La Sego duerme líder tras ganar a la ruleta en Santander
Los azulgranas remontan ante el filial de Racing en un partido sin red que cayó de su lado en una contra en el descuento
Rayo Cantabria y Gimnástica Segoviana juegan en el descuento un partido roto. Ambos quieren más, por eso cada balón dividido es dinamita. Ahí llega el ... trabajo de un veterano como Fer Llorente para embolsar un esférico comprometido en campo azulgrana y desplegar la felicidad. Su balón en largo lo caza por el centro Juanma, que asiste a Ayán por la derecha. Velocidad pura para ganar línea de fondo y servir un envío tenso que atraviesa a la zaga y al portero para que Ivo solo tenga que empujarla a placer. Uno de esos goles que marcan la diferencia entre el aprobado y el sobresaliente cuando acaba la temporada. Así llegó en Santander el segundo triunfo a domicilio de los azulgranas, que duermen líderes del grupo I a la espera de lo que hagan este domingo los filiales de Oviedo y Deportivo.
Rayo Cantabria
Álvaro Jiménez, Adri Argos, Ayala, Adri Cacigal, Samu, Manu González, Mario Solórzano, Chino Fuentes, Izan, Santi Franco y Baldrich.
1
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2
Segoviana
Postigo, Silva, René, Josep Jaume, Rubén, Fer Llorente, Diego Campo, Samu Manchón, Pau Miguélez, Marc Tenas y Álex Castro.
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Cambios Rayo Cantabria: Manu Márquez por Franco (min 63), Diego Díaz por Chino Fuentes (min 81), Adri Ramos por Sergi Baldrich (min 81) y Javi Carmona por Solórzano (min 93).
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Cambios Segoviana: Ayán por Manchón (min 61), Ivo por Marc Tenas (min 75), Juanma por Miguélez (min 75) y Rodrigo Ibañes por Diego Campo (min 90).
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Goles: 0-1 Izan (min 19), 1-1 Álex Castro (min 32) y 1-2 Ivo (min 90+2)
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Árbitro: Iván García Rey (Galicia). Amonestó al local Ayala y al visitante Josep Jaume.
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Otros datos: Encuentro disputado en los Campos de Sport de Santillero, en Santander.
Bea dio a Postigo su cuarta titularidad –la segunda con Carmona en el banquillo– y cambió de sitio a sus comodines: esta vez Silva volvió a sus orígenes del lateral derecho y fue René el que acompaño como central a Josep. El incentivo de este encaje era el centro del campo más creativo de su armario, con Llorente y Diego Campo. Lo demás, titularidades en las bandas para Miguélez y Manchón, el premio a superar tanto percance físico, y la dupla de casi siempre en punta: Castro y Tenas. Era un dibujo para dominar, pero no funcionó de salida porque la pelota fue del Rayo.
Se dio un arranque dominante del filial porque tuvo más intensidad y aprovechó las torpezas azulgranas en la creación y en el repliegue. La primera ocasión llegó en un suspiro con un centro desde la izquierda al punto de penalti que Santi Franco, solo, cabeceó alto. Que la Sego siguiera inédita, sin quitar el precinto a las botas, con el paso de los minutos no era buen síntoma. Esa tibieza con el balón animaba a arriesgar más para recuperarlo, una desnudez a la espalda que el Rayo no tardó en aprovechar. El primer compromiso para Postigo llegó con un pase raso de Diego Fuentes que se filtró sin oposición en área gimnástica para Sergi Baldrich; el portero aprovechó su envergadura y la posición escorada del delantero para salir rápido y bloquear el tiro. Sin apenas tiempo para secarse el sudor, el de Trescasas vio como Calera, un lateral zurdo de mucho nivel, ponía un centro medido para el remate acrobático de Franco que no cogió puerta por un pelo.
Dados los avisos, llegó la dentellada. Ante un filial tan vertical, cualquier pérdida tiene peaje doble. Por eso el pase tendido de Miguélez hacia el centro explotó. Lo robó Izan, que se marchó hacia la portería azulgrana, se apoyó en Baldrich, trazó un desmarque fácil ante una zaga obligada a replegar y batió a Postigo con un tiro cruzado. El balón se frenó en el barro, pero terminó entrenando. Un premio a la paciencia de Franco, que evitó la tentación de empujarla.
