Las flores de los que se fueron

Plantas de crisantemo en plena floración /
Plantas de crisantemo en plena floración

En España el crisantemo fue siempre la flor que se ofrecía a los difuntos, una costumbre que poco a cae en desuso

ELOY DE LA PISA

El pasado 21 de octubre, cuando David McFly García llegó al Valladolid del futuro en su R-11 rojo preparado por el inefable Doc, se encontró con un mundo diferente en los detalles, pero con muchas similitudes con el de su momento de origen. En la saga de Zemeckis no consta que el protagonista tuviera inquietud por la botánica, la biología o la ecología. Pero, ya que estamos, vamos a poner que sí las tenía. Total, si los guionistas dibujaron a Marty como un adolescente maduro, también le podemos considerar ahora como un tipo involucrado con el medio ambiente.

Bueno, pues eso, que nuestro Mcfly de reciedumbre castellana se hubiera quedado perplejo al observar que en las floristerías, y en esas tiendas en las que trabajan tantos orientales, abundaban hasta la saciedad los tiestos de crisantemos. Macetas y macetas con plantas en flor de todos los colores. «¿Por qué tienen en la calle las flores de los muertos? ¿Quién se ha muerto?», se preguntaría. «Nadie», le responderían. ¿Y las flores?» «Ahora son de adorno, no son para los muertos» Y a fuer de sinceros que el bueno de nuestro protagonista se rascaría la cabeza con un gesto de entender entre muy poco y nada.

Pues sí, David McFly García, pues sí. El crisantemo ya no es la flor de los muertos. Si en estos días te acercas a cualquier camposanto verás que lo que abundan sobre las lápidas son rosas y claveles. Milagros de la ingeniería genética, de los mares de plástico y de la capacidad del hombre para colocar las cosas de una parte a otra del mundo en unas horas. Lo que en 1985 era impensable ahora es habitual. El crisantemo era la flor de los muertos por la sencilla razón de que para el día de los Santos era casi la única planta capaz de producir flores con los fríos del final del otoño. Flores que resistieran además las bajas temperaturas y formaron bloques compactos. El pensamiento también produce flores con el frío, pero ni en tanta cantidad ni con tanta variedad cromática.

Pero rosas, claveles y crisantemos se utilizan en España, pero no en otros países. El culto a los muertos es algo muy mediterráneo, y es de esas cosas que hemos exportado al otro lado del charco. De hecho se dice que el día de los difuntos en México es especialmente llamativo, y que hay pocos países en el mundo con cementerios tan cuidados y atendidos como los de allí.

¿Por qué ponemos flores a los muertos?

El origen de la costumbre de dejar flores a los muertos, que aunque de origen difuso se ha prácticamente universalizado, se encuentra en la necesidad que ha tenido y tiene el ser humano de velar a sus muertos: rezar por ellos, despedirles, acompañarles en su viaje al paraíso, al hades o donde sea que vayan. Ese velatorio, en la actualidad, no produce más que la congoja o la pena propias de la situación, pero antaño provocaba también un evidente olor de descomposición, ya que no existían las técnicas de embalsamamiento actuales. Las flores cumplían la función de envolver ese fétido perfume.

En América se utilizan tres tipos de flores, una de las cuales es muy usada en Europa para composiciones de jardinería en las que se trata de resaltar notas de color en una zona dominada por el césped. Es el tagete, que en México se llama cempasuchitl. Originaria de allí, y también conocida como clavel de Indias, los aztecas utilizaban sus pétalos para alfombrar el camino entre la casa del difunto y el altar de la ceremonia. El objetivo era que el espíritu del difunto pudiera hallar el camino correcto hacia el más allá-

La flor conocida como Nube, nombre científico Gypsophila murales, es otra de las flores de muertos más habituales. Se utiliza primordialmente como acompañante secundario de los arreglos florales. Su blanco prístino simboliza la pureza, pero es una flor lo suficientemente humilde y discreta como para que se complemente a la perfección con aquellas que se quiere dominen las composiciones.

El terciopelo, celosa cristata, es la otra flor de los muertos. Curiosamente es más conocida en herboristería por sus propiedades astringentes, antibacteriales y depurativas, así como para el tratamiento de enfermedades de la piel, diarrea, fiebre y dolores de cabeza.