El Cristo de los Doctrinos tiñe la noche de fe y silencio

Cofrades de la Vera Cruz aguardan ante la puerta del templo a que salgan los pasos. /LAYA
Cofrades de la Vera Cruz aguardan ante la puerta del templo a que salgan los pasos. / LAYA

La austera procesión de la Cofradía de la Vera Cruz volvió a hacer sublime el Lunes Santo pese al susto y el retraso provocados por la lluvia

RICARDO RÁBADE / WORDSALAMANCA

Los chillones gorjeos de una nube de estorninos que sobrevolaba el parque de San Francisco conformaron el único sonido perceptible que acompañó la sobria salida del Cristo de los Doctrinos de la capilla de la Vera Cruz. Finalmente el virulento chaparrón que se precipitó sobre el asfalto urbano minutos antes del inicio teórico del desfile procesional –las 21:00 horas– se compadeció de los hermanos de la Cofradía de la Santa Cruz del Redentor y de la Purísima Concepción de la Virgen, conocida popularmente como la Cofradía de la Veracruz, dado que la impertinente lluvia cesó rápidamente.

Las dudas que asolaban a los responsables de la cofradía sobre si salir desafiando a hipotéticas nuevas inclemencias climatológicas o suspender la procesión se despejaron finalmente hacia las 21:15 horas, cuando los primeros cofrades se asomaron disciplinadamente por las puertas del templo religioso. No hubo ningún tipo de acompañamiento musical y y el muñidor apletó al respetuoso silencio de los numerosos fieles que, pese al susto de la lluvia previa, se agolpaban en las inmediaciones de la histórica capilla de la Vera Cruz.

Impregnado de un impresionante halo de sobriedad, el Cristo de los Doctrinos– –una talla de autor desconocido que data del siglo XVII– partió con 15 minutos de retraso sobre el horario previsto para procesionar, en una silenciosa noche de Lunes Santo, por las calles de la Salamanca más monumental. El adorno floral del paso del Crucificado, con un monte de cardos secos bajo sus pies, era otra expresión más de la profunda austeridad de la procesión que protagonizaron los miembros de la cofradía a lo largo de todo el recorrido. Minutos después apareció la Virgen de la Amargura, un paso de Pedro Hernández fechado en el año 1615, y que añadía aún más grandiosidad religiosa a la noche.

La climatología se conjuró con los cofrades posteriormente, lo que les permitió encaminarse por el itinerario marcado, atravesando la calle Domínguez Berrueta para continuar por Ramón y Cajal, plaza de las Agustinas, Compañía, Rúa, Francisco Vitoria, plaza de Anaya –con entrada en la Catedral por la Puerta de Ramos y salida por la Puerta del Obispo–, Calderón de la Barca, Libreros, Traviesa, Serranos, Cervantes, Cañizal, Compañía, Bordadores y retorno final a las Úrsulas.