En España «no hay identidades artísticas estables porque no hay dirección política para tenerlas»

El coreógrafo Sharon Fridman./Antonio Tanarro
El coreógrafo Sharon Fridman. / Antonio Tanarro

El bailarín y coreógrafo, Sharon Fridman, dirige la creación colectiva 'A piedi nudi'

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

El bailarín y coreógrafo israelí Sharon Fridman presenta esta tarde en los Jardines de los Zuloaga 'A piedi nudi', un espectáculo de creación colectiva en la que participarán 50 voluntarios aficionados y profesionales de Segovia y que homenajea a la mujer como constructora de la identidad europea después de la Primera Guerra Mundial. Fridman, de 38 años, entró en el mundo de la danza por necesidad. Su madre padecía la enfermedad de Arnold Chiari, que le impedía tener referencias de lo que son las líneas rectas, y él generaba encuentros con sus caídas. Así empezó la carrera de este precoz artista, ganador del Premio Max 2015 al mejor espectáculo de danza por 'Free fall'.

–¿En qué consiste la creación colectiva que trae a Segovia con motivo de la Noche del Patrimonio?

–Es un proyecto que tiene como objetivo principal la participación de gente con pasión y necesidad de indagar más en su viaje corporal. Igual no tienen oportunidades en su día a día de entrar en estos procesos y trabajar valores que nosotros traemos, como la escucha a un ritmo interior para poder interpretar. Se trata de generar una plataforma para indagar en el instinto, en todo lo que pasó antes de la revolución del lenguaje. Tienen la posibilidad de entrar en un trabajo semiprofesional, con una presentación pública y pasar un proceso creativo con un conjunto de personas que trabajan con ellos intensivamente durante unos días.

–¿Cuál es el mensaje que transmite 'A piedi nudi'?

–Es un homenaje a la mujer de la década de 1910 y las siguientes, que tuvieron que construir Europa de nuevo, a ese movimiento de feminismo que surgió en aquellos años. También participan hombres, pero en un papel en el que prácticamente no existen, solo en la memoria.

–¿Cómo ha sido el trabajo con los voluntarios?

–Son procesos de 'open call' (para todos) y recomiendo a la gente hacerlo porque la respuesta es bastante buena. Mucha gente quiere participar y al final la selección se hace de forma natural. Hay una serie de horarios que hay que cumplir, no somos flexibles en eso, y la gente que puede trabajar en ese horario plenamente es la que participa finalmente en el proyecto. No damos una limitación de número de personas; son 50, pero podrían haber sido 80 o 30. En un principio, había más de 100 mujeres y 40 hombres.

–¿Qué aporta esta experiencia?

–Es una herramienta de conexión con uno mismo, algo que cada uno va a utilizar en cualquier acción de su vida. Y van a tener esa experiencia de trabajar con un objetivo, trabajar con sus cuerpos, ganando consciencia corporal y conviviendo con 50 personas alrededor. Hay gente mayor y muy joven conviviendo que quedan conectados. Ese es el valor real del proyecto.

–Usted transmite emociones a partir del movimiento.

–Mi acceso a la danza viene desde la necesidad de escuchar a la otra persona y de la historia de mi madre. Así vivimos, necesitamos un tipo de contacto para tener una referencia. Yo empecé a desarrollar una técnica que hoy ya la estudian en conservatorios y universidades de danza. Es un método centrado en la escucha y la creación de centros comunes. Parte de algo tan sencillo como que cuando caigo encima de ti, tú no caes conmigo. Te daré un territorio que puedes usar para apoyarte y volver a tu centro. Se trata de crear territorios, no tener miedo, porque la caída es una oportunidad para levantarse desde ella.

–¿Qué le transmite Segovia?

–El encuentro entre 'A piedi nudi' y Segovia tiene mucho que ver, es un tipo de poesía en movimiento. El paisaje de Segovia y nuestra composición suman mucho mutuamente. Esa amplitud, colores, montañas, los cielos grandes, los valles... La coreografía está muy inspirada en la naturaleza porque en ella el hombre crea un tipo de camino, de territorio, que la mujer tiene que atravesar. Y es una tarea bastante difícil, pisar en ese dolor para buscar un nuevo horizonte. Y aquí tienes ese horizonte, ese cielo. El paisaje es increíble.

–Ha criticado en más de una ocasión la ausencia de política cultural en España. ¿Cómo ve el panorama actual?

–Aquí no hay identidades artísticas estables porque no hay ninguna dirección política para tenerlas. No hay ayudas a coreógrafos que tienen un trabajo más continuo, con bailarines y gestores. No tienen la capacidad de generar estructura y nadie les ayuda. Hay un vacío legal porque podemos llegar hasta un punto, y desde ahí nos mantenemos o caemos, pero no tenemos cómo cruzar ese río. Nos falta ese apoyo institucional, ese entendimiento. ¿Por qué los bailarines no tienen trabajo estable? ¿por qué los bailarines españoles se van fuera y hacen su trabajo en otras compañías?

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