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José Manuel, el día que llegó a El Ronquillo (Sevilla), bajo la lluvia. El Norte

De Segovia a El Rocío: 630 kilómetros a pie

José Manuel Ansoleaga, presidente de la Hermandad del Rocío de Segovia, llega hoy a Almonte después de una caminata de treinta y dos días

Carlos Álvaro

Segovia

Sábado, 22 de noviembre 2025, 19:51

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Lo que iba a ser un peregrinar en pareja se convirtió, tras el fallecimiento de su esposa, el pasado agosto, en un reto íntimo y espiritual: cubrir a pie los más de 630 kilómetros que separan Segovia de Almonte, en la provincia de Huelva. Hoy, 22 de noviembre, si todo discurre según lo previsto, entrará en el santuario de la Virgen del Rocío después de treinta y dos días que le darían para escribir varios libros. «Ella iba a hacer el camino conmigo. Habría conducido la autocaravana de la logística, lo teníamos todo pensado, pero...», cuenta José Manuel con voz serena mientras progresa por el corredor verde de Sevilla, remangado y casi sudando en pleno noviembre, cuando el frío en Castilla empieza a hacer de las suyas.

La autocaravana que le han prestado se ha convertido en su único refugio nocturno. Cada día, al llegar al pueblo que la ruta le marca, algún hermano rociero lo recoge, lo lleva hasta el lugar donde durmió la noche anterior y él mismo conduce la casa rodante hasta el destino al que previamente ha llegado a pie. Después come, descansa y prepara el cuerpo y el alma para la siguiente jornada. «He estado saliendo a las siete de la mañana, bien preparado... Ni una ampolla me ha salido. Y no he hecho nunca deporte, porque soy de los de ir a por el pan en el coche...», bromea. De esta manera, José Manuel Ansoleaga, presidente de la Hermandad del Rocío de Segovia, ha ido cubriendo, una a una, las treinta y dos etapas de entre 18 y 25 kilómetros, siempre que puede por caminos y senderos. «Ha saltado charcos, he sorteado vados inundados, he hecho kilómetros de más porque el GPS me ha llevado por donde no debía..., pero aquí estoy, a las puertas de El Rocío», señala con indisimulado orgullo.

La aventura le ha permitido conocer mejor el país. No es lo mismo viajar en coche, por autovía, que cruzar a pie encinares, dehesas y pinares, y toparse con ciervos, corzos, jabalíes, muflones y hasta ¿un lince? «Juraría que era un lince». Segovia, Ávila, Toledo, Cáceres, Badajoz, Sevilla y Huelva. «No he entrado en ninguna de las capitales, aunque sí he pasado por Talavera, Trujillo... En pocos kilómetros cambia completamente el paisaje. España es mucho más de lo que vemos desde la autopista».

Con la Soledad Coronada de Huévar del Aljarafe (Sevilla). El Norte

Al margen de su buena respuesta física, a José Manuel le ha sorprendido la solidaridad rociera. Él mismo creó el grupo de Facebook 'Desde Segovia a tus plantas, Rocío' para compartir vídeos, fotos y comentarios, y la bola que se formó fue inmediata: hermandades rocieras de numerosos lugares se han ido turnando para resolverle la logística. «En ningún momento he tenido que coger un taxi o una autobús, porque siempre, desde el principio, ha aparecido alguien dispuesto a ayudarme con la autocaravana», asegura.

Duelo y renacimiento

En la motivación de la aventura que José Manuel ha vivido este otoño han confluido varios alicientes: sus sesenta años, las bodas de plata de la Hermandad del Rocío de Segovia y la promesa que él y su mujer hicieron a la Virgen para ir a su santuario andando desde Segovia. «Aunque llevo buena parte de mi vida afincado en Segovia, nací en Logroño. Recuerdo de niño ver a los peregrinos que caminaban hacia Santiago. Quería hacer algo así, aunque no me llama la atención el Camino de Santiago porque está muy masificado. La Virgen del Rocío me ganó hace más de veinticinco años, así que... ¡qué mejor que caminar hacia ella y expresar de esta manera una devoción que tanto me llena!». El fallecimiento de su esposa frenó los planes... por poco tiempo. «Empezamos a prepararlo con ilusión. Planificamos varios itinerarios, pero no todos encajaban... Su marcha ha sido un acicate más para ponerme en camino. Sé que me está alentando. Para mí, es una manera de cubrir una etapa, de hacer un punto y aparte en mi vida y volver a comenzar».

Ansoleaga pasa buena parte del día grabando vídeos y respondiendo mensajes de WhatsApp. También reflexionado, «porque cuando caminas piensas en muchas cosas». Si se le pregunta cómo se imagina la llegada al santuario, calla un segundo antes de contestar: «Lo he pensando cientos de veces, y no sé qué haré cuando vea a la Virgen delante de mí. Supongo que ahí mandarán los sentimientos». Hoy, este hombre que nunca había caminado más de lo estrictamente necesario entrará en la aldea de El Rocío después de un mes de soledad, sudor, lluvia, charcos y oraciones. Lleva en la mochila la medalla de su hermandad, el recuerdo de su esposa y la certeza de que, como dicen los rocieros, la Blanca Paloma ya lo estaba esperando mucho antes de que él saliera de Segovia.

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De Segovia a El Rocío: 630 kilómetros a pie