El restaurador José María Ruiz alaba el compromiso de los vecinos de San Lorenzo con su barrio

Espuma en el inicio de las fiestas del barrio. /Óscar Costa
Espuma en el inicio de las fiestas del barrio. / Óscar Costa

La tradicional lluvia de gaseosa refresca el ambiente y desata el jolgorio en la inauguración de las fiestas

MARÍA SOPENASegovia

La plaza del barrio de San Lorenzo se fue llenando a medida que crecían las ganas de jóvenes y adultos porque llegase el esperado momento de la gaseosada, que descorcha las fiestas. Las peñas de San Lorenzo, listas para el posterior desfile, lucían sus divertidas pancartas y disfraces hechos a mano. Tras una breve introducción del alcalde accidental, Jesús García Zamora, para felicitar las fiestas en medio del estruendo en la plaza, le tocaba el turno al pregonero, el restaurador José María Ruiz. «San Lorenzo es rico a nivel cultural, por sus monumentos, empresarial y, lo más importante, por sus vecinos y amigos comprometidos siempre con el barrio». Fue breve porque, explicó, así se lo pidieron «los amigos del barrio», y porque entiende que «lo más importante es empezar a vivir la fiesta».

Aunque dijo desconocer el porqué de su elección como pregonero, aseguró que San Lorenzo es un barrio al cual se siente muy vinculado y en el que tiene muchos amigos, clientes y proveedores, «sin olvidar que parte del equipo humano del Restaurante José María son de este barrio y colaboran en sus actividades». Además, sus hijos y nietas están integrados en las peñas.

El célebre restaurador se mostró orgulloso del barrio del arrabal por su «entidad propia, sus vecinos y por ser un ejemplo de organización en sus fiestas y durante todo el año», llevando a cabo eventos culturales «que se convierten en referencia para los demás». Hizo una mención especial a la gente que ha colaborado con «empeño, esfuerzo, tiempo y talento» para sacar adelante el programa de festejos asegurando que es «es tan difícil crear un proyecto como mantenerlo en el tiempo».

En su pregón hizo también un recorrido por el pasado. Recordó los años ochenta con la renovación de la asociación de vecinos y con el nacimiento de la Comisión de Peñas. A una de ellas, El Clan, le felicitó por su cincuenta aniversario . Fue la organizadora de la primera matanza popular en la plaza de San Lorenzo, en la cual José María Ruiz participó y fue nombrado matancero de honor. En los últimos años de la década de los ochenta comenzaron los encierros nocturnos, los únicos urbanos que tienen lugar en capitales de Castilla y León y uno de los pocos de España. «Estos y otros muchos eventos que habéis creado sois capaces de mantenerlos y hacerlos crecer para el disfrute de todos los gustos y edades».

El pregonero tuvo palabras de recuerdo para «personas y familias bien reconocidas en el barrio, como Paco o Vicenta con sus hijos, del Bar Casa Paco, o María de Barrio, que nos dejó su 'festival de danzas' y con quien aprendieron a bailar algunos de mis hijos y ahora mis nietas». También para familias y empresas «con solera y fiabilidad como 'los Marotos, antes los molineros, 'los Merinos, como hortelanos de las famosas huertas de San Lorenzo, la familia Cerezo, como marmolistas y canteros, o los hermanos Muñoz, en la fontanería junto con Canales». Asimismo, aludió a «industrias importantes, como fueron la fábrica de la Borra, la galletera de Anselmo Carretero y la Loza de los Gil-Vargas, de la cual tuve la primera vajilla cuando se inauguró el Restaurante José María por el año 1982».

De la huerta del Monasterio de San Vicente el Real «sacamos las frambuesas para nuestros postres durante toda la temporada de verano», señaló el pregonero, que siguió el paseo por la Alameda, lugar donde también paseaba Antonio Machado, para terminar en la Casa de la Moneda y el Monasterio de los monjes del Parral. Como curiosidad, señaló que el patrón del barrio de San Lorenzo coincide con el de los asadores y cocineros, además de ser un santo universal: «En Roma es titular de cientos de iglesias, en Argentina lleva su nombre un equipo de fútbol».

El ambiente festivo, que se caldeaba por momentos, estalló al grito del pregonero: «¡Larga vida a estas fiestas y viva San Lorenzo!».