Enrique Crespo pide al Cristo de las Injurias por los cristianos crucificados con bombas y proyectiles

El cirujano pronuncia la Ofrenda del Silencio en una Plaza de la Catedral con 2.300 cofrades y teñida de rojo y blanco

ALICIA PÉREZ

El cirujano Enrique Crespo pidió ayer por los cristianos que siguen siendo crucificados pero ahora con bombas y proyectiles como su cruz y sus clavos, y con "la indiferencia con que lo contempla el resto del mundo" como su corona de espinas. Pidió por los cristianos que sufren persecución y martirio. También por las víctimas del odio, de la mezquindad y de la infamia. "Hoy los canallas, los flageladores, los maltratadores, los sayones, son otros y tú, el hijo de Dios, debes seguir eximiendo tanta crueldad y nosotros implorándote misericordia, también, para tanto verdugo".

Rogó el cirujano, "con toda la servidumbre de mi profesión", por los enfermos, por los traumatizados, los heridos, por aquellos que sufren en la cama de un hospital o en la soledad de su habitación.

"Porque en tu pasión sufriste los más crueles escarnios físicos, los más perversos suplicios carnales y no recibiste el consuelo de los hombres, nunca abandones a quienes sufren cualquier forma de padecimiento", suplicó en el acto que por segundo año consecutivo no protagonizó el alcalde de la ciudad.

El cirujano y hermano emérito de la Real Hermandad del Santísimo Cristo de las Injurias dirigió su plegaria a la imagen titular de la cofradía, en un acto que abre los días grandes de la Semana Santa de Zamora y que congregó a 2.300 cofrades que tiñeron de rojo y blanco la Plaza de la Catedral.

Nacido en Madrid aunque siempre se ha sentido zamorano, el también cirujano taurino, que ha ostentado el cargo de cirujano jefe en muchas plazas de toros, desfila en la procesión desde el año 1962.

Imponente y de mayor tamaño que el natural con sus dos metros de altura, el Cristo de las Injurias, datado en torno a 1550, presidió la Ofrenda del Silencio del Miércoles Santo, que precede al Juramento y a la procesión conocida como la del Silencio.

"Tu estampa, Santísimo Cristo de las Injurias, nos estremece", afirmó Crespo Rubio. "Zamora, afligida, viene a suplicar piedad, a rogar consuelo", exclamó en su plegaria. "Aquí nos ofrecemos, gente común, gente que no tiene miedo a proclamar nuestra fe en ti y en tu crucifixión".

Durante su intervención y como es tradicional, el cofrade y hermano emérito de la Hermandad ofreció el silencio y el recogimiento de la ciudad. "Zamora se postra ante ti, señor de las Injurias, para pedir perdón por nuestras omisiones, por nuestras amarguras, pero también porque tu amor nos conforte ante las dificultades y nos llene de esperanza en la vida".

Después, el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, preguntó a los cofrades arrodillados en la Plaza de la Catedral si juraban silencio. "Sí, juramos". El silencio dio inicio a la procesión, en la que, además del Cristo, desfilan dos grandes pebeteros con incienso portados a hombros.

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