Tres segovianos en el verano austral

Miguel Ángel de Pablos, Pablo Tejedo y Alberto Luquero muestran la bandera del municipio de El Espinar en la Antártida. /Luis Bobi
Miguel Ángel de Pablos, Pablo Tejedo y Alberto Luquero muestran la bandera del municipio de El Espinar en la Antártida. / Luis Bobi

Los científicos Pablo Tejedo y Miguel Ángel de Pablos y el militar Alberto Luquero han cumplido su misión en la Antártida

Miguel Ángel López
MIGUEL ÁNGEL LÓPEZSegovia

El verano austral está siendo en la Antártida más benigno que hace unos años. Dentro de lo que cabe, claro, y de las condiciones extremas que presenta siempre el continente helado. Pero la base Gabriel de Castilla que gestiona el Ejército español en Isla Decepción está en «el Caribe del Continente Blanco», como denominan de manera informal algunos científicos a esta zona. Y allí han estado durante unas semanas de enero y la primera de febrero tres segovianos: Pablo Tejedo, biólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, Miguel Ángel de Pablos, de la Universidad de Alcalá, y el militar Alberto Luquero. Los tres viajaron con la última expedición del buque Hespérides de la Armada. Y en este tercer viaje de Tejedo ha comprobado que sí, que el cambio climático se percibe en esta remota parte del planeta.

Tejedo estuvo trabajando algo más de dos semanas en Isla Decepción y ya ha vuelto a sus clases en el departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. En la primera reflexión tras este viaje explica que «mi última experiencia antártica se remontaba a 2011, así que han pasado ocho años desde que estuve en Isla Decepción. Pero en realidad hace diez años que visité este lugar por primera vez. Por lo tanto, ha pasado tiempo suficiente para poder observar algunos cambios». Este año le ha llamado «poderosamente la atención la extensión que han alcanzado algunas praderas de musgos que había visitado previamente», y cree que «podría relacionarse con el aumento de temperatura que se ha registrado en la Península Antártica en el último medio siglo».

Comenta el científico que los investigadores del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, uno de los organismos internacionales de referencia sobre este problema global, «señalan que la temperatura media de la zona se habría incrementado por encima de los 2,5 grados centígrados» y se trataría «de uno de los aumentos más pronunciados en todo el planeta». Por eso, apunta, en esta zona de la Antártida, en 'el caribe del Continente Blanco', «una mayor temperatura hace que haya más transferencia de agua de los océanos a la atmósfera, lo que incrementa la precipitación en forma líquida o como nieve. Si tenemos más calor y más agua disponible las comunidades vegetales pueden prosperar más fácilmente, de ahí que en algunas zonas de Isla Decepción puedan observase ahora más musgos y líquenes».

También le ha parecido que «había menos hielo marino», pero precisa que «esto varía mucho de un año a otro e incluso entre regiones antárticas relativamente próximas, así que no es el mejor indicador para analizar el cambio climático en una visita tan breve como la que yo hice».

«Lo que no ha cambiado es la espectacularidad de esta región del planeta», que algunos llaman «la Catedral del Hielo», comenta Tejedo. Allí, en Isla Decepción y en la base Gabriel de Castilla han estudiado el cambio climático a través del estudio de los colémbolos, «unos microartrópodos que son clave en los ciclos de nutrientes y los procesos de descomposición de la materia orgánica en la Antártida». Su estudio trata de desvelar si las especies foráneas de estos bichitos han llegado hace poco «posiblemente gracias a la mejora de las condiciones climáticas y tal vez favorecidas por vectores de dispersión como las aves o los humanos».

El proyecto de investigación en el que participa Tejedo lo lidera Miguel Ángel Olalla, de la Universidad Rey Juan Carlos y en esta campaña de campo han participado científicos más, el propio Olalla, Luis R. Pertierra y Javier Benayas. Cree que es «el sitio ideal para nuestros estudios», pues está «en la zona del continente blanco más afectada por el cambio climático, los colémbolos son abundantes, hay especies no nativas que nos permiten estudiar las consecuencias de las bioinvasiones sobre otros componentes de los ecosistemas y además tenemos la base antártica española Gabriel de Castilla».

Esto último es muy importante, advierte Pablo, «porque nos permite realizar estancias más o menos prolongadas en la isla. Y no olvidemos que es uno de los tres únicos volcanes que han sufrido erupciones en la Antártida en los últimos cien años. Es un sitio donde hay microseísmos diarios, fisuras geotermales donde la temperatura del suelo alcanza los 100 grados a pocos centímetros de la superficie, glaciares negros, coladas volcánicas, lahares… el sueño de cualquiera que le guste la geología».