Titirimundi se centra en el público local antes de la previsible masificación del fin de semana

Los miembros del grupo Mutis, durante su representación en la Plaza Mayor. Antonio Tanarro/
Los miembros del grupo Mutis, durante su representación en la Plaza Mayor. Antonio Tanarro

Por la tarde hubo cambios en las actuaciones de calle, improvisando techos bajo los que refugiarse de la luvia

ALFONSO ARRIBASsegovia

Con el tiempo revuelto como anunciaban, esta vez con acierto, las previsiones meteorológicas, Titirimundi vivió ayer una jornada intensa pero centrada sobre todo en el público local, brindando ocasiones perfectas para asistir sin demasiadas aglomeraciones a los espectáculos y apurar la adquisición de entradas en los mismos escenarios. El salón de actos de Magisterio fue durante toda la mañana una suerte de patio de colegio a cubierto, donde escolares representaban su obras ante otros escolares en el célebre ciclo de Titiricole.

Trabajos cada vez más profesionales, desde la manipulación a la actuación, desde la propia factura de los títeres a los elementos escenográficos. Así, con esos avances, se presentó el CEIP Eresma de la capital con Los reyes del océano, un desfile de criaturas marinas con moraleja, como tiene que ser.

Muy cerca, en San Nicolás, el genial Rodorín dobló función y concitó la atención de centenares de alumnos de centros no solo de Segovia. Desde Navacerrada vinieron a pasar el día a Titirimundi más de 60 escolares ataviados con chalecos reflectantes, para no perderse de sus profesores. Y otro numeroso grupo de un instituto de Quintana de la Serena, en Badajoz, hicieron noche en Segovia para vivir dos jornadas del Festival después de cinco horas de viaje en autobús.

Asombro en San Juan de los Caballeros

Y Non Nova en San Juan de los Caballeros realizó varias funciones de su estremecedor montaje La siesta de un fauno. En torno a un escenario circular, pequeño e hipnótico, humildes bolsas de plástico cobran vida gracias a las medidas ráfagas de aire, según la intensidad y la orientación.

Es fácil aventurarse a intuir que detrás de esta idea existen muchas horas de ensayo y error. Pero siendo la técnica asombrosa, lo verdaderamente impactante del espectáculo es el alma, la hondura de las composiciones, el juego entre esos títeres y el creador, que aparece como tal más que como manipulador. Tierno y cruel, se genera una atmósfera difícil de describir que conmueve a muchos, una emotividad plástica, frágil, colorida y anárquica que sin duda enriquece el programa de Titirimundi 2017.

No se fueron de vacío. Rodorín desplegó sus encantos de maestro enrollado, de juglar despeinado y titiritero total, atrayendo la atención de un público complicado hacia sus criaturas salidas de un guante, o de un maillot, o hechas por entero con papel. A medias se quedó Victor Antonov en la plaza de San Martín, cuya función de las 12 apenas llegó a la mitad por un inoportuno chaparrón. Y ante la posibilidad de que aparecieran más, la organización trasladó todas las funciones de Lejo, previstas para la Casa de Álvaro de Luna y Patio de los Rueda, a la misma iglesia de San Nicolás; la de Salvatore Gatto al abrigo de unos soportales; y la de La Gotera de Lazotea al Centro Cultural de San José. Por la tarde hubo varios cambios en las actuaciones de calle, improvisando techos bajo los que resguardarse.

En los teatros, mientras, se fueron desplegando algunas de las estrellas de la presente edición. Lejo volvió a enamorar con su Manos arriba y esas criaturas de ojos saltones movidas, creadas en realidad, con las manos. Entradas agotadas gracias al boca a boca.

 

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