Preston aboga por arrojar los restos de Franco al mar

Un momento de la charla de Paul Preston (i) con el periodista Giles Tremlett en el aula magna de IE University/Óscar Costa
Un momento de la charla de Paul Preston (i) con el periodista Giles Tremlett en el aula magna de IE University / Óscar Costa

El historiador conversa con Giles Tremlett y opina que el franquismo «ha lavado el cerebro a los españoles»

SAMUEL REGUEIRASegovia

Bajo el lema '¿A dónde va España? Lecciones de Historia', se ha vertebrado en el marco de actividades del Hay Festival un coloquio entre el periodista Giles Tremlett y el historiador Paul Preston, que acudieron a las raíces de los diferentes problemas de España para tratar de explicarlos y dar con la solución más óptima. Desde la situación del Valle de los Caídos al procés de Cataluña, los dos expertos resaltaron las líneas más evidentes, dibujaron otras nuevas y unieron con diferentes puntos ambos discursos a lo largo de una animada charla en el Aula Magna de la IE University de Segovia.

«Para explicar todo conflicto político hay que partir de tres aspectos: la incompetencia, la corrupción y las consecuencias que estos dos tienen sobre el pueblo», indicó Preston. El autor de 'La guerra civil española' recordó las bases históricas que explican el nacionalismo de esta comunidad; «desde el XIX Cataluña ha aportado cierto dinamismo económico, y ha buscado un distanciamiento de los dos representantes del Gobierno central, tanto conservadores como liberales, que se movían más en torno a la oligarquía agraria andaluza y castellana».

La traición de Miguel Primo de Rivera, la declaración unilateral de Macià o la promesa de un estatut que hizo el gobierno de la II república vienen a corroborar las tesis de Preston: «Siempre va a haber un problema cuando no hay flexibilidad en un lado y las pretensiones del otro no son realistas». Este aforisma le sirve para entonces, y funciona, a su vez, para el ahora.

Para Tremlett, la facción independentista ha ganado una batalla de relaciones públicas frente a la inoperancia del Gobierno central, que ha propiciado un discurso favorable a sus pretensiones y vencer en la pugna por el relato: «Hay algo positivo en todo esto», matizó, «y es que ya muchos, sobre todo catalanes, han podido ver qué es realmente el nacionalismo catalán, y están en condiciones de debatir sobre qué es lo que realmente quieren para sí mismos, si un referéndum u otra solución».

Sobre otra de las polémicas actuales, el Valle de los Caídos, Tremlett señaló que la exhumación de Franco será «un alivio a medias», mientras que para Preston resultaría «inimaginables unos monumentos así a Mussolini o a Hitler en Italia y Alemania». Sin embargo, el historiador encuentra difícil una solución satisfactoria para todos: «Con el control de los medios a su alcance, el franquismo lavó el cerebro a los españoles, que tomaron como hombre providencial al responsable de un régimen de terror».

Desdeña así la creencia extendida que sostiene que Franco quiso un monumento para ambos bandos: «Fue un acto de megalomanía, como el faraón que ordena construir una pirámide para sí». Para Preston, la solución pasa por arrojar los restos del dictador al mar, una decisión que evitaría crear un lugar de culto y peregrinaje fascista y que supondría, por añadido, no un desaire sino un homenaje a un militar que siempre quiso ser marino.

Preston también recordó, en el turno de preguntas, la figura del recientemente fallecido Josep Fontana, «un grandísimo historiador y una magnífica persona a quienes los profesionales echaremos mucho de menos».