Recorrido de las procesiones del Domingo de Resurrección en Valladolid

Procesión del Encuentro de Jesús Resucitado con la Virgen de la Alegría en Valladolid. /Henar Sastre
Procesión del Encuentro de Jesús Resucitado con la Virgen de la Alegría en Valladolid. / Henar Sastre

JAVIER BURRIEZAValladolid

Llegamos al tiempo de la Pascua de los cristianos, representada por la Resurrección de Cristo que, como escena final de un gran auto, se encuentra con su madre, la Virgen de la Alegría en la Plaza Mayor. La muerte de Cristo, históricamente, ocurrió en la Pascua judía, cuando se recordaba la noche previa de la salida de los judíos de su esclavitud de Egipto. La Pascua cristiana son los cincuenta días posteriores a la Resurrección, tiempo de alegría y júbilo hasta la fiesta de la Ascensión primero y Pentecostés con la llegada del Espíritu Santo después.

La reforma litúrgica que realizó Pío XII antes de la convocatoria del Concilio Vaticano II, permitió situar la Vigilia Pascual en su momento, en la noche del Sábado al Domingo de Resurrección, y no en la mañana de aquel sábado. Poco tiempo después, se creó en Valladolid la procesión de la Resurrección, con una nueva cofradía, la de Jesús Resucitado, para la cual hubo que buscar una imagen apropiada que se encontraba perdida en la iglesia de Santiago. Otras cofradías, como sucedía con la Vera Cruz de Salamanca, ya habían encargado a Alejandro Carnicero una imagen del Resucitado, para una procesión temprana en la ciudad del Tormes, allá por el siglo XVIII. El escenario del segundo encuentro es la Plaza Mayor, pues antes madre e hijo se 'abrazaron' en la Catedral, en su interior, con la asistencia a la misa pascual. Comienza un tiempo litúrgico nuevo que se prolonga hasta Pentecostés, cincuenta días después de aquella mañana gloriosa que, en otros lugares se celebra con escenas teatrales, o lo que resta de ellas, como la bajada del Ángel de Peñafiel, emparentada con la que se realiza en Aranda de Duero o en Tudela de Navarra. En el resto de los lugares seguirán siendo habituales los encuentros entre el Resucitado y María de la Alegría, que suele ser una Virgen adaptada desde otros usos, aunque los escultores contemporáneos han trabajado sobre esta advocación. Concluye temporalmente la Semana Santa, pero su patrimonio inmaterial no se deshace, permanece todo el año en las gentes de Castilla que aman esta tradición, en sus casas, no encerrada en sus baúles como sus hábitos, sino prendida en su alma para que, cuando huela a incienso o suene una música de procesión, aquel cofrade se emocione. Eso, son emociones seculares, transmitidas y regaladas, de generación en generación.

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