecerán otros supervivientes a los que ayudar y que solicitarán diferentes encargos, como limpiar una zona de zombis o llevarlos a algún lugar. Las misiones pueden acabar con el personaje como nuevo miembro del grupo y a partir de ese momento pasará a ser responsabilidad del usuario. Es más, hay que tener en cuenta aspectos tan básicos como la comida, los medicamentos o incluso la felicidad de los compañeros. En la gestión de la comunidad reside la clave de 'State of Decay 2', que pone el acento en las cualidades de los diferentes miembros, pues cada uno cuenta con sus propias habilidades y ventajas.

En este sentido, se ha querido profundizar más en el apartado más rolero del juego, y los personajes podrán mejorar diferentes cualidades según las van practicando, como puede ser el combate cuerpo a cuerpo o con armas de fuego. Otros detalles como la posibilidad de nombrar líder al personaje más preparado son algunos ejemplos del nivel al que ha querido llevar la gestión del grupo los responsables del título. También, por supuesto, la gestión de las instalaciones y del propio espacio físico, que irá evolucionando a medida que se progresa en la aventura, se mejora a los personajes y se obtienen materiales y objetos. La exploración del mundo abierto del juego es tan importante como peligrosa.

Por otro lado, la falta de recursos es otro de los aspectos clave del juego. El usuario siempre tendrá la sensación de estar falta de todo, ya sea munición, alimentos o gasolina mientras nos trasladamos a otro punto del mapa en busca de algo que puede hacer más feliz a nuestra comunidad. Una sensación de angustia que le da un toque único a la jugabilidad del videojuego y se alza como la auténtica salsa de 'State of Decay 2'. Al fin y al cabo, una pandemia zombi no podía ser un camino de rosas. Criaturas de pesadilla y zombis de todo tipo y condición se interpondrán en el camino de los personajes, por lo que la acción y los combates tampoco se quedan cortos, aunque es cierto que son algo simples.

Más vale que el jugador se muestre habilidoso, pues la muerte de un miembro del grupo es para siempre (otro elemento angustioso). Los viajes de exploración por el detallado mapa del juego son una aventura en sí mismos, y cuando cae la noche la sensación de peligro y terror se multiplica. Sin duda, 'State of Decay 2' consigue ofrecer una gran variedad de situaciones de lo más divertidas precisamente en la forma en que hace que el jugador lo pase mal. No faltan, habitual en este tipo de juegos a gran escala, una larga retahíla de bugs y errores que, sin empañar la acción, sí la entorpecen aunque los responsables ya han presentado una gran actualización para pulir el juego.

Cabe destacar el salto gráfico con respecto a la primera entrega, y es que 'State of Decay 2' muestra unos Estados Unidos rurales más detallados y definidos, así como un mejor nivel en el diseño de los personajes. Por último, mencionar una de las grandes novedades, los responsables del título han añadido muy acertadamente un cooperativo que le sienta de maravilla. De esta forma, los usuarios podrán unirse a otros tres jugadores para que le ayuden en las misiones. Ahora bien, estos son meros acompañantes y su intervención se limita a la acción pura y dura. Una oportunidad perdida cuando lo ideal hubiese sido compartir mundo y supervivencia con amigos, haciendo a los cuatro corresponsables de todo cuanto acontece.

Con todo, es obvio que 'State of Decay 2' es un gran salto adelante de esta saga del estudio Undead Labs, con nuevos ingredientes que mejoran la experiencia y apuestan por una supervivencia nada halagüeña, tal y como debe plantearse el enfrentamiento al fin de la civilización y hordas de muertos vivientes.

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