Titirimundi congrega a unos 50.000 espectadores en la primera edición sin Michel

La compañía La Gotera de Lazotea representa 'Garbancito en la barriga del buey' en San Martín./Antonio de Torre
La compañía La Gotera de Lazotea representa 'Garbancito en la barriga del buey' en San Martín. / Antonio de Torre

«La asistencia de viernes a domingo ha sido enorme y en los días de diario hubo mucho movimiento de colegios», afirma la directora del festival

ALFONSO ARRIBASSegovia

Sobre las 22:00 horas salían este martes de La Alhóndiga los últimos espectadores de la 32 edición de Titirimundi, que echó el cierre con un balance provisional satisfactorio, a falta de contabilizar las cifras oficiales. «La sensación es muy positiva. La asistencia de viernes a domingo ha sido enorme y en los días de diario ha habido mucho movimiento de colegios y funciones escolares», explica la directora, Marián Palma. La última jornada, por el día festivo en Madrid, aportó también un público numeroso, que llenó las sedes al aire libre.

De modo que el dato final de espectadores, teniendo en cuenta además que en esta edición la lluvia apenas apareció y solo provocó la suspensión de una de las casi 400 funciones planteadas en Segovia capital, podría rondar o incluso superar los 50.000, similar a la pasada edición.

El respaldo del público, junto al cariño de las compañías, ha sido este año más importante que nunca, siendo el primer Festival tras el fallecimiento de su fundador, Julio Michel. «Hemos sentido un vacío enorme, en cierta forma aún estamos en periodo de duelo porque ha sido el primer año sin él. Estamos trabajando mucho para que esto continúe, y que los espectadores sigan confiando y disfrutando nos da fuerza para seguir», comenta Palma.

Respecto a si se plantea la organización un giro radical o grandes novedades, la nueva directora tiene claro que «vamos a seguir con la misma línea porque eso es lo que está hablado: mantener la estela y conservar el espíritu. Las compañías cambian espectáculos, hay nuevas incorporaciones… Pero queremos seguir expresando que Titirimundi es teatro, es arte, y tenemos que mostrar las tradiciones, las vanguardias y la evolución del género».

Pero el balance no se remite solo a la cuenta de espectadores. Hay otra vertiente, la artística, que ha dejado experiencias inolvidables como las vividas en el interior de la carpa de Circo Rasposo, un montaje que han visto más de 900 personas y que sacudió emociones y pupilas con un montaje pleno de energía, de imágenes muy poderosas y una expresividad incomparable.

En Titirimundi también hay 'bestsellers', nombres asociados al éxito y demandados por el público desde el mismo inicio de la venta de entradas. Bakélite (Francia) es uno de esos nombres, una compañía que esta vez se ha desdoblado con el conocido Braquage y con una obra nueva, Invasores. Extraterrestres temblorosos en forma de gelatina luminiscente, una desigual lucha entre los marcianos y los hombres, esencialmente patosos y arrogantes. Una sucesión de ingeniosos mecanismos a partir de objetos cotidianos que volvió a convencer a los espectadores de todas las edades.

La genialidad de Hugo Suárez y sus títeres corporales también forma parte de ese trabajo de fidelización que desarrolla el Festival, programando una suerte de selección de obras que calaron y de artistas que siempre responden.

Algo más críptico 'El paracaidista' de Stephen Mottram (Reino Unido), una invitación al juego de percepciones que exhibe una técnica indiscutible. Y esas 'Tribulaciones de Virginia', de los Hermanos Oligor, montaje realmente singular que volvía a Titirimundi quince años después y que envolvió a los espectadores en una atmósfera decadente para reflexionar sobre el desamor.

Volvió la Diva de Sofie Krog, con cuya función el festival se despidió hasta el año próximo, una obra de aires cabareteros con un gran trabajo escénico y de dramaturgia envuelto en una forma de expresión audaz, explosiva. Y en el Teatro Juan Bravo clausuró el Sol bemol de los belgas D'Irque & Fien, otra propuesta con arte circense aunque con acento más poético que desgarrador.

 

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