Recorrido de las procesiones del Miércoles Santo en Valladolid

Vía crucis Procesional en Valladolid./Gabriel Villamil
Vía crucis Procesional en Valladolid. / Gabriel Villamil

JAVIER BURRIEZAValladolid

La procesión del VÍA CRUCIS cumplirá el año que viene cien años. Estamos hablando de un ejercicio piadoso, vinculado con un fraile dominico llamado Álvaro de Córdoba, en el cual se medita, a través de catorce estaciones, el camino de Jesús hasta la cruz y su muerte en el Gólgota. Con una espiritualidad de Semana Santa nueva en la que todo debe culminar en la vida y no en la muerte, recientemente se concluye este Ejercicio con la propia estación de la Resurrección de Jesús.

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Este día, en la planta procesional de Valladolid, es la del VÍA CRUCIS, de nuevo un ejercicio piadoso y de meditación, que tiene su origen en lo planteado por el fraile dominico del siglo XV, fray Álvaro de Córdoba. En el mismo se medita sobre el camino de Cristo hacia el Calvario, desde que es condenado a muerte hasta la Cruz, por la Vía Dolorosa. Aquel camino está dividido en catorce estaciones. Cuando la espiritualidad de la Pasión se ha vuelto más pascual, el Vía Crucis puede concluir, no en el sepulcro sino en la Resurrección. Todos los viernes de la Cuaresma se suele rezar con especial intensidad el 'Vía Crucis' en las horas vespertinas. Pero en la Semana Santa será también muy frecuente que se convierta en procesión, como sucedió en Valladolid desde 1920. Entonces salió a las calles desde la iglesia penitencial de la Vera Cruz, con el llamado 'Cristo de la Agonía' de Juan Antonio de la Peña, recordando al muy devoto 'de la Agonía' de la localidad cántabra de Limpias, en Cantabria, impulsada por el entonces obispo auxiliar Pedro Segura y por la Asociación de esta devoción. No había llegado todavía Remigio Gandásegui a tomar posesión de su nueva diócesis de Valladolid. Después el 'Vía Crucis' será protagonizado por la imagen muy devota de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en distintos escenarios y con la cofradía penitencial que había nacido en 1596 en el seno del convento de San Agustín.

Vía Crucis procesional, porque las estaciones se encuentran repartidas por las calles de Valladolid, las muy antiguas y asociadas a las procesiones de la Plaza del Ochavo, de Platerías o Guadamacileros. Recomiendo contemplarla en la segunda, la prestigiosa de Platerías, descrita por los viajeros europeos del siglo XVII. Allí, cercanos a la portada de la Vera Cruz, se verá venir al Nazareno, a hombros de sus cofrades de túnicas moradas, con las manos cruzadas al pecho. Desde el interior de la mencionada penitencial saldrá la Dolorosa de la Vera Cruz, también a hombros de sus cofrades, para encontrarse en la cuarta de las estaciones del Vía Crucis con el Nazareno. Resulta ser aquella una escena no narrada por los Evangelios canónicos sino por los apócrifos y así lo expresa literariamente Gerardo Diego, en aquel texto tan vinculado a esta procesión vallisoletana: «se ha abierto paso en las filas / una doliente Mujer. / Tu Madre te quiere ver / retratado en sus pupilas…»

Más tarde, en el filo de la medianoche y desde el gran templo monástico de San Benito, comienza un nuevo Vía Crucis, el organizado por la cofradía del Santo Sepulcro, nacida en 1946 en el seno de la Juventud Josefina, inspirada por los frailes carmelitas descalzos. Han unido también la devoción del 'Cristo del Consuelo' de Gregorio Fernández, una obra temprana del escultor gallego, cuando hacía poco que se había afincado en Valladolid (1610). En realidad la procedencia, de esta talla muy devota durante todo el año desde su capilla del licenciado Butrón, es todo un misterio. Fue entregada en los primeros años veinte a los carmelitas por el Museo Nacional de Escultura en compensación de lo mucho que había salido de aquel antiguo monasterio de benedictinos y sobre todo, de la última pieza que fue reclamada, el Cristo de Berruguete que coronaba su antiguo retablo. Este Vía Crucis de medianoche, con la voz meditativa de los frailes carmelitas y, especialmente, del historiador Teófanes Egido —fray José de Jesús María— recorre calles bellísimas de Valladolid, vuelve a encontrarse con la Virgen Dolorosa en la Vera Cruz, sin olvidar las estrechas vías trazadas entre conventos y monasterios de clausura.

Entre uno y otro, cuatro procesiones más recorren la ciudad. Así los cofrades de la Sagrada Cena se encaminan hacia la Catedral con su imagen de 'Jesús de la Esperanza', una primera escultura tallada por el vasco Juan Guraya para el conjunto monumental de la Sagrada Cena en 1946 y que, después, fue sustituida por la actual. No olvidemos los hermanos de las Siete Palabras, una de las cofradías fundadas en el tiempo del arzobispo Gandásegui, con su impresionante salida de la iglesia de Santiago, desde su Atrio, en medio del silencio solamente roto por las campanas de la torre del templo, tocando a muerto. Se dirigen con el impresionante 'Cristo de las Mercedes' a la Catedral. Una imagen que cuenta con su propia marcha procesional, compuesta por dos músicos semanasanteros, Eugenio Gómez García y el riosecano Pablo Toribio Gil. Los cofrades de Jesús Resucitado meditan sobre las negaciones del apóstol que alumbran en los días de la Pasión, en la escena de las 'Lágrimas de San Pedro', la que fue encargada por un párroco de la iglesia del Santísimo Salvador, llamado precisamente Pedro de Rávago, a un escultor también bautizado como Pedro, Pedro de Ávila, hacia 1720. Y por último, los cofrades de la Piedad, con otras de las grandes advocaciones marianas de la Pasión en Valladolid, la Quinta Angustia, tallada también por Fernández. Estos cofrades han recuperado pasos de la trayectoria iniciada en el siglo XVI por los hermanos que tenían esta misma advocación: el antiguo del 'Entierro de Cristo' y, más recientemente, el 'Cristo del Gallo' de José de Rozas.