El santuario de La Fuencisla se queda pequeño para acoger a más de 400 aguederas

Dos aguederas esperan la salida de la romería. /Antonio Tanarro
Dos aguederas esperan la salida de la romería. / Antonio Tanarro

Una veintena de pueblos se suman a la iniciativa que nació en San Lorenzo hace 24 años

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Las aguederas segovianas vivieron ayer una jornada de fraternidad y, en el mes de las flores, hicieron la tradicional ofrenda floral a la Virgen de la Fuencisla, no solo los barrios de la ciudad, sino también más de veinte pueblos de toda la provincia. La idea, que surgió como un generoso acto de una aguedera de San Lorenzo hace ya 24 años, ha triplicado su convocatoria en la última década y ya congrega a más de 400 orgullosas segovianas ataviadas con su traje. Como hito, vivieron su primera misa en la explanada de La Fuencisla porque el santuario se les ha quedado pequeño. Fue el plato grande de un itinerario que partió a las 12:30 horas del Azoguejo y terminó con una comida multitudinaria en el hotel Puerta de Segovia.

La responsabilidad organizativa rota cada año entre los distintos barrios y pueblos.«Los bonito es la armonía, la forma de conocernos y conciliarnos entre nosotras. Y aquí todo el mundo viene con sus trajes regionales, a lucirse», explica Cristina Olaya, presidenta del grupo de Santa Tomás. Una prueba de que el rojo, aunque sea el color hegemónico en el traje regional segoviano, no es el único. Las mujeres de La Granja portaron una modalidad amarilla, de segadoras; frente al paño rojo había también otros mantones azules o morados. Hay quien trae sus propios mantones de manila más allá del traje, y se respetan los cánones tradicionales como que la mujer casada lleve medias rojas. El bordado en los zapatos también servía de distinción.

«Sobre todo es fraternidad, nos vamos juntando y nos despedimos hasta el año que viene». Olaya, encargada de organizar la salida de las diferentes comitivas junto a la escultura de 'loba capitolina' habla de una «reivindicación» del colectivo. «Que estamos aquí, que no solamente somos importantes el día de Santa Águeda. Que estamos muy unidas y cuando surge cualquier cosa, aquí estamos todas». En el acto se hizo un recordatorio a las que no pudieron acudir, bien por enfermedad o fallecimiento. Modesta Herranz sujeta orgullosa el estandarte de Cantimpalos, que llevó a una decena de mujeres a la capital.«Es una concentración que hacemos una vez al año y un homenaje a nuestra patrona. Además de ser muy importante, es una fiesta muy bonita. Bailar la jota, nuestros trajes regionales... Esto es un arte y tiene mucho valor» Su traje, que se pone dos veces al año, está cuidadosamente guardado durante el año en su armario con una sábana de algodón y unas hojas de laurel. «¡Yo sería capaz de ponérmelo hasta para ir a la compra!».

El grupo de Torrecaballeros, que ha participado por segundo año en la ofrenda, es un ejemplo de cómo ha ido creciendo la convocatoria con el paso de los años. «Poco a poco se van animando más señoras del pueblo», celebra detrás del estandarte Cristina Casado. En su asociación ya hay unas 80 mujeres. «La idea es salir del pueblo y sacar un poco más el traje. Ya no es solo ensalzar la figura de la mujer, que está ya un poco desgastada creo yo, sino la fiesta tradicional. Ayuda a fomentar nuestra cultura, que se está perdiendo un poco». Incide en que la marca España corre el riesgo de desvirtuar la marca Segovia. «Parece que tenemos que ser todos flamencos, hay Feria de Abril en todos los pueblos de Segovia, y no se tira de lo más arraigado de cada tierra». En esa línea, pide gestos de las instituciones públicas. Y marcharon las aguederas, dueñas de la carretera mientras el coche escoba consumía el embrague en la cola de la comitiva.