Puri, la cartera rural que leía en voz alta las cartas a los vecinos que no sabían leer

Protesta contra los recortes en Correos. /El Norte
Protesta contra los recortes en Correos. / El Norte

El número de repartidores de Correos en los pueblos de Segovia ha disminuido un 40% en diez años

CLAUDIA CARRASCAI Segovia

Purificación Otero forma parte del centenar de repartidores de cartas en el medio rural segoviano, donde la plantilla de Correos ha descendido en torno a un 40% en los últimos diez años. Treinta años trabajando en Correos le han servido a Puri para conocer de cerca la evolución que ha experimentado el servicio postal en la provincia, tanto a nivel personal y de trato con los clientes como a nivel profesional. «El número de empleados ha disminuido, pero la cantidad de pueblos a repartir sigue siendo la misma y el tiempo también», comenta. Algo que se ha plasmado en los últimos años en la ausencia de trato con los vecinos y en una atención más deficitaria. Además, cuenta cómo se ven obligados a dejar calles sin hacer, sobre todo cuando tienen que hacerse cargo también de la ruta de algún compañero que está de vacaciones o de baja. La época del año más dura en esta profesión es, sin lugar a dudas, el invierno. Este año las numerosas nevadas han complicado más de la cuenta la situación y muchos días los vecinos de los pueblos de esta zona de la provincia no han podido recibir su correspondencia. Sin embargo, los carteros ya están acostumbrados a hacer frente a todo tipo de condiciones meteorológicas y con neumáticos de invierno y mucha precaución logran que los días sin correo en los pueblos sean los mínimos, explica Puri.

A punto de jubilarse las anécdotas y buenos recuerdos que acumula de su trayectoria profesional, que comenzó en Cuéllar, son muchos. Por ejemplo, cuenta que uno de los principales problemas con los que se topó al llegar a Mozoncillo fue encontrarse con una calle de 28 viviendas, todas con el número 19. Algunos para facilitarle el trabajo ponían una letra en su buzón, pero como la mayoría no tenían distintivo especial tuvo que aprenderse los nombres para no tener que leer todos y cada uno de los buzones a la hora entregar la correspondencia.

El cartero siempre ha sido una figura muy querida y los vecinos de los pueblos tenían una gran confianza en ellos. «Había gente que no sabía leer y me pedía que les leyera las cartas de sus familiares que se encontraban en la guerra, en el extranjero o en la otra punta del país», relata. Esperaban con ansia la llegada del cartero porque era quien traía las esperadas noticias del exterior cuando la carta constituía la única vía para comunicarse.

«En Mozoncillo me encontré una calle de 28 viviendas, todas con el número 19»

«En Mozoncillo me encontré una calle de 28 viviendas, todas con el número 19» Puri Otero, cartera en carbonero y mozoncillo

Pero las cartas de puño y letra ya son casi vestigios del pasado, se puede contar con los dedos de la mano la correspondencia personal y manuscrita que entregan los carteros hoy en día. Las nuevas tecnologías y la expansión de Internet han acabado con este formato de comunicación y con el halo romántico que ha impregnado esta profesión durante décadas. Sin embargo, el de cartero sigue siendo un oficio imprescindible. Así lo reivindican cerca de un centenar de carteros que trabajan en la provincia de Segovia y que insisten en que cumplen una función social que no puede desaparecer. En este sentido, el secretario general de Servicio Postal de Comisiones Obreras en Segovia, Nacho García, defiende que estos profesionales constituyen un «vínculo vertebrador en el medio rural».

«En los pueblos la gente compra cada vez más a través de Internet»

Después de trabajar durante diez años en la unidad de reparto urgente de Correos en Segovia, Óscar Fernández obtuvo una de las dos plazas fijas que salieron a oposición hace un año, en concreto la de la zona que abarca los municipios de Revenga, Navas de Riofrío, La Losa y parte de polígono de Hontoria.

Considera que el trabajo en el medio rural es muy diferente al de la ciudad, en primer lugar, porque las comodidades para los trabajadores son menores, ya que tienen que hacer uso de su propio vehículo y no disponen de ayuda ni de otros mecanismos auxiliares para la carga de paquetes de grandes dimensiones.

En segundo lugar, por la familiaridad existente. «El cliente en los pueblos requiere una mayor cercanía y atención que en las ciudades», comenta. Algo que al principio le ocasionó alguna que otra dificultad para llevar a cabo su trabajo. «Al conocerse todo el mundo es muy frecuente que en las cartas personales o envío de documentación solo ponga el nombre de la persona y el municipio y es tarea del cartero encontrar al destinatario», precisa. Para casos como estos reconoce que es fundamental la ayuda del Ayuntamiento que conoce a sus vecinos y sus lugares de residencia.

Por otra parte, advierte de que no es cierta la creencia de que los habitantes del medio rural reciben un menor volumen de envíos. Aunque admite que el correo ordinario ha disminuido tanto en los pueblos como la ciudad en los últimos años, las notificaciones urgentes, la publicidad, los periódicos y las revistas acaparan un elevado porcentaje de las entregas que hacen lo repartidores en los distintos municipios de la provincia.

