Palencia arropa a la Virgen de la Soledad

Los palentinos contemplan a la Virgen de la Soledad en la Calle Mayor. /Marta Moras
Los palentinos contemplan a la Virgen de la Soledad en la Calle Mayor. / Marta Moras

Las manolas refuerzan su apoyo a la Virgen con la banda dorada con la que se distinguió a las palentinas en 1387 tras ganar a los ingleses

El Norte
EL NORTEPalencia

Palencia quiso arropar a María en su soledad, consolarla en el profundo dolor por la pérdida de su hijo en la cruz. Con el respeto del silencio de los cientos de palentinos que seguían su paso por las calles del centro de la ciudad, pero también con la palabra hecha verso, y con la palabra hecha canto. Palabras del poema que le dedicó la catedrática Concepción Casalduero, cofrade de La Soledad, y palabras que entonó en cántico la joven Amanda García Arroyo, también cofrade. Formaron ese poema y esa canción parte del novedoso acto en la Plaza Mayor con el que comenzó ayer la procesión de La Soledad de la Virgen, a la que acompañaron otras seis imágenes marianas en un desfile en el que el protagonismo de la mujer volvió a quedar de manifiesto. De la mujer palentina, encarnada en las bandas doradas que portaron las manolas durante el desfile y que distinguió a las mujeres palentinas después de su victoria en 1387 ante las tropas ingleses del duque de Lancaster.

Se demoró el comienzo del acto, pero la espera bien mereció la pena. «Que no me llamen María, que me llamen Soledad», inició sus versos Concepción Casalduero, que narró el dolor de la Virgen con el martirio de Cristo y su muerte, y el desgarro por no poderle tenerle más en sus brazos. «Qué espada llevo clavada en el alma, que se clava más y más», recitaba Concepción Casalduero, a quien siguió Amanda García Arroyo con una canción con la que quería caminar con la Virgen, protegida bajo su manto. Tras guardarse un minuto de silencio en memoria de Abilio Calderón, presidente de la Cofradía de la Soledad durante más de cuarenta años y que falleció en enero de este año (el paso llevaba un crespón atado a uno de los palos del palio), Ignacio Romo, capellán de La Soledad, dirigió unas palabras a la Virgen, «siempre ejemplo de fe y de fortaleza».

Arrancó la procesión, con la cruz alzada de La Soledad y, tras ella, la cofradía de la Vera Cruz con Nuestra Señora de la Vera Cruz; la Piedad, con Nuestra Señora de los Ángeles; los nazarenos, con Nuestra Madre de la Amargura; El Cristo de la Misericordia, con Nuestra Señora del Perdón; el Santo Sepulcro, con la Virgen de los Siete Dolores y, por último, La Soledad. Cofrades de la Sentencia y el Cristo de Medinaceli acompañaron también en el desfile preludio del día de hoy, en el que la Virgen se llamará María.