El Sábado Santo propaga fe y penitencia con unas procesiones multitudinarias

El paso de Nuestra Señora de la Soledad procesiona por la noche delante de la Catedral./SERNA
El paso de Nuestra Señora de la Soledad procesiona por la noche delante de la Catedral. / SERNA

La meteorología hace las paces con los cofrades en los piadosos desfiles de la Soledad y de los Cristos de la Liberación y de la Vela

RICARDO RÁBADE / WORD

Fue un fervoroso Sábado Santo caracterizado por la multitudinaria presencia de público en sus tres procesiones, que se vieron favorecidas por una generosa meteorología, dado que, a diferencia de lo que sucedió el Jueves Santo, la temida e inoportuna lluvia brilló por su ausencia.

Nada más y nada menos que 2.500 cofrades participaron en la procesión nocturna de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, que contó en todo momento con el acompañamiento musical de la Agrupación Virgen de la Vega y de la Banda Municipal de Alba de Tormes. El hermano mayor de la cofradía, Miguel Hernández, destacó en términos especialmente positivos cómo transcurrió la procesión –se realizó todo el recorrido previsto– y la masiva presencia de público a lo largo del cortejo religioso.

Los hermanos procesionaron con dos tallas: Nuestra Señora de la Soledad, obra de MarianoBenlliure y que data del año 1941, y La Soledad de la Cruz, obra conjunta de Vicente Cid y Tomás Monzón, fechada en 1997.

La procesión contó con varios momentos de especial relevancia. El primero tuvo lugar al inicio de la misma, cuando el palio de la Virgen fue recibido con una lluvia de pétalos a su salida de la Catedral por la puerta del Obispo. Otro pasaje de especial belleza se materializó en el atrio de San Esteban, cuando se produjo el esperado encuentro con Nuestra Señora de la Esperanza, un acto enmarcado en el 75 aniversario de la fundación de la Hermandad Dominicana. Y es que finalmente el itinerario sí incluyó el paso por la plaza del Concilio de Trento, después de que en los días previos se llegara a anunciar que la entrada en dicha plaza no se iba a realizar, lo que obligó a una posterior rectificación. Además, hubo otro tercer momento, impregnado de gran belleza y solemnidad, que se escenificó en Plaza Mayor, donde se apagaron las luces y completamente a oscuras la cantante Sofia Chen entonó el Ave María.

La sobriedad fue una constante a lo largo del recorrido, como se reflejó en la indumentaria de los cofrades, ataviados con túnicas, capas y capirotes de color negro, además de cíngulos, guantes, calcetines y zapatos del mismo color.

En lo que se refiere al anagrama de la hermandad, el emblema consta, exceptuando la Cruz, de los dos motivos pasionales más significativos, como son la corona de espinas y, en el centro, los tres clavos.

La otra procesión que salió en la noche del Viernes al Sábado Santo fue la protagonizada por la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, en concreto su sección del Santísimo Cristo de la Liberación. Los cofrades realizaron su promesa de silencio en el claustro del Colegio Arzobispo Fonseca minutos antes de su salida. Tras partir de la capilla y en la puerta del Fonseca, se volvió a pedir silencio y se pronunció la oración del Santísimo Cristo de la Liberación.

Los cofrades procesionaron el Santísimo Cristo de la Liberación, una talla del año 1988 obra de Vicente Cid Pérez. Entre los enseres del cortejo procesional sobresalieron las tavolettas de Jerónimo Prieto que portaron los hermanos con el hábito monacal del Jueves Santo junto con un escapulario de arpillera. En el cortejo resaltó el grupo de mujeres que caminaron en fila de a una, vestidas de luto con traje de vientoseno al estilo albercano.

El acto central de la procesión tuvo lugar junto a las puertas del Palacio Episcopal, donde se celebró una oración en recuerdo de los difuntos de la hermandad y de toda la Diócesis de Salamanca, rezándose el Padre Nuestro.

También participaron en la procesión el Coro Cisterciense, que cantó en las paradas que se hicieron, así como el Trío Musical Christus y dos tambores destemplados. El recorrido arrancó en Fonseca y prosiguió por la Cuesta de San Blas, Fuentecilla de San Blas, Cervantes, Serranos, Traviesa, Libreros, Tavira, plaza Juan XXIII, Benedicto XVI, Francisco Vitoria, Rúa Antigua, Compañía, Cañizal,Tahojas Viejas, Ancha, Ramón y Cajal con retorno final al Fonseca.

En lo que se refiere al hábito, los cofrades vistieron túnica disciplinante de paño negro con cola, capucha monacal y sandalia sacristana para los hombres, mientras que las mujeres llevaron el traje de luto charro con manteo falda, chambra y manto, además de zapatos negros con hebilla.

El anagrama de la hermandad fue diseñado por Rafael Cid y representa una de las manos de la imagen titular abierta sobre la cruz con el olivo, que es el símbolo de la Hermandad delAmor y de la Paz como expresión, precisamente, de hermanamiento.

La tercera procesión que salió a las calles para renovar la fe y la devoción de salmantinos y foráneos fue la que protagonizó la Hermandad del Silencio, que lo hizo en horario vespertino partiendo alrededor de las 17:00 horas de la iglesia de Jesús Obrero del barrio de Pizarrales. Los cofrades portaron dos imágenes, como fueron el Cristo de la Vela, cuyo autor se desconoce y que data del año 1920, así como Nuestra Señora del Silencio, una talla de Enrique Orejudo esculpida en el año 1990. Se encargaron de marcar el ritmo de la procesión los componentes de la Agrupación Musical Virgen de la Vega y de la Banda Municipal de Alba de Tormes.

Los dos pasos tuvieron que sortear, nada más y nada menos, que 25 escalones al salir del templo de Pizarrales en dos tramos diferentes.Los niños también desempeñaron un papel relevante, dado que cargaron con un pequeño paso, denominado La Palabra de Dios con una Biblia abierta tallada en madera, donde se aprecia una ilustración de un calvario y un texto con la frase bíblica que pronunció Jesucristo en el momento de expirar, como es «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». De hecho, el paso infantil fue el que abría la comitiva religiosa, seguido a varios metros por la imagen del Cristo de la Vela, siendo Nuestra Señora del Silencio la que cerraba el desfile piadoso.

El anagrama de la cofradía de la Hermandad del Silencio está formado por una corona de espinas roja, que representa la Pasión de Cristo, en cuyo interior hay una vela encendida, siendo los colores de la hermandad el rojo y el negro.

El numeroso público que presenció el peregrinaje de la hermandad, en una tarde con unas temperaturas netamente primaverales, pudo comprobar cómo los cofrades portaban túnica, escapulario negro, capirote, botonadura y cíngulo rojos, además de guantes, calcetines y hábitos negros.

De esta forma, elCristo de la Vela procesionó conforme a la senda marcada, partiendo de la ya mencionada iglesia de Jesús Obrero y atravesando la carretera deLedesma, Valverdón, la avenida de Villamayor, plaza de laFuente, plaza San Juan Bautista, Santa Teresa, Los Bandos,Zamora, Plaza Mayor, Quintana, Juan delRey, Prado, Prior, Bordadores, Úrsulas,Campo de San Francisco, calle Abajo,Arriba, plaza de la Fuente, avenida de Villamayor, Valverdón, Carretera de Ledesma y retorno final a la iglesia de JesúsObrero.