Además, el servicio de paquetería se ha multiplicado considerablemente, ya que en los pueblos cada vez hay más gente que compra a través de plataformas de venta 'on line'. A su juicio, esta tendencia se debe a la comodidad que ofrece la compra de todo tipo de productos, a cualquier hora y con una entrega rápida, a través de Internet, mecanismo con el que, además, los clientes evitan los problemas de aparcamiento o el denso tráfico de la ciudad.

Correos es la empresa de capital 100% público que se encarga de la distribución de la mensajería en la provincia. Por eso, teme que si las ayudas siguen disminuyendo y solo se valora la rentabilidad económica los pueblos acaben desamparados y los derechos de sus vecinos esquilmados. «Si no llega Correos no lo hará ninguna otra empresa porque no da beneficios», advierte García, quien, no obstante, insiste en que, igual que la sanidad o la educación, el servicio postal no debe medirse por su rendimiento económico, sino por el servicio que presta a la sociedad.

Existen siete centros de servicio postal rural en Segovia: San Rafael, Cuéllar, Cantalejo, Santa María la Real de Nieva, Hontoria, Carbonero el Mayor y Riaza. Sedes que desde 2009 han visto cómo disminuía su plantilla entre un 35 y un 40%. Hecho que también ha quedado patente en la reducción de horarios de las oficinas . Aunque en número se mantienen desde 2002, la mayoría han acotado su horario de atención al público a la mitad. Esta merma sistemática de personal, unida la deficitaria cobertura de las bajas y vacaciones de los empleados está provocando que algunos profesionales tengan que hacerse cargo durante periodos prolongados, en especial en época estival, del reparto de correspondencia y paquetería en hasta quince pueblos. Una cifra que García considera desorbitada e inviable, y más teniendo en cuenta que con ocho municipios asignados y rutas de hasta cien kilómetros diarios de forma habitual ya trabajan «al límite».

El personal disminuye en verano, ya que suele cubrirse el puesto de dos de cada tres personas que se van de vacaciones, pero el volumen de correo no es inferior en esta época del año. El publicorreo y la paquetería, en especial la procedente de China, copan las entregas de los meses estivales. Hasta el punto de que un lunes, uno de los días con más carga de la semana, los carteros rurales pueden entregar entre 80 y 90 paquetes. Los profesionales reivindican soluciones inmediatas, pero a la vez sienten la responsabilidad de atender a los vecinos. Son conscientes de que no entregar una carta del médico, del INEM, del banco o de Hacienda –las más frecuentes hoy en día– de forma inmediata puede tener consecuencias para los ciudadanos. Esta urgencia lleva a los carteros «a poner en riesgo su seguridad constantemente y a trabajar siempre al límite de la ley», lamenta García. Y más teniendo en cuenta que las carreteras secundarias que unen gran parte de los pueblos de la provincia no cuentan con condiciones completamente seguras de circulación y es necesario desplazarse por ellas varios kilómetros por debajo del límite permitido para evitar accidentes.

Eventualidad del 35%

Una eventualidad del 35% en la provincia es otra de las características que critican los empleados del servicio postal de Segovia. Este porcentaje asciende al 80% en determinadas áreas rurales como es el caso de la zona correspondiente a Carbonero el Mayor, en la que trabajan seis empleados y solo dos son titulares. Además, una de ellas se jubilará los próximos días. Por otra parte, advierte de que en estos momentos hay alrededor de quince vacantes sin cubrir y que la plantilla fija ronda los 55 años de media. En este sentido, pide igualdad de las condiciones laborales al resto de empleados públicos y que «no se sigan impulsando contratos vergonzosos, como los que se hacen para cumplir con la normativa europea de entrega en horario de tarde, que son de ocho horas semanales por menos de 300 euros».

Otra de las reivindicaciones del colectivo es que se equiparen las condiciones labores entre el personal de la empresa es aspectos como el uso de vehículo propio. Los trabajadores del medio rural aseguran que no es justo que los repartidores de la ciudad utilicen vehículos de empresa para el reparto, mientras que los que trabajan en los pueblos tienen que poner a disposición de la empresa su vehículo particular.

El principal problema es, según el representante de los carteros rurales de la provincia, que desde hace más de diez años los trabajadores cobran lo mismo, 23 céntimos por kilómetro. Sin embargo, el precio del combustible ha subido casi al doble y ya no cubre los gastos de gasolina y amortización del vehículo.

Lejos de mejorar la situación, desde el sindicato temen que todavía puedan perderse otros 40 puestos de trabajo en la provincia en los próximos años. «Si los recortes no cesan y la directriz europea reduce los días de reparto de cinco semanales a tres, tal y como se baraja, el número de carteros tendría que reducirse en la misma proporción, es decir un 40%», advierte Nacho García.

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