Soledad Puértolas: «A la Academia de la Lengua le pesa haber sido un club de hombres»

Soledad Puértolas en el acto de La Alhóndiga. /Óscar Costa
Soledad Puértolas en el acto de La Alhóndiga. / Óscar Costa

La premiada escritora y académica, Soledad Puértolas, reconoce en el Hay Festival que la RAE arrastra la tradición de «no mirar las obras de las mujeres»

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

La conversación fluye y entonces el público entiende todo. Que la escritora Soledad Puértolas hile palabras y frases que a su vez bordan reflexiones en voz alta que van de lo personal a lo profesional y vuelven a la intimidad de la autora es la escenificación ante el público de su proceso creador. Piensa y escribe; se documenta y escribe, imagina y escribe... así hasta el manuscrito que luego ella misma se encarga de corregir hasta que lo entrega. Da a entender un perfeccionismo que trata de ordenar su particular anarquía a la hora de organizarse cuando se enfrenta a una obra.

En diálogo con la escritora y periodista, Angélica Tanarro, Puértolas desnudó de manera casi integral su narrativa. Así, admitió querer por igual a papá y mamá, que en su caso son el relato más breve y la novela. Aunque precisó que «no soy la misma persona» cuando escribo unos u otras. Explicó su dualidad, y es que la novela la asume como «un cometido en el que todo va cuadrando»; mientras que si se sienta a escribir un cuento, afirma sentirse «más desasistida».

Su disociación como literata tiene mucho que ver con su reflexión sobre el tiempo. No hace balances, no enfoca el espejo retrovisor al pasado; pero la zaragozana tampoco anticipa el futuro ni quiere usar unos prismáticos para atisbar el horizonte venidero. El presente, eso es lo que le ocupa y preocupa. La autora, que habló ayer en el Hay Festival de su última novela, 'Música de ópera', reveló a su interlocutora que «ahora estoy en contra de la idea del tiempo». No es un capricho ni una ventolera de artista. Apeló a «volver a inventarlo» ante el asentimiento cómplice del respetable que llenó la sala de La Alhóndiga y que escuchaba atentamente el brotar de reflexiones de la invitada.

Soledad Puértolas es una de las cinco mujeres que actualmente se sientan en la Real Academia Española. La escasez de voces femeninas en la institución también prendió la elocuencia de la autora de títulos como 'El bandido doblemente armado', con el que ganó el Premio Sésamo en 1979, 'Chicos y chicas', 'Adiós a las novias', 'Todos mienten', 'La rosa de plata' o también la galardonada con el Planeta hace treinta años, 'Queda la noche'. Reconoció que esa carencia femenina en la RAE es objeto de conversación entre los académicos; sin embargo, como en palacio, las cosas de aumentar la presencia de mujeres en la Academia va despacio. Más de lo que le gustaría a la propia Puértolas, confesó.

Al tratar de razonar tanta lentitud en la visibilidad y el reconocimiento de la literatura con firma femenina en España, Puértolas compartió que «la Academia era un club de hombres cuando nació porque no hubo mujeres en su fundación ya que se consideraban que no tenían que participar en debates sobre la lengua y la literatura». Si bien la autora precisó que ese coto privado «se ha ido abriendo», también puso de manifiesto que «hay una tradición muy pesada de no mirar hacia las obras hechas por mujeres».

Asegura que ella misma, a pesar del reconocimiento y los premios, se siente «excluida en muchos lugares». Sí, ahora, hoy, en ese presente que exprime sin mirar atrás ni inquietarse por lo de delante. La escritora maña añade que ha adquirido un mecanismo de defensa ante esos aislamientos, que no es otro que el de ignorarlos y seguir su camino. Eso sí, aun considerándose feminista, «no me voy a poner a reivindicar mi posición personal porque no va con mi estética» en la vida. El hecho de que a las mujeres creadoras se las siga «mirando muchas veces de segunda» es «un vicio actual, no pasado», sentenció la invitada.

El diálogo con Angélica Tanarro se enmarcó dentro de la actividad promovida por la Fundación Delibes. Soledad Puértolas, fiel lectora del vallisoletano, ensalzó su figura y la elevó hasta enaltecerla como «una de las que más han hecho para que la literatura sea algo muy cotidiano». El peso de Delibes en la narrativa española es enorme, insistió la escritora.

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