El Encuentro clausura una Semana Santa con un 90% de ocupación en los hoteles

Los pasos de Nuestra Señora de la Alegría y Jesús Resucitado se encuentran en el atrio de la Catedral. /MARÍA SERNA
Los pasos de Nuestra Señora de la Alegría y Jesús Resucitado se encuentran en el atrio de la Catedral. / MARÍA SERNA

El momento más emotivo aconteció cuando la Virgen de la Alegría fue despojada de su manto de luto tras encontrarse con Jesús Resucitado

RICARDO RÁBADE / WORDSALAMANCA

Unos cielos seminublados y un sol primaveral que no conseguía asentarse en el firmamento conformaron el escenario meteorológico donde se escenificó ayer la celebración de la procesión del Encuentro, que puso el broche final a una Semana Santa donde la inoportuna lluvia provocó la suspensión de varias procesiones el Miércoles Santo, el Jueves Santo y en la madrugada del Viernes Santo.

El Domingo de Resurrección movilizó a miles personas, tanto salmantinos como foráneos, para presenciar el último acto religioso de la semana de Pasión.

La gran protagonista del último día de la Semana Santa fue, un año más, la Cofradía de la Santa Cruz del Redentor y la Purísima Concepción de la Virgen su Madre, bautizada de forma más escueta por su abreviada denominación de la Cofradía de la Vera Cruz. De esta forma, el Encuentro estuvo precedido de dos desfiles religiosos. El primero fue la procesión de la Virgen de la Alegría, que partió en torno a las 10:45 horas desde la parroquia de la Vera Cruz. Quince minuto después arrancó la procesión de Jesús Resucitado, también desde el mismo punto de partida. En ambos cortejos, el piadoso peregrinaje de los cofrades fue similar, dado que incluyó la ya citada iglesia de la Vera Cruz, Úrsulas, Bordadores, plaza de Monterrey, Prior, Prado, Juan del Rey, Quintana, San Pablo, Tostado, Anaya y el atrio de la Catedral.

Fue en el atrio catedralicio, que lleva vallado desde el pasado 4 de abril por motivos de seguridad, donde se materializó el esperado Encuentro entre los pasos de Nuestra Señora de la Alegría, una talla de la que se desconoce su autor aunque sí se sabe que data del siglo XVIII, y Jesús Resucitado, obra que esculpió Alejandro Carnicero en el año 1725.

No fueron estos dos los únicos pasos que participaron en el Domingo de Resurrección. De hecho, a la cabeza de la procesión figuraba el Lignum Crucis, obra de Pedro Benítez del año 1675 y que encierra una reliquia autenticada de la Cruz de Cristo traída de Roma en el siglo XVII. También procesionó el paso de las Tres Marías ante el Sepulcro Vacío. Las imágenes son obra de Pedro Hernández, de 1617, y el Sepulcro Vacío se remonta al año 1678, aunque no se tiene constancia histórica sobre quién fue su autor.

El acompañamiento musical de la procesión fue realizado por los miembros de las bandas de música Felipe Espino, Tomás Bretón, la Sociedad Musical Estrela da Beira (Portugal) y el Grupo de Coros y Danzas Montaraces y Charros.

Los incansables estudiosos de la Semana Santa salmantina sitúan el origen histórico de la procesión del Encuentro en el año 1616. En ella se traza un relato popular, no evangélico, de la Resurrección del Señor, a través de varias alegorías, como son la Santa Cruz vacía, las santas mujeres, entre las que figura la Virgen María, que hallan el Santo Sepulcro vacío y abierto y, finalmente, la aparición de Cristo a su Madre, que es despojada del luto riguroso en el acto del Encuentro.

Participación infantil

Los numerosos niños que procesionaron portaban esquilas y campanillas para ahuyentar al diablo, dado que Jesucristo venció a la muerte en el Domingo de Resurrección. Los cofrades desfilaron a cara descubiertas felicitando la Pascua. Tras el Encuentro, la procesión prosiguió por Benedicto XVI, Rúa Mayor, Quintana, plaza del Poeta Iglesias, Plaza Mayor, Prior, plaza de Monterrey, Bordadores, Úrsulas y retorno definitivo a la capilla de la Vera Cruz.

Además de la vertiente religiosa, la Semana Santa salmantina también tuvo una faceta netamente turística, que se tradujo en que el porcentaje de ocupación hotelera alcanzara un 90% de media, según destacó el presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería, Alain Saldaña. No obstante, se trata de un promedio ligeramente por debajo de las previsiones iniciales que manejaban los hoteleros, que se habían marcado el reto de lograr «entre un 90% y un 92% de ocupación», tal como explicó Saldaña, quien reconoció que no se había logrado el ambicioso objetivo de superar el volumen de pernoctaciones de la Semana Santa de 2018 debido a que en esta ocasión se produjeron cancelaciones de algunas reservas.

Hubo cancelaciones de reservas en los hoteles y la lluvia perjudicó a las terrazas

«Estamos moderadamente satisfechos», indicó Saldaña, quien puntualizó que los principales afectados, más que los hoteles, fueron sobre todo los establecimientos de la hostelería, como son los bares y los restaurantes que cuentan con terrazas, para los que, indudablemente, la lluvia fue una mala aliada.

Además, en esta Semana Santa volvió a confirmarse una tendencia que viene siendo habitual desde hace años, como es el contundente predominio del turismo nacional sobre el extranjero.

Por su parte, el presidente de la Junta de Cofradías de Semana Santa, José Adrián Cornejo, confesó que tenía una sensación «agridulce» sobre lo que había sido esta Semana Santa. «La valoración es positiva aunque siempre hay pequeños detalles que mejorar, pero al mismo tiempo estoy triste porque hubo seis cofradías que se vieron afectadas por la lluvia», dado que tres –Yacente, Flagelado y Vía Crucis– no pudieron salir y «otras tres tuvieron que dar media vuelta, como pasó con Amor y Paz, Agonía y Dominicana».