Titirimundi llena Segovia de turismo familiar y colecciona escenarios abarrotados

Bence Sarkadi, en su actuación en el patio de Rueda con las Marionetas de Budapest./Antonio Tanarro
Bence Sarkadi, en su actuación en el patio de Rueda con las Marionetas de Budapest. / Antonio Tanarro

Los espacios al aire libre estuvieron repletos y el público acudió a coger sitio una hora antes de que empezarán las actuaciones

ALFONSO ARRIBASSegovia

La bajada de temperaturas y un cielo amenazador hacían sospechar que quizá la jornada grande de Titirimundi 2018 no lo sería tanto en cuanto a asistencia masiva a los espectáculos de calle y a la propia ciudad, pero el gancho del Festival es casi inmune a cualquier adversidad.

Este sábado, un masivo turismo familiar deambuló de sede en sede abarrotando cada espacio por el que se distribuyeron las actuaciones, más de 60 funciones solo en el programa oficial, más una decena en el espacio de libre actuación y otras tantas en rincones no habilitados. Los escenarios al aire libre volvieron a completarse hasta convertir en imposible atisbar al artista si se llegaba una vez comenzado el montaje.

Un ejemplo: centenares de espectadores abarrotaron las escaleras de la calle Fernán García, junto al Acueducto, para divertirse con las torpezas de Petit Monsieur, enredado en sus quehaceres cotidianos. Ni la inclinación natural de la grada posibilitó la visibilidad a quien no había acudido al lugar con mucha antelación. Por la tarde, Los Titiriteros de Binéfar reventaron la plaza de San Martín en una actuación especial, dedicada a Julio Michel y como celebración al cuarenta aniversario de la agrupación. Una hora antes de la actuación no había un solo hueco libre.

En la Plaza Mayor repitió Mauvais Coton con sus acrobacias a bordo de un mástil culbuto frente a más de un millar de espectadores, uno de los montajes de calle más icónicos y seguidos en esta edición. El inicio es impactante, aunque peca de una cierta falta de ritmo en su desarrollo, como si se estirara artificialmente la propuesta.

En los patios, siguieron brincando las pulgas con la misma demanda de siempre: colección de aforos completos en sus múltiples funciones vespertinas. Como Barti, otro clásico que permanece en el programa por aclamación popular.

Este año los titiriadictos han tenido la oportunidad de asomarse al desfile de Marionetas de Budapest del joven Bence Sarkadi en el precioso patio de Rueda. Es un montaje pequeño, muy al uso de este Festival cuando se recoge en este tipo de espacios, cuyo secreto del éxito es la sencillez argumental y la complejidad técnica del manejo de las marionetas de hilo.

Entre las historias que cuenta, la de un científico que experimenta con la genética para crear la mujer perfecta o el desparpajo de un bailarín turco en una coreografía en solitario repleta de movimientos sensuales. Todas las marionetas están fabricadas por él y, entre otros tesoros, regaló un número de 'metatíteres', la tierna escena de un manipulador que controla a un títere a cuyo cargo está otro más pequeño, un juego a tres que fue my aplaudido.

La huella del circo

Cerca de 900 espectadores han pasado por la carpa instalada por Circo Rasposo en el barrio de San Lorenzo, cuyo espectáculo 'La dévorée' ha dejado huella en este Titirimundi. A partir del mito de Pentesilea y la pasión mortal, amorosa y guerrera, que compartió con Aquiles, esta prestigiosa compañía francesa regala un montaje impactante, desgarrador, que se pega a la piel y al corazón dejando imágenes difíciles de borrar.

Los números circenses son técnicamente impecables, quizá más, son estremecedores. Equilibrios imposibles, demostraciones de fuerza y coreografías sensualmente salvajes, regadas con sangre, sudor y lágrimas. Pero esas técnicas, además, son el vehículo expresivo para plantear ese juego de deseos carnales, ansias de libertad, tentaciones de dominio, actitudes de sumisión y enrevesadas relaciones de dependencia que forman el sustento argumental de la propuesta.

Como en los circos tradicionales, aquí también hay animales, perros que sorprendentemente contribuyen con inusitada profesionalidad a alimentar esa atmósfera inquietante, densa, que envuelve al público, absorto ante tal despliegue de energía aterradora.

Un trabajo brillante, profundo, que ha aportado prestigio y calado a la trigesimosegunda edición del Festival segoviano, que añade así una muesca más a su directorio de espectáculos magistrales.

 

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