Remondo homenajea a su centenaria

Antonia Ortega de Benito, acompañada por sus familiares. /C. C.
Antonia Ortega de Benito, acompañada por sus familiares. / C. C.

Antonia Ortega de Benito cumplirá el miércoles un siglo de vida

CRUZ CATALINARemondo

Como cada año, el próximo 13 de junio, miércoles, la pequeña localidad pinariega de Remondo honrara a su patrón, San Antonio de Padua, el fraile franciscano de origen lisboeta fallecido en la ciudad italiana por la que es más conocido. Ese día, hace un siglo (1918), mientras la bella talla del santo que atesora la iglesia parroquial procesionaba por las calles, venía al mundo la tercera de los seis hijos que tuvieron Teodoro y Francisca.

De ahí que a la hora de buscar un nombre para la recién nacida, sus padres, que regentaban una tienda de ultramarinos y labraban algunas tierras, no dudaran un minuto y la bautizaran con el nombre del patrón de Remondo, pero en femenino, es decir Antonia. Ayer domingo, en el transcurso de la misa y como prologo al programa diseñado por el Ayuntamiento para celebrar las fiestas mayores, Antonia Ortega de Benito, la abuela de Remondo, como se le conoce, recibió un emotivo homenaje de sus convecinos. La alcaldesa, María José González Herrero, en nombre de toda la Corporación, formada íntegramente por mujeres, y de todos los vecinos, le entregó un ramos de flores como reconocimiento y admiración por esos 100 años de vida que cumplirá este miércoles.

Antonia estuvo acompañada por sus hijos, Herminia, Dorita, Saturnino y José Antonio, fruto de su matrimonio, en 1941, con Antonio Carrera, también natural de Remondo, «un hombre trabajador y bueno, al que quería mucho, que bailaba la jota con gran garbo y salero en las fiestas, albañil de oficio, pero también labrador de unas tierras que poseíamos».

Cuatro hijos de cuyos matrimonios han nacido siete nietos, Maribel, Amelia, Marta, Begoña, Ana Isabel, Diego y Delfín –este ultimo desgraciadamente fallecido–, y que, a su vez, le han dado cinco biznietos, que ahora son quienes tanto le alegran la vida: Rodrigo, Nuria, Hugo, Álvaro y Alba.

Desde que enviudara en 1996, la abuela de Remondo vive, por meses, con sus cuatro hijos. Su estado de salud es bueno y aún es capaz de leer sin gafas, «aunque los rótulos de la tele van muy deprisa para poder leerlos bien», y dice que en algunos momentos la memoria le falla. Antonia, que aprendió a leer y escribir al tiempo que ayudaba en la tienda a sus padres, confiesa que de más joven era muy aficionada a las novelas de Corín Tellado. También le gustan mucho los paseos, aunque ahora tienen que ser cortos y siempre acompañada.

En una jornada tan emotiva como la que vivió ayer, le vinieron a la mente muchos recuerdos. Como cuando iba a la Plaza Mayor de Íscar en burro los miércoles, tradicional dia de mercado, a vender garbanzos, «y siempre vendía todos porque me decían eran muy buenos»; o cuando de muy jovencita echaba una mano a sus dos hermanas mayores, que tenían muchos hijos, o aquellos viajes en carro hasta la entrada de Valladolid, «donde ahora está la Fasa Renault, a ayudar a mi hermana Dionisia, que tenía allí una finca».

Recuerdos que fueron aflorando tras la celebración eucaristía, en la que el sacerdote tuvo palabras de cariño y admiración hacia la centenaria, durante el refrigerio que la familia ofreció en el pórtico de acceso al templo parroquial. Ya por la tarde, en la casa de una de sus hijas y después de la comida familiar que reunió a prácticamente todos sus descendientes y consortes, Antonia recibió a los vecinos que quisieron acercarse a felicitarla. La abuela de Remondo hace votos para quien el miércoles el tiempo mejore y el sol brille con todo su esplendor para permitirle ver la imagen de San Antonio de Padua en procesión un año más. Y con este serán cien.

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