Tres de cada cuatro corzos se abaten de forma ilegal en Segovia

Un agente medioambiental, junto a uno de los corzos sin precinto. /El Norte
Un agente medioambiental, junto a uno de los corzos sin precinto. / El Norte

La Junta de Castilla y León establece sanciones de hasta 6.000 euros para este tipo de prácticas, pero los cazadores furtivos venden tantas piezas que acaban ganando dinero

CLAUSDIA CARRASCALSegovia

La caza del corzo comenzó el pasado 1 de abril y tiene visos de ser fructífera porque es un animal cuyo censo va en aumento. La cruz de la moneda es que este cérvido es una de las especies más perjudicadas por la práctica del furtivismo. En concreto, el delegado en Segovia de la Federación de Caza de Castilla y León, José Luis Gómez, calcula que por cada precinto autorizado por la Junta en la provincia se matan de forma ilegal dos o tres corzos. De este modo, el número de ejemplares que cazan los furtivos puede llegar a triplicar las piezas que se cobran durante la temporada quienes poseen la pertinente licencia oficial.

Asimismo, el representante de los cazadores advierte de que la actividad de estos grupos arranca incluso antes de que dé comienzo temporada de forma oficial con el fin de hacerse con las piezas mejores y más grandes. El delegado provincial tiene constancia de que los agentes han detenido en lo que va de año a cuatro grupos de furtivos en el conjunto de la comunidad autónoma. En la mayoría de los casos, estos malhechores actúan de noche y suelen querer la cabeza del animal para después venderla en el mercado negro, desvela.

El Gobierno autonómico establece multas de 6.000 euros para este tipo de prácticas ilegales, pero Gómez explica que les suele salir rentable pagar la multa si les pillan, porque «a lo largo de la temporada venden muchas piezas con las que recuperan con creces el dinero». Por eso, José Luis Gómez defiende la necesidad de un mayor control y cree que este colectivo tiene la responsabilidad de hacer entender a la sociedad que es una lacra como otras muchas. «Igual que no todo el mundo es violador, ladrón o asesino, tampoco todos los cazadores somos furtivos», esgrime.

«Sin la caza, los accidentes de tráfico causados por animales se multiplicarían por mil»

La actividad que genera en el medio rural es uno de los principales argumentos de quienes defienden esta práctica, aunque también la necesidad de controlar las especies por salud y seguridad, ya que sin la caza los accidentes de tráfico ocasionados por animales como ciervos o jabalíes «se multiplicarían por mil», afirma el delegado de la Federación de Caza de Castilla y León en Segovia, José Luis Gómez. Las organizaciones ecologistas discrepan de este planteamiento y exigen que el estado de conservación de las especies esté por encima de esta actividad. Anteponen la protección y supervivencia de aquellos animales que se encuentren en un claro descenso poblacional y que se prohiba su caza. En primer lugar, defienden la necesidad de cumplir con las directivas europeas y, por otra parte, subrayan la importancia de que las instituciones cumplan con su obligación y elaboren estudios en profundidad con la situación de la biodiversidad para hacer una Ley de Caza acorde a la realidad.

En cuanto a la modificación de la Ley de Caza aprobada por las Cortes autonómicas, aclara que, al menos, de forma temporal sirve para blindar la actividad. Antes era un decreto «bastante más vulnerable» el que establecía las especies que se podían cazar, así como los periodos de actividad. Sin embargo, ahora son dos anexos incluidos en la ley. De esta manera, las organizaciones ecologistas ya no pueden acudir al Tribunal Superior de Justicia para reclamar, sino que tienen que recurrir al Constitucional, con requisitos bastante más complejos, hasta el punto de que solo pueden presentar un recurso a través del presidente del Gobierno, del Defensor del Pueblo o con el apoyo de al menos cincuenta diputados o senadores. En estos momentos «la caza está segura en la comunidad y, por tanto, en la provincia», apostilla Gómez. El problema es que los conservacionistas se escudan en que no está justificado el aprovechamiento de algunas especies, por lo que, en su opinión, es importante acreditar que hay población suficiente y en muchas ocasiones superpoblación. Además, el portavoz de los cazadores segovianos advierte de que hay que analizar con detalle todos los factores antes de eliminar animales del listado de aprovechamiento cinegético, porque, «aunque resulte curioso, cuando se deja de cazar una especie tiende a desaparecer», alega. Esto ha ocurrido, por ejemplo, con la avutarda, que hace años dejó de cazarse.

