Bercianos de Aliste rememora el entierro de Cristo en una procesión que se remonta al siglo XVI

La localidad zamorana de Bercianos de Aliste, cuyas procesiones del Jueves y el Viernes Santo están declaradas Bien de Interés Cultural, celebra el desfile procesional del Santo Entierro tras el sermón del descendimiento. /
La localidad zamorana de Bercianos de Aliste, cuyas procesiones del Jueves y el Viernes Santo están declaradas Bien de Interés Cultural, celebra el desfile procesional del Santo Entierro tras el sermón del descendimiento.

Cofrades visten la mortaja sencilla y blanca con la que algún día serán enterrados, junto a otros con capas alistanas y mujeres de riguroso luto

ALICIA PÉREZ

Vestidos con una sencilla mortaja blanca con la que algún día serán enterrados. Así rememoraron los cofrades de la localidad zamorana de Bercianos de Aliste el entierro de Cristo en la procesión de la tarde del Viernes Santo.

Es la Semana Santa de Bercianos, un pueblo de 145 habitantes, una de las más emblemáticas de la provincia de Zamora y los actos del Jueves y el Viernes Santo están declarados Bien de Interés Cultural (BIC) y Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León.

En el exterior, en las proximidades de la iglesia de San Mamés, tuvo lugar el rito del desenclavo, descendimiento de la cruz y entierro de Cristo. Dos sacerdotes procedieron a quitar el letrero de INRI de la cruz en la que estaba crucificada la imagen articulada. Despojaron al Cristo de la corona de espinas. Quitaron primero el clavo de la mano derecha, después, el de la mano izquierda y por último, el clavo de los pies. Después, descendieron cuidadosamente al Cristo de la cruz de madera y lo introdujeron en una urna de cristal tras plegar sus extremidades.

Abrieron la procesión del Santo Entierro dos grandes pendones negro y morado a los que seguían, con paso lento y formando una única fila, los cofrades con la vestimenta blanca, consistente en una túnica blanca de lino con capucho romo. La urna fue portada a hombros. En su interior, el Cristo, cubierto con una sábana blanca. Formaron el cortejo fúnebre también cofrades ataviados con la tradicional capa parda alistana y mujeres de riguroso luto que portaron la Virgen Dolorosa.

Durante el recorrido hasta el Calvario, junto a la entrada del cementerio de la localidad, cantaron el Miserere y ante las cruces, hicieron el rezo de las Cinco Llagas.

Los orígenes de esta procesión se remontan al siglo XVI y cada Semana Santa los vecinos del pueblo reviven estos actos con recogimiento y autenticidad, en una manifestación cultural que se ha mantenido inalterada hasta nuestros días.

 

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