Visita al dentista sin anestesia
El Barça domina como nunca al Nava en una primera parte en la que triplicó a su rival (25-8), que salvó el tipo tras el descanso
Partidos como el de este viernes en el Palau Blaugrana cuestionan si es adecuado que su anfitrión, el todopoderoso Barça, se siente en la mesa ... de la Asobal con el resto de mortales del balonmano español. El Nava, que en otras ocasiones tuteó una buena parte del duelo a los galácticos –llegó a mandar de cinco en la segunda parte en 2023–, fue superado como nunca desde que se citara por primera vez contra el mejor equipo del mundo en 2019. Los de Álvaro Senovilla tardaron ocho minutos en marcar un gol y vieron como los culés solventaban de un bofetón el encuentro triplicando a su rival al descanso.
Barça
Viktor Hallgrimsson, Filip Saric, Antonio Bazán (4), Dani Fernández (14), Jonathan Carlsbogard (1), Dika Mem (5), Djordje Cikusa (3), Blaz Janc (4), Tomothey N'Guessan, Adrián Sola (2), Óscar Grau (3), Domen Makuc (6), Self Elderaa (2) y Petar Cikusa (1).
45
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25
Viveros Herol Nava
Brais González (4), Edu Reig (3), Alfredo Otero, David Fernández, Davide Pugliase (2), Gonzalo Carró, Óscar Marugán, Josu Arzoz (2), Rui Baptista, Dzmitry Patotski, Javi Carrión (5), Joao Bandeira (4), Nico Bonanno, Tahu Lufuanitu (1), Mateus Buda y Pablo Herranz (4).
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Parciales: 4-0, 7-1, 13-3, 16-4, 21-7, 25-8 (descanso), 28-10, 32-14, 36-18, 39-19, 41-22 y 45-25.
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Árbitros: Ruiz Vergara y Macías de Paz. Señalaron dos exclusiones a los locales y a los visitantes.
El partido comenzó con un ataque ordinario del Barça, que encontró a Bazán en el pivote para marcar el 1-0. Hecho el trámite del funcionario, el primer ataque navero desembocó en un pase picado de David Fernández en busca de Gonzalo Carró en el pivote. Era afilado, la única forma de superar a esa muralla de seis camisetas azulgranas con las grietas justas, y el gallego lo recogió desde una posición muy forzada. Nada. No fue la versión más inspirada de los culés en ataques, pero no la necesitaron. Con ese 6:0 obligaban a tiros demasiado complejos, como el salto de Brais González más allá de los nueve metros o el de Rui Batista, que buscó filtrar un balón entre cuatro brazos y acabó punteado en las manos de Hallgrimsson. A los locales les bastaba con aprovechar las transiciones de Dika Mem o de Dani Fernández para marcar sin réplica los cuatro primeros goles del partido. Ni desde los siete metros pudieron los segovianos abrir el marcador, pues Edu Reig se toparía con el ogro islandés. Ni en una cómoda transición, con holgada superioridad visitante, que Brais erró con un pase que buscaba a Lufuanitu y se perdió por la banda. El marcador pudo ser ya de escándalo de no mediar un par de paradas de Patotski y alguna pérdida culé.
Tuvieron que pasar ocho minutos para que Brais abriera el marcador, pero el esfuerzo le dejó vencido en el suelo y no pudo llegar a cubrir el contragol de Mem. Una cosa era marcar, otra, acercarse. Porque Hallgrimsson demostró que no solo estaba parando porque su defensa le facilitara las cosas y empezó a sacar balones de una forma casi abusiva en seis metros. El Nava tenía problemas hasta para poner el balón en juego desde la banda. Hasta cuando Brais se tiraba al suelo para recuperarla, se encontraba al soltarla con Bazán: así llegaba otro gol blaugrana. Tras el séptimo, una transición a placer del egipcio Elderaa por centro, paró el partido Senovilla para decir a los suyos en un Palau en silencio: «¿Esto qué cojones es?»
Tras el tiempo muerto, Hallgrimsson pegó un par de golpes a su portería, un gesto claro de que el Barça no se conformaba. Le refrendó Blaz Janc con un robo para marcar a placer. El Nava contaba sus goles como si estuviera jugando al fútbol: el segundo, de Bandeira, entró llorando tras tocar en el guardameta. Al de Carrión, el tercero, le sucedió un contragol de Janc. Tampoco ayudaban los rechaces, como el que cazó Fernández para embocar a puerta vacía tras desplazarse Patotski para tapar un lanzamiento lejano previo. Cuando el balón llegaba a la otra portería, el islandés rugía con una doble parada a Bandeira y Lufuanitu. Llegó un punto en el que era como visitar al dentista, sin anestesia. Lo sintió Reig, que tiró su segundo penalti tras fallar el primero, como en los dos partidos previos, pero esta vez se topó con la madera. Lo cierto es que había muchas paradas, pero pocos lanzamientos. En aquel momento, el Nava llevaba tres veces más pérdidas (9) que goles (3).
El marcador culé avanzaba por simple inercia, aunque hubiera gestos de humanidad como el penalti de Dani Fernández estrelló en el travesaño. Cuando Bazán puso el 16-3, el Barça quintuplicaba a su rival porque su portero llevaba cuatro veces más paradas (12) que tantos encajados. En esas, Pablo Herranz ofreció unos minutos de consuelo con su habitual pelea en seis metros no exenta de eficacia, la de la delicada rosca con la que estrenó su cuenta. A la tercera, tomó nota Hallgrimsson, que le esperó bajo palos. El otro canterano, Óscar Marugán, no tuvo la misma suerte con su rosca, igual de delicada, que murió en la madera, como en su siguiente visita a seis metros. Ni con la portería vacía, en la única exclusión de la primera parte –la de Grau por un agarrón continuado a Herranz–, hizo bingo el extremo. Dani Fernández seguía sumando goles y se fue al descanso con más (10) de los que consiguió el Nava. Hasta los que tenían un mal día de cara a puerta, como Djordje Cikusa, terminaron sonriendo entre tanta autopista para contragolpear, aunque fuera con suerte, un balón que Patotski acompañó a sus mallas prácticamente con el culo.
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El Barça triplicaba al descanso (25-8) a un Nava que en otros precedentes llegó con vida al vestuario a la pista imposible, en la que solo ha ganado el Granollers en la última década de balonmano español. En un deporte en el que un tercio de paradas son ya números muy decentes para un guardameta, Hallgrimsson se marchó al vestuario con 15 de 23, un grosero 65,2%. Ni siquiera se molestó Senovilla en gastar su tiempo muerto extra.
Con los puntos en la clasificación, el Barça bajó un punto su voracidad y dio un merecido descanso a su portero, que rebajó su excelencia al 53,3%. Casi nada. Los segovianos, que el año pasado, con el encuentro ya perdido, ganaron el parcial de la segunda parte, se consolaron con algún golazo de Brais, dos penaltis de Carrión o la aportación hasta el final de Herranz, agotado de tanto correr. Su mujer noticia fue Buda, que firmó una parada estelar ante Elderaa con la pierna derecha arriba y evitó que Dani Fernández hiciera una cuenta histórica. Se sacó una rosca y un penalti. Así que marcó solo 14.
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