Encarnación de la fe cultivada en el barrio

El Cristo de la Vela, durante su recorrido por el barrio de Pizarrales./
El Cristo de la Vela, durante su recorrido por el barrio de Pizarrales.

RICARDO RÁBADE

Es una hermandad con un perfil estrechamente ligado a los conceptos de fe y de barrio.Su indispensable aportación a la SemanaSanta salmantina arrancó en un ya lejano 1985, cuando sus promotores redactaron los estatutos que les permitieron convertirse en cofradía, pudiendo debutar y estrenarse con su procesión durante la Pasión de 1986, contando para ello con el firme apoyo del entonces obispo de la Diócesis de Salamanca, el prelado Mauro Rubio Repullés. Se trata de la Hermandad del Silencio, que un año más marcó la senda por la que se encauzó la devoción religiosa durante el Sábado Santo.

La climatología fue especialmente generosa y agradecida en la tarde de ayer con los cofrades de la Hermandad del Silencio, que partieron a las 17:00 horas desde el interior de la iglesia parroquial de Jesús Obrero, en el barrio de Pizarrales. La procesión del Silencio se prolongó durante cinco horas debido a su extenso recorrido, de cuatro kilómetros de extensión, sumando los itinerarios tanto de partida como de regreso.

El fervor y la devoción acompañaron en todo momento el peregrinaje religioso de los cofrades de Pizarrales, que tras partir de la parroquia de Jesús Obrero se encaminaron por la carretera de Ledesma hacia el centro de la ciudad.

La Hermandad del Silencio atravesó las calles Valverdón, avenida de Villamayor, plaza de la Fuente, Fuente, Santa Teresa, plaza de Los Bandos, Zamora, Plaza Mayor, plaza del Poeta Iglesias, Quintana, plaza del Corrillo, Juan del Rey, Prado, Prior, plaza de Monterrey, Bordadores, Úrsulas, Campo de San Francisco y calles Abajo y Arriba. Los cofrades, siempre acompañados por un público que abarrotaba las calles y por unas radiantes temperaturas primaverales, entablaron el camino de regreso atravesando de nuevo la plaza de laFuente, continuando por el paseo de Carmelitas, la avenida de Villamayor, Valverdón y la carretera de Ledesma, retornado finalmente a su punto de partida, como fue la iglesia de San José Obrero.

«La procesión dura cinco horas y siempre enlazamos con la Vigilia Pascual, que la celebramos todos los Sábado Santos a partir de la once de la noche en la parroquia», comentaba unas horas antes del inicio de la procesión la presidenta de la Hermandad del Silencio, Mabel Martín.

Los dos pasos que identifican esta procesión son el Santísimo Cristo de la Vela, obra anónima fechada en el año 1920, y Nuestra Señora del Silencio, un talla esculpida por Enrique Orejudo en el año 1990. Precediendo a ambas y abriendo el cortejo procesional, irrumpió un tercer paso, como es La Palabra, portado por niños. Y es que otro rasgo que prevalece en la Hermandad del Silencio es la activa participación de numerosos chiquillos. También destaca la hermandad por organizar actividades a lo largo de todo el año, no circunscribiéndose únicamente a los días de la Semana Santa.

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