Aceitunas de silicona contra los cacos

El botín de un robo de cosechas abortado por la Guardia Civil./R. C.
El botín de un robo de cosechas abortado por la Guardia Civil. / R. C.

Hartos de robos en el campo, los agricultores inventan un falso fruto con un geolocalizador que ubica a los ladrones

Antonio Corbillón
ANTONIO CORBILLÓN

Todos los años, la familia de olivareros Berrio sufre la misma frustración en sus fincas de Iznatoraf, en la comarca de Las Villas de la serranía jienense de Úbeda. «Al volver a los suelos para rematar la recogida ya no hay nada. ¡Y te quedas sin la mitad de la cosecha!», explica Antonio Berrio. La de la aceituna se puede demorar en dos fases; a veces separadas por semanas, incluso meses. El producto se queda en el campo a la espera. Y los cacos se aprovechan. Muchos otros olivareros son víctimas habituales de los asaltantes rurales.

Es un robo que nada tiene que ver con la rebusca, en la que cada propietario permite a alguna cuadrilla la recogida de los últimos frutos, con fecha oficial y previa autorización administrativa. Solo en Jaén, y en la última campaña, se ha denunciado el robo de 255.572 kilos de aceitunas. La Guardia Civil ha logrado recuperar algo más de la mitad (139.030 kilos).

El 'oro negro' no es el único fruto de deseo de los ladrones. «En las últimas temporadas está repuntando mucho el asalto al aguacate y el mango en las plantaciones tropicales desde Huelva hasta Málaga», advierte el responsable técnico del sindicato agrario COAG en Jaén, Francisco Elvira. «Están muy organizados», completa el portavoz de Frutos Tropicales de su organización, Álvaro Bazán. «Cuando descubren que un campo está poco vigilado –añade– te lo dejan limpio. Les da igual que esté maduro». Las quejas llevaron a la Guardia Civil hace cinco años a crear los grupos Roca (Robos en el Campo). Son 100 patrullas, unos 500 efectivos, especializados en vigilar áreas rurales. En todo caso, una cifra insuficiente para tantos millones de hectáreas cultivadas en España.

CACOS RURALES

37 robos diarios se producen en los campos españoles. Las cifras han descendido casi a la mitad en el último quinquenio, pero aún se denunciaron más de 13.600 casos en 2017. Los productores dicen que presentan menos quejas porque se archivan los casos y ya no confían en la Justicia. Solo en Andalucía hay casi un cuarto de millón de dueños de explotaciones agrarias, de los que 170.000 se dedican a la producción de aceite de oliva.

Además de continuar la tradición, Antonio Berrio es gruista y mecánico. Durante dos años, él y su amigo de la infancia Ramón Cárdenas, abogado e informático, estuvieron dándole vueltas a algún sistema que permitiera «poner puertas al campo». Es el lema de la empresa Agrosecurity que han fundado y cuya primera patente es un simulacro de aceituna con un chip de radiofrecuencia para tratar de seguir la ruta de los cuatreros rurales.

El señuelo es una aceituna de termosilicona (biodegradable) que se pone en cualquier árbol o en el suelo y que, una vez transportada, «permite seguir su rastro con una pistola de radiofrecuencia», explica Antonio Berrio. Han cuidado cada detalle en busca de una falsa oliva que flote en el agua o cambie de color durante el proceso de aliño, para poder detectarla con más facilidad. Su invento se completa con otro dispositivo que facilita su retirada de las cintas transportadoras.

En los olivares están convencidos de que los robos «los realizan siempre los mismos». Y que el producto acaba en almazaras de otras regiones, lo que perjudica la calidad del aceite. «Con nuestro invento, defendemos la trazabilidad, mejoramos la calidad y también los precios», afirma Antonio Berrio. Cada año se roban cientos de miles de kilos. Las recuperaciones han aumentado, pero «no se devuelven a sus dueños, porque no se sabe de quién eran las olivas».

Primeras pruebas

De extenderse el uso de la falsa aceituna, se podría «cortar el canal de comercialización cómplice. La clave para reducir los robos de las cosechas es atacar al finalista», insiste la secretaria de Desarrollo Rural de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), María Sánchez Seoane. Tras presentarlo en sociedad, el proyecto de Agrosecurity empezará su fase comercial en breve. En los próximos días, sus promotores esperan firmar un contrato para financiar la producción de las primeras mil unidades, que se probarán en varias cooperativas.

Cada aceituna 'de pega' valdrá 1,33 euros y, para que no se disparen los costes, Antonio Berrio calcula que con poner un señuelo en el 5% de los árboles de una plantación sería suficiente. «Un olivarero con mil árboles apenas tendría que gastarse 70 euros en los 50 señuelos que debería colocar en ramas o en el suelo para garantizarse una casi total seguridad». Incluso han creado una pistola detectora que esperan que sea utilizada por las patrullas policiales en el futuro. En Agrosecurity estudiaron la posibilidad de mejorar su prototipo incluyéndole un GPS. «Pero lo hemos descartado porque haría falta meterle litio. Es un riesgo contaminante para el campo», argumenta su inventor.

La lucha del mundo rural contra el furtivismo es un viejo relato con un presente de frustración. Ángel Galve, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores en Castilla La Mancha, tiene una plantación de manzanas en Guadalajara. «Pillé a un ladrón y se puso como un energúmeno. Llamé a la Guardia Civil y no vino nadie. Un mes después me llegó la denuncia archivada».

Descartado el cereal, de precios bajos y transporte complicado, el ojo de los ladrones se ha centrado en las cosechas que se pueden vender más fácilmente. Además del olivo y los cultivos tropicales, los frutos secos figuran entre sus objetivos. «Se llevan los sacos de los almacenes después de que las cuadrillas los cosechan», asegura Ángel Galve. La fuerte expansión del pistacho y el almendro, sobre todo por las dos Castillas, se ha unido a las habituales razias del piñón en Tierra de Pinares (Valladolid y Segovia), un clásico de todas las campañas.

Rondas nocturnas

«Muchos agricultores están haciendo dormidas en el campo para prevenir», informa María Sánchez Seoane. La delincuencia rural se activa en las zonas de regadío en las semanas previas a la cosecha, cuando los bandoleros fijan su objetivo en los equipos de riego instalados a campo abierto. También los agricultores de frutas del trópico, cuyos cultivos superan ya las 3.100 hectáreas en Andalucía, han apostado por proteger ellos mismos sus tierras. «Se están haciendo patrullas para meter un poco de miedo», admite Álvaro Bazán.

De poco o nada ha servido el endurecimiento de las penas por robos en las explotaciones agrarias de la última reforma del Código Penal. Los hurtos ahora son delitos leves (en lugar de faltas) y se imponen penas mayores por la receptación de las cosechas o la multirreincidencia. «Pero sigue siendo rentable pagar la multa y robar cosechas», lamentan los sindicatos.

En España se registra una media de casi 40 robos diarios en el campo. Aun así, el Ministerio del Interior achaca el fuerte descenso de los delitos (13.660 en 2017, un 55% menos que en 2013) a la creación hace cinco años de esos Grupos Roca. Un optimismo que no alcanza a las centrales agrarias. «El Gobierno dice que han bajado, pero en realidad lo que bajan son las denuncias, los robos siguen en cifras similares», censura María Sánchez Seoane.

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