Por el contrario, la perdiz, que sí que es una especie cinegética, está en mejor situación ya que los cazadores pasan todo el año cuidándola, apunta el delegado de la federación regional. «Nos ocupamos de controlarla, sabemos cuántas hay en cada coto, ponemos comederos y bebederos para que puedan subsistir y establecemos los cupos en cada zona en función de la población existente», expone.

En su opinión, la caza contribuye a garantizar la conservación de determinadas especies.

Por otro lado, el pasado 27 de enero concluyó la temporada de caza menor, tres meses que han servido para superar las malas expectativas que existían al inicio del periodo, al menos en cuanto a la perdiz se refiere ya que, según Gómez, «ha habido más que los años anteriores porque ha criado mejor». Peores resultados se han cosechado con los conejos, que en determinadas zonas de la provincia han sufrido enfermedades y epidemias durante toda la temporada, como la mixomatosis o la hemorragia vírica. Por su parte, la caza de la liebre cada año es más compleja porque es una especie que no deja de reducir su población y en muchos cotos de la provincia ni siquiera está permitido cazarla, matiza.

Legislación europea

Si hay un punto en común entre cazadores y ecologistas es la idea de que la Administración autonómica debería desarrollar un estudio en profundidad que determine el estado de conservación de las especies. En el caso de los cazadores, buscan argumentar la legitimidad de la acción cinegética, mientras que los proteccionistas piden datos reales y objetivos para evitar la extinción de especies y el equilibrio de los ecosistemas. La portavoz de Ecologistas en Acción de Castilla y León, Carolina Martín, asegura que la modificación introducida por la Junta en la Ley de Caza ha sido una decepción porque no incorpora novedades, ni se adapta la realidad.

En este sentido, critica el empeño del Gobierno regional de incluir especies sobre las que no hay datos científicos del estado de sus poblaciones, tal y como marcan las directivas europeas, que «en esta Comunidad se están incumpliendo», asevera la representante de la asociación ecologista. A su juicio, esta apresurada medida responde al interés electoral que está en juego en estos momentos. «La Junta no se podía permitir que en fechas tan próximas a las elecciones no se pudiera cazar en Castilla y León porque se juegan muchos votos, así que han tenido que dar un puñetazo sobre la mesa como los gorilas y hacer las cosas rápido en lugar de bien», recrimina Carolina Martín.

La comunidad autónoma brinda a la práctica cinegética la mayor extensión del país en cuanto a terrenos destinados a la caza se refiere, acaparando el 19% del conjunto de España. Además, esta actividad genera una actividad económica de 500 millones de euros al año y 8.000 empleos directos. Segovia, de hecho, es una provincia que atesora una amplia tradición. En la actualidad cuenta con unos quinientos cotos y cerca 4.000 cazadores autorizados residentes, aunque durante la temporada acuden aficionados de distintos puntos del país, en especial de Madrid.

Los ecologistas dicen que su objetivo es proteger las especies que están en peligro

De momento, con la modificación introducida han salvado la situación y atado los cabos sueltos porque establece que mientras no se desarrolle el plan de caza, los anexos regirán las especies y los periodos en los que se pueden cazar. No obstante, José Luis Gómez cree que uno de los primeros pasos que tendría que dar el futuro Ejecutivo regional tras las elecciones del 26 de mayo es precisamente el desarrollo de ese nuevo plan para que «no haya ningún tipo de resquicio y la caza quede completamente protegida». Gómez opina que el nuevo plan también debería de contemplar especies no autóctonas, es decir, que han sido introducidas, entre ellas, la tórtola turca, que viene de Europa y que en los últimos años se ha registrado un exceso de este tipo de aves.