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El marcador reconocía los méritos del filial, que rebajó su agresividad con la ventaja y dejó a los azulgranas asentarse. No hubo florituras, apenas alguna acción a balón parado y un tiro de Llorente desde el balcón del área que amortiguó la defensa, pero ese oxígeno de jugar en campo rival bastó para que la Sego exhibiera pegada. El empate llegó a la media hora, casi de la nada, en un centro lejano envenenado de Llorente desde la derecha que aterrizó en el sitio perfecto: el punto de penalti. En esas, cualquier toque –amigo o enemigo– es letal. Y Castro se anticipó al primer palo para poner el lazo con un tiro cruzado.
Un gol que dio más ritmo a un partido que no estaba falto de él. La Sego quería más y estuvo cerca de encontrarlo en una falta de Miguélez por el perfil izquierdo –justo desde donde llegó el centro del Llorente– que acompañó Josep con un testarazo que rozó el larguero. Reaccionó el Rayo con una ocasión primorosa en una falta clavada a la anterior, a la que llegó solo Sergi Baldrich en el punto de penalti para acompañarla con un testarazo picado de gatillo rápido que Postigo salvó por reflejos, pues vio el bote y se estiró para sacarla a córner. La afición visitante coreaba su nombre y el descanso llegó como quien tiene que parar una buena película porque ya no puede aguantar más sin ir al baño.
El placer del aficionado se traduce en esquizofrenia para un entrenador. Quizás por eso el partido volvió con un par de marchas menos. Un escenario más acorde al perfil de equipo dominante que quiere ser la Sego, que salió con esas hechuras, con Diego Campo, de vuelta a la cantera que le vio crecer, domando la posesión y una presión alta sin las grietas de la primera parte. Se jugaba en el campo del Rayo a la espera de la ruptura de Manchón o Miguélez, el chaval de Noja que debutó con el primer equipo del Racing en Segunda B a los 16 años, el momento más bajo de un club que ahora lidera Segunda. Pero la navaja tenía dos filos, como comprobó Rubén Yubero, que pasaba en un suspiro de servir un córner a concederlo ante el acoso de dos camisetas blancas. Los visitantes no querían pausas y devolvían el balón al verde en cuanto podían. En esas, tras un saque de banda rápido, intercambiaron pases entre líneas, como las corcheas de una partitura, y Castro recibió un pase filtrado que el dejaba solo ante el portero. Pero su tiro, desde una posición algo escorada a la derecha, salió demasiado cruzado.
Con casi toda la pólvora ya en el once inicial, Bea miró al banquillo y sacó al revulsivo: Ayán. En él se apoyaba Campo para internarse en el área y buscar un disparo que la defensa despejaba a córner. De ahí llegó un testarazo de Castro que se perdió en el bosque de zagueros. Un guion muy parecido al de la segunda parte del empate en Valladolid: una Sego superior en busca del gol que lo certificase. Con el mismo riesgo, el de la falta de Josep a Izan que el colegiado señaló fuera del área para enfado de los cántabros que, cuanto menos, la vieron en la línea. Centrada como si fuera un penalti, Izan, la víctima de la falta, pegó un latigazo que no cogió portería.
La acción devolvió la confianza al Rayo, que fue a más en el epílogo y tuvo la más clara del partido en una falta lateral por la derecha, un balón que le cayó a Cacigal en el punto de penalti. Afortunadamente, evidenció su condición de central: enganchó un disparo raso a la media vuelta que no cogió puerta. Un nueve no la hubiera fallado. Postigo tuvo que estirarse a la siguiente ante un tiro lejano de Calera y al rechace, ya en fuera de juego de Rodri Ramos. Jiménez haría lo mismo ante un remate a bocajarro de Tenas, también adelantado, y un cabezazo con más intención que fuerza de René, que probó después suerte con un latigazo lejano que no cogió portería. Tuvo otra clara el Rayo, a un tris de cazar en un renuncio a la Sego en un saque rápido de falta que dejó a Márquez ante Postigo, salvado por su defensa. Así, a ocasión por minuto, fue girando la ruleta. Hasta que Ivo la paró.
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