El obispo de Palencia insta a los sacerdotes a hacer el bien

Preparación de las ánforas, durante la misa de ayer./
Preparación de las ánforas, durante la misa de ayer.

Manuel Herrero pidió a los presbíteros «fidelidad y compasión» en la misa crismal en la que aquellos renovaron sus promesas

FERNANDO CABALLEROpalencia

108 sacerdotes, entre diocesanos y religiosos, han participad este Martes Santo en la Misa Crismal, que presidió en la catedral el obispo, Manuel Herrero. En una solemne eucaristía, la más importante que se celebra en la Diócesis, Herrero instó a los sacerdotes a «pasar por la vida haciendo el bien y luchando contra las fuerzas del mal». Para ello, el prelado aseguró que esas fuerzas del mal hay que verlas, «poner nombre y apellidos, reconocerlas y combatirlas no con la violencia, sino como Jesús, con nuestro compromiso activo por el Reino desde el amor».

Manuel Herrero explicó la importancia de esta celebración, en la que se bendicen los santos óleos, que fueron posteriormente ungidos para que los sacedotes puedan celebrar a lo largo del próximo año los sacramentos. Uno de ellos es la unción de enfermos, por lo que el obispo recordó a los presbíteros «no es solo ni únicamente recibir o celebrar el sacramento de la Unción de Enfermos, sino sobre todo y ante todo amar a los enfermos, a los que sufren, a los dolientes de todo tipo». «La Iglesia tiene que seguir el ejemplo del buen samaritano, y ser un hospital de campaña, como nos dice el papa, con nuestra oración, nuestra cercanía, nuestra empatía, nuestro consuelo, nuestra solidaridad», se refirió Herrero Fernández. «Tenemos que cuidar la dimensión sanadora de la pastoral», apostilló para recordar que «Jesús, nuestro médico, no vino a curar a los sanos, sino a aliviar y dar vigor los enfermos».

Por último, el obispo pidió a los sacerdotes «fidelidad y compasión». En este sentido, instó a «ser misericordiosos y compasivos con nuestros hermanos». «Nuestros hermanos están envueltos en debilidades, sufrimientos, tocados por las tres heridas, la del amor, la de la muerte y la de la vida», señaló el prelado.

Durante la eucaristía, los presbíteros renovaron ante el obispo palentino sus promesas de «cumplir los sagrados deberes», de ser «fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas» y «desempeñar fielmente el ministerio de la predicación como seguidores de Cristo».

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