Titirimundi empieza con emoción y una cadena de homenajes y guiños a Julio Michel, su creador

Cuco Pérez, Luisa Pérez y Gaspar Payá, con las máscaras de cabezudos, ayer, durante el pregón del Juan Bravo. /Antonio Tanarro
Cuco Pérez, Luisa Pérez y Gaspar Payá, con las máscaras de cabezudos, ayer, durante el pregón del Juan Bravo. / Antonio Tanarro

Con un nudo en la garganta y una sonrisa en la cara, el festival alzó el telón en el Juan Bravo

ALFONSO ARRIBASSegovia

Con la emoción inherente a cualquier estreno y la añadida por ser el primer Festival sin su creador, ayer arrancó Titirimundi 2018 con un homenaje a la figura de Julio Michel en el teatro Juan Bravo, o una sucesión de homenajes, mejor dicho. El primero, de quien ha tomado su relevo en la dirección, Marián Palma. La nueva responsable, tras reconocer que había sido «un año muy duro», aseguró con convicción que «Titirimundi sigue» gracias al esfuerzo de todo el equipo, que se mantiene «el proyecto de un quijote que levantó este festival con su pasión por las fantasías imposibles». El empuje del equipo que Michel eligió fue también nombrado por la esposa del fundador, Paloma Toro, y en los corrillos previos a levantarse el telón por todos quienes de alguna forma ayudan a que el proyecto continúe como un patrimonio irrenunciable.

El pregón, musical esta vez, también giró en torno a la obra construida con sueños y esfuerzos. Cuco Pérez, Luisa Pérez y Gaspar Payá, componentes de La Troupé de la Merced, rieron y cantaron para compartir un recuerdo alegre, vivo, repleto de ese contagioso buen ánimo de la fiesta popular del que era defensor y partícipe el propio Michel.

Hubo presencia de cabezudos y letras escritas ad hoc para este pregón, repasando con la música de Bienvenido Mister Marshall aquello de «vienen de España y del extranjero, qué poderío, por donde pasan forman el lío».

Pero también hubo tiempo para que Cuco Pérez esbozara un pregón más clásico, un breve texto, en el que utilizó la metáfora de un árbol para referirse a la trayectoria de Titirimundi: la semilla que plantó Michel, el árbol joven al que tutorizó para que creciese alto y recto, y el ejemplar «enorme, fuerte y frondoso» que es hoy, a pesar de que siempre hubo leñadores dispuestos a talarlo, o a reclamar su propiedad.

Con un nudo en la garganta y una sonrisa en la cara, tras los homenajes debidos y sentidos, Titirimundi 2018 alzó el telón con las Fábulas de la compañía francesa Tàbola Rassa.

 

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