La segoviana Sara Gómez, premio Mujer y Tecnología, reconoce que lucha a diario contra «el muro de corbatas»

Teresa Serrano, Sara Gómez y la alcaldesa Clara Luquero, en la entrega del Premio de la Fundación Orange. /El Norte
Teresa Serrano, Sara Gómez y la alcaldesa Clara Luquero, en la entrega del Premio de la Fundación Orange. / El Norte

«Ha habido errores tecnológicos por no tener en cuenta la forma de pensar de las mujeres»

Miguel Ángel López
MIGUEL ÁNGEL LÓPEZSegovia

Sara Gómez Martín, doctora ingeniera, docente, directora del proyecto Mujer e Ingeniería y activista dijo que se siente «pequeña» cuando recogió ayer el Premio Mujer y Tecnología de la Fundación Orange, en el marco del Encuentro de Mujeres que Transforman el Mundo. Se comparaba con las participantes en los diálogos, pero se equivocaba. La exposición que hizo para defender la presencia femenina en las carreras técnicas y su trayectoria profesional avalan el galardón y su lugar entre las mujeres que logran transformar el mundo. La segoviana «de armas tomar», como dijo Teresa Serrano, responsable de Proyectos Sociales de la Fundación Orange, habla del riesgo de exclusión de las mujeres en la cuarta revolución en la que estamos inmersos, la tecnológica, por la carencia tremenda de tituladas en las materias que serán los nichos del empleo en pocos años.

Y aporta datos: en los últimos 15 años, sin distinción de sexos, hemos perdido un 15% de estudiantes en ingeniería, y es un problema al que «se superpone la escasa presencia femenina», pues a pesar de que las mujeres son el 55% de los estudiantes universitarios, «solo el 23% de mujeres están cursando estudios de ingeniería».

Ha dicho Sara Gómez que utilizará «un martillo pilón» para romper los techos de cristal o de hormigón, para terminar con la desigualdad, y al recibir este premio, exclusivo para mujeres, reconoció que «la discriminación positiva sigue siendo necesaria; es necesario que premios como este y otros, reconozcan a las que estamos ahí en primera línea, luchando contra ese muro de corbatas. Yo estoy en la tesis de que no creo en el concepto de discriminación positiva, pero sí en el resultado, en que hay que competir en igualdad de verdad, que en este momento no existe»

Su proyecto Mujer e Ingeniería tiene algo más de tres años está pensado para que dé resultados a medio y largo plazo porque el problema de la falta de ingenieros es «enorme» en España y en Europa. Está trabajando en los colegios para acerca la ingeniería a las niñas y los niños porque cree que para ellos «la ingeniería es una gran desconocida, están rodeados de tecnología y no saben quién la hace, y además no ven la vertiente social de la ingeniería, no ven que puede ayudar a las personas y al planeta». Cree que lo que están «sembrando» en los colegios lo recogerá la sociedad en unos diez años, y mientras mantiene la atención en las ingenieras jóvenes: «Necesitan un acompañamiento para su incorporación al mundo laboral, porque es más duro para ellas. Las chicas, las mujeres, se siguen encontrando con obstáculos adicionales por el hecho de serlo».

Un pulso diario

Afirma que en la universidad toma el pulso cada día a la cuestión. «A las alumnas les ayuda mucho ver a una mujer dando asignaturas como Mecánica de los medios Continuos, porque me lo dicen; noto que necesitan refuerzos, tienen problemas de autoestima porque el ambiente es lo suficientemente hostil como para que necesiten una mano tendida que les ayude a recorrer el camino».

Por eso, por la carencia de estudiantes de ingeniería y más aún de mujeres en este campo, Gómez cree que existe un riesgo real de exclusión para hombres y mujeres en el futuro. «Absolutamente, es un problema de Europa. En los próximos años solo se titularán una pequeña parte de los ingenieros e ingenieras que se necesitan; Alemania necesita 12.000 ingenieros más al año de los que titula, hay una falta a nivel global enorme, y los grandes abastecedores son India y China, que titulan entre 400.000 y 500.000 cada año. Y eso es una forma de colonizar a través de la tecnología».

Además, advierte, «que no estemos las mujeres ahí es una cuestión de aritmética, los últimos errores tecnológicos que se han cometido han sido porque no se han tenido en cuenta ni nuestra morfología ni nuestras necesidades ni nuestra forma de pensar». Y a la pregunta de si se dan cuenta de todo esto los políticos responde que «están empezando a darse cuenta. He estado como un martillo pilón con este tema, y las administraciones están empezando a hacer pequeñas inversiones en este tema porque están empezando a ver el problema. Y también las grandes empresas, porque están teniendo problemas para reclutar estos perfiles porque no hay»