El Nazareno y la Esperanza se despiden junto al Duero en la procesión del Vía Crucis de Zamora

El Nazareno y la Esperanza se despiden junto al Duero en la procesión del Vía Crucis de Zamora

Las dos imágenes hicieron la reverencia antes de separarse en la margen izquierda del río

ALICIA PÉREZ

Martes Santo en Zamora y noche emotiva de encuentro, reverencia y despedida de Jesús del Vía Crucis y la Virgen de la Esperanza. Ayer fue el turno en la Semana Santa de Zamora, declarada de Interés Turístico Internacional y Bien de Interés Cultural (BIC), de la Cofradía de Jesús del Vía Crucis, que desfila desde 1941 aunque sus orígenes se remontan a 1935.

2.000 cofrades con hábito de estameña blanca y caperuz morado, y faroles en la mano, desfilaron por las calles de la ciudad desde la Catedral en dirección al Puente de Piedra. Algunos, con los pies descalzos y los niños, con la cara descubierta. La primera imagen que abandonó el templo fue el popularmente conocido como Nazareno de San Frontis, cargado a hombros en una mesa de madera y adornado con flores moradas y rojas. Ayer volvía, acompañado por la Banda de Música Maestro Nacor Blanco de Zamora, al barrio que le da nombre, en la margen izquierda de la ciudad, tras su traslado el jueves a la Catedral.

La Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía arrancó el desfile en el atrio del templo, puntual, a las 20:15 horas. Detrás, el Barandales, personaje que anuncia el inicio de las procesiones en Zamora con el sonido de sus esquilas, y hermanos que portaron las catorce cruces estacionales del Vía Crucis, que fueron reformadas en 1990 según el diseño del pintor zamorano Antonio Pedrero.

En último lugar abandonaba la Catedral la Virgen de la Esperanza, de Víctor de los Ríos y de gran devoción en la ciudad. Con su característico manto de terciopelo verde, bordado en oro y salpicado de estrellas con perlas, emprendía el paso tras el Nazareno cargada también a hombros, pero en este caso sobre una mesa dorada. Debajo, los pasos acompasados de los cargadores al ritmo de las marchas de la Banda de Música de Zamora.

Tras cruzar el Puente de Piedra, llegó el momento más esperado de la procesión, ya al otro lado del río Duero. El Nazareno y la Virgen se encontraron y frente a frente, hicieron la reverencia. Después, se entrecruzaron. Una última mirada. El último adiós. El Nazareno volvía al templo que lo acoge durante todo el año tras el rezo del Vía Crucis. La Virgen emprendía su partida al Convento de las Dueñas, en el barrio de Cabañales. De allí saldrá el Jueves Santo por la mañana en la procesión de la Cofradía de la Virgen de la Esperanza.

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