Así vivió Segovia las horas que siguieron a la muerte de Franco
Independientemente de la tensión y la incertidumbre, la más anodina normalidad caracterizaba el momento político local. Sin embargo, ocurrió algo inesperado...
Cuando aquel jueves amaneció, toda Segovia sabía que el generalísimo había fallecido. Antes, incluso, de que el presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, saliera en televisión entre sollozos. El ministro de Información y Turismo lo había comunicado por Radio Nacional de España a las seis de la mañana. La muerte del dictador (imposible encontrarse con este término en la prensa de la época), coincidente con la conmemoración del trigésimo noveno aniversario de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, causó un enorme impacto en la ciudad del Acueducto. La tensión, la incertidumbre, el recelo, el miedo a lo desconocido, estaban en el ambiente. También la alegría, recluida en la estricta intimidad de algunos hogares. Los sucesivos partes médicos oficiales y los comunicados de las Casas Civil y Militar habían contribuido a generar un desasosiego muy marcado que no ocultaba la preocupación por lo que pudiera ocurrir.
«En estos momentos de dolor para España y para Segovia, por el fallecimiento del Caudillo, Francisco Franco Bahamonde, hemos de manifestar nuestra condolencia, junto con la inquebrantable lealtad y adhesión al nuevo Estado forjado por su Capitanía ejemplar, así como a los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales», proclamó el gobernador civil, Luis Julve Guerrero. El Gobierno Civil fue la primera institución en saber que Franco acababa de fallecer. En sus dependencias había estado reunida la llamada Junta de Seguridad, integrada por las autoridades locales. Para que los segovianos pudieran expresar su pesar con una firma, quedaron instaladas varias mesas en el vestíbulo del Gobierno Civil, donde las banderas ya recibieron el día a media asta. También se exigió a todos los funcionarios de la Administración lucir corbata negra en señal de luto.
La autoridad canceló espectáculos y actos públicos de jueves a domingo, salvo los programados con motivo del Día de José Antonio y de los Caídos, que tenían lugar todos los 20 de noviembre, y el comercio mantuvo sus horarios de apertura y cierre. Sí quedaron suspendidas todas las clases y actividades académicas en los centros docentes, tanto públicos como privados, hasta el jueves 27. No son pocos los segovianos entonces en edad escolar que asocian la muerte de Franco a unos días de vacaciones.
Independientemente de la tensión y la incertidumbre, la más anodina normalidad caracterizaba el momento político segoviano. Sin embargo, ocurrió algo inesperado. 'El Adelantado de Segovia', único diario que entonces se publicaba en la provincia, lanzó una edición especial la misma mañana del 20. Eran doce páginas íntegramente dedicadas a quien había gobernado España durante casi cuarenta años. Vespertino de condición, a las nueve y media de la mañana ya estaba en la calle. Pero la verdadera noticia iba en la última página, que contenía un extenso artículo titulado 'Franco en la Historia', semblanza que evocaba la figura del dictador en términos elogiosos, si bien aireaba otras cuestiones que acabaron levantando ampollas en el franquismo. Porque Franco había muerto, pero el franquismo no, y la democracia ni por asomo había llegado. «Escasamente religioso en su juventud, por reacción probablemente a la devota resignación de su madre ante la conducta de un típico marido juerguista, en cuanto accedió a la Jefatura del Estado se comportó como un celoso practicante», decía el artículo. Y terminaba: «No han faltado los que han escrito que fue un hombre providencial e incluso un enviado de Dios, y también que él mismo se considerara como tal, pero a saber lo que de verdad pensaba de sí y de todas las otras cosas ese general gallego impenetrable, socarrón y astuto».
A media mañana, el artículo ya era lo más comentado, la comidilla en el funeral por José Antonio y los caídos que tuvo lugar en la Catedral. «Una demanda de publicidad de última hora descabalgó la paginación, y tuvimos que recurrir a una página ya elaborada para colocarla en la contraportada. El texto se había escrito durante la flebitis que Franco sufrió en agosto. La repercusión fue inmediata y hubo llamadas amenazantes a la redacción todo el día», recuerda el entonces director del periódico, Ángel Vilches, a quien la «anécdota» le costó el puesto. «El momento más dramático lo viví cuando dos policías se presentaron en mi despacho dispuestos a detenerme. Una llamada de Adolfo Suárez, avisado previamente por Fernando Abril Martorell, aplacó los ánimos. Me citaron en el juzgado dos días después y quedé en libertad. Las amenazas motivaron el traslado de mi mujer y mis hijos a Madrid», señala Vilches, que da buena cuenta del episodio en su libro 'Memorias de nadie' (2024).
En aquella España no había lugar para las bromas. La autoridad secuestró el periódico (se requisaron 600 de los 1.500 distribuidos), y horas después salió una segunda edición en la que el polémico texto había sido eliminado. Lo raro es que hubiera pasado la censura previa. La nueva publicación recogía ya las primeras condolencias, y la sección 'Crónica de la ciudad' daba cuenta del estado de ánimo colectivo: «Franco ha muerto. La noticia ha sacudido la espina dorsal de la ciudad tan pronto como se ha conocido; no por esperada ha dejado de causar menor dolor. Al conocerse de forma oficial el fallecimiento del Caudillo, la vida segoviana se ha conmocionado profundamente, y sobre Segovia se ha enseñoreado un hálito de dolor». Mientras, Radio Nacional mantenía informados a los segovianos más ávidos de noticias. «La conexión con Radio Nacional era obligatoria para todas las emisoras», recordaba años después el director de Radio Segovia, Antonio Hernández Asiain.
El funeral tuvo lugar esa misma tarde. El gobernador civil y jefe provincial del Movimiento invitó a participar a todos los ciudadanos. La asistencia de público fue masiva. El obispo de la diócesis, monseñor Palenzuela, presidió la ceremonia. Allí estaban las autoridades locales y representantes de toda la sociedad segoviana. «Nada de lo que ha sucedido en este país durante estos largos años, puede entenderse sin alguna referencia a la obra militar y política de Francisco Franco», dijo el prelado.
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Terminada la misa, varios grupos de personas se trasladaron al Monumento a los Caídos, situado en la ruinas del antiguo convento de San Agustín. También hubo numerosos segovianos que viajaron a Madrid para visitar la capilla ardiente o asistir al entierro del jefe del Estado, que tuvo lugar el 23 de noviembre. Un día antes, el 22, Juan Carlos de Borbón era proclamado rey de España. «Nuevos horizontes, nuevas esperanzas, nuevos deseos de colaboración se abren ante el futuro español. En ese futuro, los segovianos tenemos también un papel muy importante, pues mientras velamos y luchamos por la prosperidad de nuestra provincia, contribuiremos a la vez a poner nuestra participación en esa unidad de todos los españoles que se nos pide». El 27 de noviembre, Segovia celebró un solemne 'Te Deum' en la Catedral y el Gobierno Civil dispensó una «brillante» recepción oficial con motivo de la proclamación del rey. Empezaba un nuevo tiempo.
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