Por otra parte, reconoce que Ecologistas sopesa las posibilidades que tienen de acudir al Tribunal Constitucional para recurrir la actual legislación y avanza que seguirán ofreciendo diálogo para llegar a consensos de cara a la próxima legislatura. Al respecto, Carolina Martín asegura que el objetivo de la organización no es prohibir la caza, sino proteger a las especies que se encuentran en peligro. Por eso, detalla que no hay ningún problema con que se cacen animales como el jabalí, el corzo o conejo, pero sí otras como el pato cuchara, la cerceta las palomas bravía y zurita, la tórtola europea o la codorniz, que se encuentran «en claro descenso poblacional». La portavoz de Ecologistas en Acción asegura que es un tema complejo. Aunque los defensores de la caza insistan en su utilidad para el control de las especies, todavía «no se han probado los efectos que tendría dejar de cazar». Está comprobado que los animales ante la presión humana aceleran los periodos de reproducción y desarrollan estrategias reproductivas y alimentarias adaptadas, por lo que «puede ser que la caza esté contribuyendo al desequilibrio y no al revés». Tampoco tiene sentido para Carolina Martín que se estén importando jabalíes del este de Europa porque son más potentes y se esté fomentado su cría, al igual que ocurre con los corzos, para luego matarlos. Por último, piensa que es fácil desmontar el argumento de que la caza es la actividad que sostiene los pueblos, ya que en la actualidad se practica y, sin embargo, los municipios siguen despoblándose y muriendo poco a poco. Asimismo, defiende que hay ejemplos paradigmáticos como la Sierra de la Culebra, en Zamora, que demuestran que, en muchas ocasiones «los animales dejan más dinero cuando están vivos que muertos para la observación y el turismo».

Otra de las justificaciones que combate la portavoz ecologista es la del incremento de accidentes de tráfico que se produciría sin la caza. Martín explica que una de las primeras cuestiones que aprendió hace diez años, cuando se fue a vivir a un pequeño pueblo, es que los días de caza son los que más cuidado hay que tener al volante porque los animales están alterados y corren sin rumbo. A su juicio, para determinar las consecuencias reales «hay que dejarse de hipótesis y realizar trabajos de campo y de investigación fiables».

Cabe recordar que e Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL) paralizó la caza a finales de febrero por un recurso del Partido Animalista (PACMA). A principios del pasado marzo, el mismo tribunal anuló también la Orden Anual de Vedas en la comunidad. De este modo, se prohibía la práctica cinegética durante algo menos de un mes, periodo en el que tanto los cazadores como diferentes colectivos vinculados al medio rural han dado la voz de alarma. No obstante, Gómez asegura que por las fechas en las que se ha producido esta suspensión cautelar no ha afectado a la actividad. «No hemos dejado de cazar en ningún momento», afirma. A finales de febrero se cerró la temporada de caza mayor y hasta el 1 de abril no ha comenzado el rececho del corzo. Además, las autorizaciones especiales para evitar daños a la agricultura a través del control de especies, que se concedieron hasta el 26 de febrero, seguían vigentes, apunta el portavoz de los cazadores.

Sin embargo, admite que estas decisiones judiciales han hecho que «el mundo rural se subleve». No solo los aficionados, sino que las sentencias han puesto en pie de guerra a gremios como los agricultores y ganaderos, así como a ayuntamientos por los «graves perjuicios que origina la ausencia de caza». Entre ellos, la transmisión de enfermedades. Asimismo, José Luis Gómez confirma que gran parte de los ingresos de los pueblos pequeños proceden del aprovechamiento cinegético de los cotos que acogen.

La caza mayor se va manteniendo y la temporada ha sido buena, según Gómez, quien detalla que con los jabalíes parece que «cuantos más se cazan, más hay». Hace diez años se mataban unas 2.000 piezas de en todo el territorio de Castilla y León y ahora la cifra ronda entre los 12.000y los 14.000 anuales. Unos datos que se pueden extrapolar a Segovia, matiza el portavoz provincial, donde en diez años se ha multiplicado por diez el número de jabalíes cazados.

La explosión demográfica que ha experimentado este animal también ha supuesto su expansión territorial, ya que antes estaba limitado a la sierra y ahora se encuentran en cualquier rincón de la geopografía provincial. A su juicio, este incremento se debe en parte a la despoblación del medio rural y de las tierras de labranza.

La Federación de Caza de Castilla y León siempre ha contribuido a la creación de las leyes y normativas que regulan esta práctica en la comunidad. De hecho, José Luis Gómez recuerda que para elaborar la legislación de 1996, vigente en la actualidad, aunque con las modificaciones recientes, la Junta tuvo en cuenta el punto de vista de los cazadores y aceptó varias de las propuestas que realizaron. La ausencia de consenso o que la administración trabaje de forma unilateral no son problemas que afecten a Castilla y León. Sin embargo, la caza se topa con un obstáculo importante, que es la falta de desarrollo de la normativa aprobada. La citada ley de hace veintitrés años era buena, pero «la dejadez de la Junta a la hora de desarrollar muchos de los puntos ha provocado que la acaben atacando», critica el delegado.